martes, 21 de febrero de 2012

Capítulo 11.


- No me las tienes que dar… Todo lo contrario, yo tendría que pedirte perdón a ti. No te protegí cuando te mordió. Pero es que, joder… -Me interrumpe.
- ¡Ssh! No me tienes que dar ninguna explicación. No te dio tiempo. A nadie le hubiese dado tiempo. Así que no es tu culpa. –Afirma.
Suspiro, impotente. Seguimos en la misma posición y nos susurramos todo al oído.
- Ya, joder. Pero tendría que haberte protegido igual. Es mi culpa… -Me vuelve a interrumpir.
- ¡Qué no lo es! –Levanta la cara y junta nuestras narices. – No lo es. –Ronronea. - ¿Vale? –Sonríe.

Miles de sensaciones. Una presión en mi estómago. Muchísimas mariposas intentando escapar. Escalofríos para arriba, para abajo. Un nudo en mi garganta. Respiro hondo para tranquilizarme, pero me parece algo imposible. Estoy seguro de que si estuviese de pie, mis piernas me fallarían. Inspiro.
- Emm… No sé, no sé… -Digo con una mueca en la cara.
Eleva una ceja, divertida.
- Vale. –Digo alargando la ‘a’. – Pero no voy a permitir que te vuelva a pasar, ¿está claro?
- Venga, vale. –Suelta una pequeña carcajada muy cerca de mis labios.

Cien por minuto, doscientos, trescientos. A toda hostia. Mi corazón parece que se me va a salir del pecho de un momento a otro. Y sin ni si quiera pedirme permiso. No sé ni como no me ha dado un infarto ya…

- Tengo una idea de que podemos hacer. –Me dice mientras que se incorpora, y al compás mi corazón vuelve a su ritmo normal.
- Dime. –Sonrío expectante, esperando una respuesta.
- Puede que te parezca una tontería… Pero bueno, pensé que ya que tampoco nos conocemos muchísimo y tal, podríamos enumerar nuestros sueños… -Musita, curvando los labios.
- Me encanta. –Sonrío. Dándole a ver que me parece genial.
- ¿En serio? –Abre los ojos.
- Claro. –Acaricio su mejilla. - ¿Cogemos un papel y un lápiz y los apuntamos?
- Genial. –Susurra. Posa su mano encima de la mía que la está acariciando y la soba con delicadeza.

Me levanto y cojo lo necesario. Vuelvo a su lado y ladeo la cabeza.
- Bueno… ¿Por dónde empezamos? –Cuestiono.
- Pon arriba del todo ‘Sueños’. –Me explica, con mirada ilusionada.
Sonrío y lo escribo. Parecemos dos niños pequeños jugando. Y eso, me encanta.
- ¡Está! –Musito. - ¿Qué más?
- ¿Cuál es tu número favorito? –Pregunta, así, de repente.
- ¿Qué? –Digo curioso, pero a la vez extrañado.
- Que me digas cual es tu número favorito. A poder ser, no muy alto. –Suelta una carcajada al final de la frase.
- El catorce, ¿por? –Ladeo la cabeza.
- Porque el mío es el mismo. –Ríe suave. – Entonces, enumera hasta el catorce. Esos serán nuestros sueños. –Esboza una sonrisa.
Me sorprendo levemente porque nuestro número favorito sea el mismo. Pero lo pongo, y la observo expectante. Esperando más ordenes.
- Ahora… Cuéntame, ¿cuál es tu mayor sueño?

¿Mi mayor sueño?... Ella. Pero no. No se lo puedo decir. No voy a decir, “Tú, tú eres mi mayor sueño, deseo. Eres lo que más quiero en estos momentos, y según parece, para el resto de mi vida. Me dedicaré en cuerpo y alma para que estemos juntos y te juro, que ese sueño, lo intentaré cumplir por todos los medios.” No. No le puedo soltar eso, así, de repente.

- Conseguir ser alguien en la vida. Estudiar en una universidad y vivir toda mi vida con la persona a la que amo. –Afirmo.

|Narra ______|

¿Alguna vez habéis sentido que un millón de kilos encima vuestro? Porque eso es lo que me acaba de pasar a mí. Siento que el cielo se ha caído sobre mí. ¿Eso es posible?
Acaba de afirmar que está enamorado. Lo acaba de afirmar. “…vivir toda mi vida con la persona a la que amo.” A dicho “con la persona a la que amo.” No “con la persona a la que ame.” Una letra, puede cambiar una frase entera. Y eso es lo que ahora a pasado. A dicho que está enamorado. Y eso no se dice así porque sí. O por lo menos, yo no lo diría sin más. Sin haberlo meditado antes. Por lo menos, unos días.

- Ah… -Consigo decir. – Lo mismo digo. Apúntalo. –Esbozo una falsa sonrisa.
Asiente sacudiendo su perfecto cabello y lo apunta.
- Hecho. –Me regala una hermosa sonrisa. – Haber, cuéntame. ¿Cuál sería tu segundo deseo?
- Descubrir una estrella y ponerle mi nombre. –Musito, levantando los hombros con una sonrisa.
Ladea hacia un lado la cabeza.
- ¿Y eso? –Frunce ligeramente el ceño.
- No sé. –Le muestro una mueca. – Siempre fue algo que quise. Desde pequeña. Es algo raro, lo sé. Pero… Bueno… -Suelta una carcajada leve.
- Pues a mi me gusta. Así que lo apunto. –Sonrío y el lo apunta.
- Te toca. –Señalo.
Asiente y mira hacia arriba. Haciéndose el que piensa.
- Emm… Conseguir sobrevivir en una isla desierta y salir perfecto de ella. –Elevo una ceja.
Pasan dos segundos. Tal vez tres. Ninguno más y ambos estallamos en un millón de carcajadas.
- Me parece bien. –Asiento. – Y espero que lo cumplamos…
- Lo haremos. –Afirma. Me guiña un ojos y no puedo evitar reír por lo bajo.
- Venga, apúntalo. –Le doy un pequeño toque en el hombro.
Lo escribe.
- Oye, sin agredir, eh. –Me mira mal, de broma, claro.
- ¿Yo? ¿Hacerte daño? ¿Con lo buena que soy? –Digo, con ironía.
Eleva una ceja.
- ¿Tú? Ja. –Dice, con todo su gran ego. – Aquí el único bueno soy yo. –Afirma, aparentemente totalmente convencido.
Abro mucho los ojos. Intento aguantar la risa. Lo juro. Lo intento con todas mis fuerzas. Pero es que eso ha sido superior a mí. Y entonces, comienzo a reír muy fuerte. Diría yo que demasiado.
- ¡Eh! ¿De qué te ríes? –Masculla apretando sus labios para no reír.
- Por Dios… –Digo por pausas. – Cuando tú seas bueno, las ranas criarán pelos. –Pausa. - ¡Mira! Hasta rima.
Me mira y, de repente, su mirada se torna triste. Parece que de verdad. Se muerda el labio inferior, impotente. Agacha la cabeza y no media palabra alguna.
Me siento mal. Puede que me haya pasado. A veces, sin ni si quiera darnos cuenta, hacemos daño a una persona solo con palabras. Es posible que por el momento. Sí le acaba de pasar algo en relación a eso y que por eso le afecte. O, simplemente, porque no todos somos iguales. No todos reaccionamos de una forma idéntica. Y eso, normalmente, nos confunde.
Me acerco suavemente a él y le agarro por los hombros. Le zarandeo un poco, pero no responde. Lo hago un poco más fuerte, pero se queda inmóvil.
- Chris. –Le llamo.
Me empiezo a preocupar. ¿Me habré pasado en serio?
Poso mis manos en sus mejillas y le levanto la cara, para encontrarme con su mirada. Él la intenta esquivar, moviendo los ojos de un lado a otro. Entonces, me decanto por un buena opción. Llevo mis brazos rodeando su cuello, y nos tiro hacia atrás. Yo encima suya. Abrazándole lo más fuerte posible.
- Oye, Chris, venga, respóndeme. –Digo, en un tono triste. Pero nada, no obtengo respuesta alguna. – Jope, Chris. –Exclamo, alargando la ‘i’.
Decido levantar mi cabeza y colocarla justo contra la de él. Frente con frente. Nariz con nariz. Y claro, como era de suponer, no puede evitar mirarme a los ojos. Me pierdo en su iris. Es marrón con tonos verdes. Y con la luz, se pueden ver algunos destellos azules. Preciosos. Hermosos. Perfectos.
Y… Comienza a reír. Muy fuerte. Cuando consigue calmarse, respira profundo y me vuelve a mirar. Yo sigo confundida.
- Era broma, no estoy enfadado. –Me va abrazar, pero me separo.
- O sea que, ¿me has hecho pasar este mal rato solo para gastarme una broma? –Dije, casi incrédula.
- Pues… Sí. –Soltó una pequeña risita que quedó totalmente anulada cuando le miré mal.
Me separé de él. Y como no me puedo mover mucho, me pongo a un lado de la cabaña sin mirarle a los ojos.
- Ay, pero no te enfades. –Dice, y me abraza rodeándome por detrás.
- ¡Chs! –Aparto sus brazos. – Quita. –Digo, con el mismo tono de voz que utiliza una niña pequeña cuando le quitan su chupachups.
- ¿Qué? No, no. –Vuelve a hacerlo.
Intento alejar sus brazos de mí, pero claro. Él es mucho más fuerte y me es casi imposible hacerlo. Forcejeo un rato. Pero al final, me doy por vencida. No lo voy a conseguir así.
- ¿Sabes qué te digo? –Le espeto, haciendo como si de verdad estuviese enfadada.
- Dime. –Susurra contra mi oído, con una voz de terciopelo que enternecería a cualquiera.
- Que la que está ahora molesta, soy yo. Y contigo. Así que respétame y déjame en paz. –Casi le escupo a la cara.
Abre muchísimo los ojos y me mira extrañado, sin entender la situación.
- ¡Pero que solo fue una broma! –Exclama, aferrándome más contra él.
- Ya, pero yo me preocupé. Y no es justo. –Afirmo.
- Jo… Venga… –Me da la vuelta obligada. Me hace pucheritos.
- Pero es qu…
- Anda. –Susurra, muy cerca de mi cara. Le voy a contestar, pero me interrumpe. –Anda. –Vuelvo a abrir la boca. – Anda.
Voy a decir algo, pero como veo que me va a interrumpir de nuevo, le tapo la boca.
- No, no. Ahora me dejas hablar. –Le miro mal.
Mientras que le silencio, el asiente.
- Que vale, que ya no estoy enfadada.
Él sonríe y me tira hacia atrás, abrazándome.
- Ay, ay, ay. Como quiero a mi peque. –Me da besitos en la mejilla.

Y puedo que parezcamos hermanos. Pero, si fuera así, significaría que estoy enamorada de mi hermano. Por suerte, de momento, es solo un amigo. Un amigo, al que amo.

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Hooooooooooooola de nuevo.
Pues eso, que aquí tenéis el capítulo {11} hahaha. :)
Me he dado cuenta de que puede que lo de perder lectoras es porque no subo muy amenudo. Así que, como veréis, estoy intentando subir más de seguido. Pero también entenderme, porque tengo que estudiar y muchas cosas más...
Otra cosa más, os quiero dar las gracias a tooooooooooodas. Pero sobre todo a Sandra Muñiz. Que me ha apoyado todo el rato y, encima, me ha recomendado la de Dios. Muchas gracias, en serio:')
Uniros poorfi: http://www.tuenti.com/#m=Page&func=index&page_key=1_2319_74304734
Ala, no os entretengo más que lo sé, soy muy plasta.
Un bessssssssssssssssssazo, os aaaaamo♥

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