miércoles, 22 de febrero de 2012

Siete días, Kidrauhl, únicamente siete días.

Solo siete días...
De solo pensarlo me emociono. En solo siete días mi ídolo, la persona a la que llevo más de dos años amando y apoyando, cumplirá dieciocho años. Aquí, en Europa, la mayoría de edad.
Pero es que aún recuerdo cuando solo era Kidrauhl. Esos vídeos en los que se ve a un pequeño niño cantando canciones como ‘So sick’ de Ne-Yo.
Él, un chico, para nada muy rico, lo contrario, de una pequeña ciudad de Canadá, Stratford. Él, la persona que desde que tuvo uso de razón decidió perserguir sus sueños. Él, el que consiguió pasar de tocar delante de un teatro de su ciudad a actuar de cabeza de cartel en el Madison Square Garden, el sitio más importante para cualquier artista y hacer un Tour mundial. My World Tour. Él, el chico que nos ha enseñado a no rendirnos nunca. Aunque la oposición sea enorme. “Nadie dijo nunca que sería fácil, solo se dijo que merecería la pena.” Él, el que me enseñó que lo sueños se pueden cumplir. Y que con solo con un poco de esperanza y ganas, puedes conseguir lo que te propongas.
Sí, él. Él, dentro de siete días cumplirá un año más.
Dentro de siete días, justo a las 12:56, se harán dieciocho años de que la persona a la que más amo nació en London, Ontario, Canadá.

Gracias por todo, Kidrauhl♥

martes, 21 de febrero de 2012

Capítulo 11.


- No me las tienes que dar… Todo lo contrario, yo tendría que pedirte perdón a ti. No te protegí cuando te mordió. Pero es que, joder… -Me interrumpe.
- ¡Ssh! No me tienes que dar ninguna explicación. No te dio tiempo. A nadie le hubiese dado tiempo. Así que no es tu culpa. –Afirma.
Suspiro, impotente. Seguimos en la misma posición y nos susurramos todo al oído.
- Ya, joder. Pero tendría que haberte protegido igual. Es mi culpa… -Me vuelve a interrumpir.
- ¡Qué no lo es! –Levanta la cara y junta nuestras narices. – No lo es. –Ronronea. - ¿Vale? –Sonríe.

Miles de sensaciones. Una presión en mi estómago. Muchísimas mariposas intentando escapar. Escalofríos para arriba, para abajo. Un nudo en mi garganta. Respiro hondo para tranquilizarme, pero me parece algo imposible. Estoy seguro de que si estuviese de pie, mis piernas me fallarían. Inspiro.
- Emm… No sé, no sé… -Digo con una mueca en la cara.
Eleva una ceja, divertida.
- Vale. –Digo alargando la ‘a’. – Pero no voy a permitir que te vuelva a pasar, ¿está claro?
- Venga, vale. –Suelta una pequeña carcajada muy cerca de mis labios.

Cien por minuto, doscientos, trescientos. A toda hostia. Mi corazón parece que se me va a salir del pecho de un momento a otro. Y sin ni si quiera pedirme permiso. No sé ni como no me ha dado un infarto ya…

- Tengo una idea de que podemos hacer. –Me dice mientras que se incorpora, y al compás mi corazón vuelve a su ritmo normal.
- Dime. –Sonrío expectante, esperando una respuesta.
- Puede que te parezca una tontería… Pero bueno, pensé que ya que tampoco nos conocemos muchísimo y tal, podríamos enumerar nuestros sueños… -Musita, curvando los labios.
- Me encanta. –Sonrío. Dándole a ver que me parece genial.
- ¿En serio? –Abre los ojos.
- Claro. –Acaricio su mejilla. - ¿Cogemos un papel y un lápiz y los apuntamos?
- Genial. –Susurra. Posa su mano encima de la mía que la está acariciando y la soba con delicadeza.

Me levanto y cojo lo necesario. Vuelvo a su lado y ladeo la cabeza.
- Bueno… ¿Por dónde empezamos? –Cuestiono.
- Pon arriba del todo ‘Sueños’. –Me explica, con mirada ilusionada.
Sonrío y lo escribo. Parecemos dos niños pequeños jugando. Y eso, me encanta.
- ¡Está! –Musito. - ¿Qué más?
- ¿Cuál es tu número favorito? –Pregunta, así, de repente.
- ¿Qué? –Digo curioso, pero a la vez extrañado.
- Que me digas cual es tu número favorito. A poder ser, no muy alto. –Suelta una carcajada al final de la frase.
- El catorce, ¿por? –Ladeo la cabeza.
- Porque el mío es el mismo. –Ríe suave. – Entonces, enumera hasta el catorce. Esos serán nuestros sueños. –Esboza una sonrisa.
Me sorprendo levemente porque nuestro número favorito sea el mismo. Pero lo pongo, y la observo expectante. Esperando más ordenes.
- Ahora… Cuéntame, ¿cuál es tu mayor sueño?

¿Mi mayor sueño?... Ella. Pero no. No se lo puedo decir. No voy a decir, “Tú, tú eres mi mayor sueño, deseo. Eres lo que más quiero en estos momentos, y según parece, para el resto de mi vida. Me dedicaré en cuerpo y alma para que estemos juntos y te juro, que ese sueño, lo intentaré cumplir por todos los medios.” No. No le puedo soltar eso, así, de repente.

- Conseguir ser alguien en la vida. Estudiar en una universidad y vivir toda mi vida con la persona a la que amo. –Afirmo.

|Narra ______|

¿Alguna vez habéis sentido que un millón de kilos encima vuestro? Porque eso es lo que me acaba de pasar a mí. Siento que el cielo se ha caído sobre mí. ¿Eso es posible?
Acaba de afirmar que está enamorado. Lo acaba de afirmar. “…vivir toda mi vida con la persona a la que amo.” A dicho “con la persona a la que amo.” No “con la persona a la que ame.” Una letra, puede cambiar una frase entera. Y eso es lo que ahora a pasado. A dicho que está enamorado. Y eso no se dice así porque sí. O por lo menos, yo no lo diría sin más. Sin haberlo meditado antes. Por lo menos, unos días.

- Ah… -Consigo decir. – Lo mismo digo. Apúntalo. –Esbozo una falsa sonrisa.
Asiente sacudiendo su perfecto cabello y lo apunta.
- Hecho. –Me regala una hermosa sonrisa. – Haber, cuéntame. ¿Cuál sería tu segundo deseo?
- Descubrir una estrella y ponerle mi nombre. –Musito, levantando los hombros con una sonrisa.
Ladea hacia un lado la cabeza.
- ¿Y eso? –Frunce ligeramente el ceño.
- No sé. –Le muestro una mueca. – Siempre fue algo que quise. Desde pequeña. Es algo raro, lo sé. Pero… Bueno… -Suelta una carcajada leve.
- Pues a mi me gusta. Así que lo apunto. –Sonrío y el lo apunta.
- Te toca. –Señalo.
Asiente y mira hacia arriba. Haciéndose el que piensa.
- Emm… Conseguir sobrevivir en una isla desierta y salir perfecto de ella. –Elevo una ceja.
Pasan dos segundos. Tal vez tres. Ninguno más y ambos estallamos en un millón de carcajadas.
- Me parece bien. –Asiento. – Y espero que lo cumplamos…
- Lo haremos. –Afirma. Me guiña un ojos y no puedo evitar reír por lo bajo.
- Venga, apúntalo. –Le doy un pequeño toque en el hombro.
Lo escribe.
- Oye, sin agredir, eh. –Me mira mal, de broma, claro.
- ¿Yo? ¿Hacerte daño? ¿Con lo buena que soy? –Digo, con ironía.
Eleva una ceja.
- ¿Tú? Ja. –Dice, con todo su gran ego. – Aquí el único bueno soy yo. –Afirma, aparentemente totalmente convencido.
Abro mucho los ojos. Intento aguantar la risa. Lo juro. Lo intento con todas mis fuerzas. Pero es que eso ha sido superior a mí. Y entonces, comienzo a reír muy fuerte. Diría yo que demasiado.
- ¡Eh! ¿De qué te ríes? –Masculla apretando sus labios para no reír.
- Por Dios… –Digo por pausas. – Cuando tú seas bueno, las ranas criarán pelos. –Pausa. - ¡Mira! Hasta rima.
Me mira y, de repente, su mirada se torna triste. Parece que de verdad. Se muerda el labio inferior, impotente. Agacha la cabeza y no media palabra alguna.
Me siento mal. Puede que me haya pasado. A veces, sin ni si quiera darnos cuenta, hacemos daño a una persona solo con palabras. Es posible que por el momento. Sí le acaba de pasar algo en relación a eso y que por eso le afecte. O, simplemente, porque no todos somos iguales. No todos reaccionamos de una forma idéntica. Y eso, normalmente, nos confunde.
Me acerco suavemente a él y le agarro por los hombros. Le zarandeo un poco, pero no responde. Lo hago un poco más fuerte, pero se queda inmóvil.
- Chris. –Le llamo.
Me empiezo a preocupar. ¿Me habré pasado en serio?
Poso mis manos en sus mejillas y le levanto la cara, para encontrarme con su mirada. Él la intenta esquivar, moviendo los ojos de un lado a otro. Entonces, me decanto por un buena opción. Llevo mis brazos rodeando su cuello, y nos tiro hacia atrás. Yo encima suya. Abrazándole lo más fuerte posible.
- Oye, Chris, venga, respóndeme. –Digo, en un tono triste. Pero nada, no obtengo respuesta alguna. – Jope, Chris. –Exclamo, alargando la ‘i’.
Decido levantar mi cabeza y colocarla justo contra la de él. Frente con frente. Nariz con nariz. Y claro, como era de suponer, no puede evitar mirarme a los ojos. Me pierdo en su iris. Es marrón con tonos verdes. Y con la luz, se pueden ver algunos destellos azules. Preciosos. Hermosos. Perfectos.
Y… Comienza a reír. Muy fuerte. Cuando consigue calmarse, respira profundo y me vuelve a mirar. Yo sigo confundida.
- Era broma, no estoy enfadado. –Me va abrazar, pero me separo.
- O sea que, ¿me has hecho pasar este mal rato solo para gastarme una broma? –Dije, casi incrédula.
- Pues… Sí. –Soltó una pequeña risita que quedó totalmente anulada cuando le miré mal.
Me separé de él. Y como no me puedo mover mucho, me pongo a un lado de la cabaña sin mirarle a los ojos.
- Ay, pero no te enfades. –Dice, y me abraza rodeándome por detrás.
- ¡Chs! –Aparto sus brazos. – Quita. –Digo, con el mismo tono de voz que utiliza una niña pequeña cuando le quitan su chupachups.
- ¿Qué? No, no. –Vuelve a hacerlo.
Intento alejar sus brazos de mí, pero claro. Él es mucho más fuerte y me es casi imposible hacerlo. Forcejeo un rato. Pero al final, me doy por vencida. No lo voy a conseguir así.
- ¿Sabes qué te digo? –Le espeto, haciendo como si de verdad estuviese enfadada.
- Dime. –Susurra contra mi oído, con una voz de terciopelo que enternecería a cualquiera.
- Que la que está ahora molesta, soy yo. Y contigo. Así que respétame y déjame en paz. –Casi le escupo a la cara.
Abre muchísimo los ojos y me mira extrañado, sin entender la situación.
- ¡Pero que solo fue una broma! –Exclama, aferrándome más contra él.
- Ya, pero yo me preocupé. Y no es justo. –Afirmo.
- Jo… Venga… –Me da la vuelta obligada. Me hace pucheritos.
- Pero es qu…
- Anda. –Susurra, muy cerca de mi cara. Le voy a contestar, pero me interrumpe. –Anda. –Vuelvo a abrir la boca. – Anda.
Voy a decir algo, pero como veo que me va a interrumpir de nuevo, le tapo la boca.
- No, no. Ahora me dejas hablar. –Le miro mal.
Mientras que le silencio, el asiente.
- Que vale, que ya no estoy enfadada.
Él sonríe y me tira hacia atrás, abrazándome.
- Ay, ay, ay. Como quiero a mi peque. –Me da besitos en la mejilla.

Y puedo que parezcamos hermanos. Pero, si fuera así, significaría que estoy enamorada de mi hermano. Por suerte, de momento, es solo un amigo. Un amigo, al que amo.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Hooooooooooooola de nuevo.
Pues eso, que aquí tenéis el capítulo {11} hahaha. :)
Me he dado cuenta de que puede que lo de perder lectoras es porque no subo muy amenudo. Así que, como veréis, estoy intentando subir más de seguido. Pero también entenderme, porque tengo que estudiar y muchas cosas más...
Otra cosa más, os quiero dar las gracias a tooooooooooodas. Pero sobre todo a Sandra Muñiz. Que me ha apoyado todo el rato y, encima, me ha recomendado la de Dios. Muchas gracias, en serio:')
Uniros poorfi: http://www.tuenti.com/#m=Page&func=index&page_key=1_2319_74304734
Ala, no os entretengo más que lo sé, soy muy plasta.
Un bessssssssssssssssssazo, os aaaaamo♥

domingo, 19 de febrero de 2012

Capítulo 10.


· Isla Desierta. – 4am. Narra ______.

Una pesadilla me despierta del sueño. Me incorporo rápidamente sudando por todas partes, hasta por los ojos. Con los puños cerrados quito algunas lágrimas que se quedaron marcadas a mis mejillas.
Mis sentidos se ponen en marcha y me percato de que está cayendo la grande. Truenos, rayos, viento y mucha lluvia. Entonces, recuerdo el tema de mi pesadilla y no puedo evitar ponerme a llorar. Oigo un gruñido a mi derecha. No le doy importancia y sigo con la cabeza en mis rodillas. Unos fuertes brazos me rodean por detrás con ternura y cariño. No me inmuto y continúo igual.
- Ssh… ______, ¿qué pasa? –Me pregunta con esa voz tan suya que reconocería a kilómetros de distancia.
Intento hablar, pero sé que las palabras se me van a trabar y voy a comenzar a tartamudear, así que decido no decir ninguna frase y abrazarle lentamente.
Él parece preocupado, pero entiende como me siento y simplemente me abraza. Y no sabe que lo que más necesito ahora mismo. Me aferra fuerte hacia sí, y prácticamente, me sube encima suya. ¿Por qué, eh? ¿Por qué? Llevo años intentando aparcar este tema a un lado. Prácticamente me había olvidado. Y digo prácticamente porque eso es algo que no se puede olvidar. Por mucho que digan, el paso del tiempo tampoco lo cura. Es algo con lo que voy a tener que vivir toda mi vida. Y lo sé, pero que una maldita pesadilla me lo recuerde no mejora las cosas.
- ______, ¿estás bien? –Dice, acariciando mi pelo.
Yo simplemente asiento. Me separo un poco e intento esbozar una sonrisa.
- Sí. –Digo, con la voz tomada.
Aún me replanteo que me lea el pensamiento. Sin más, sonríe. Ha notado que no quiero hablar de esto, y eso me quita un gran peso de encima.
- ¿Quieres dormir? –Cuestiona, acariciándome el pelo suavemente.
Niego con la cabeza.
- La verdad que no. Pero de todos modos… Es muy tarde. Tendrás sueño. –Afirmo.
Me encantaría pasar toda la noche hablando con él. Abrazados. No sé el por qué. Se supone que solo somos amigos. Pero más bien, necesito hacerlo. Aunque tampoco le voy a obligar…
- No, no lo tengo. Y no te voy a dejar sola, sin dormir. Así que ven.
Nos tumba a ambos en el suelo y nos quedamos mirándonos a la cara.
- Venga, ya que no vamos a dormir, cuéntame algo sobre ti. Que no sé casi nada. –Musita, muy cerca de mí. Mientras sonríe de esa manera solamente suya.
- Como… ¿qué?
- Mm… No sé, ¿cuál es tu película favorita?
- Un paseo para recordar. –Le digo. - ¿La has visto?
- ¿Un paseo para recordar? Mm… No, nunca la he visto.
- ¿En serio? –Abro mucho los ojos.
- Pues sí. –Suelta una carcajada.
- Aaaala…
Lleva una de sus manos hacia mi espalda y la empieza a acariciar tranquilamente.
- Ya que no la podemos ver… ¿Me la cuentas? –Cuestiona, con una sonrisa en la cara.
Sonrío involuntariamente.
- Claro. Mira, la película trata de un chico llamado Landon. Él es como el ‘popular’ y macarra del instituto. Un día, casi es arrestado. Pero se salva de la cárcel cumpliendo los castigos que el director de su instituto le impone. Por el contrario, Jamie, es una religiosa y responsable chica. También conocida como ‘la menos popular’ o ‘la rara’. En definitiva; polos opuestos. Ambos acaban teniendo que hacer las mismas actividades. Ella por gusto y él por obligación. Pero la más importante es la representación de teatro. A él no se le da nada bien, y la acaba convenciendo a ella para que le ayude. Tienen unas cuantas peleas por el hecho de que él no quiere hablar con Jamie en público por que su estatus social se vea perjudicado. Pero al final, en la obra de teatro, él la besa. Cosa que no estaba en el guión. Belinda, la ex-novia de Landon, edita fotos y las cuelga por todo el instituto. Fotos que se meten con la protagonista. Él, se disculpa con ella y la defiende. Al cabo del tiempo acaban siendo como ‘amigos con derecho a roce’ ya que él intenta que ella cumpla su lista de deseos. Y, luego, acaban saliendo juntos. Todo va genial. Él mejora sus notas y ella recuperó la sonrisa. Pero un día, Jamie le revela la verdad a Landon… -Hago una pausa para que Chris se quede con el suspense.
- ¿Qué verdad? –Me pregunta, todavía haciéndome caricias.
- Ella tiene cáncer. –Una lágrima amenaza con salir de mi ojo. Lo consigue. – Pero él, él pasa con ella todo los días que le quedan. Juntos. Y, al final, Landon cumple el último deseo de Jamie: Casarse en la misma iglesia en la que se casaron sus padres.
- Pero… ¿ella murió? –Ladea algo la cabeza.
Asiento.
- Sí, murió. 
Él sonríe, aparentemente conmovido.
- Me parece una película preciosa.
- Me parece extraño que a un chico tan… Tan como tú, no le desagraden este tipo de películas. –Le digo, sincera.
- Ala, ¿en serio te crees que no tengo mis sentimientos? –Se hace el ofendido.
- No he dicho eso. Digo que… No sé, los tíos soléis repeler las pelis de amor…
- Ya, bueno. Pero cuando sabes lo que se siente cuando se está enamorado, maduras en ese sentido. –Eleva los hombros.
El mundo se me cae encima. ¿Está enamorado? Vale, sí. Ahora definitivamente adiós a cualquier posibilidad de acabar juntos.
- ¿Y qué es que estás enamorado? –Le consigo preguntar.
Me mira. Me mira de una manera muy extraña, no puedo descifrar lo que dice. Pero sí que puedo decir que sus ojos son tan profundos, que te pierdes en ellos con facilidad.
- Sí, bueno, se podría decir que sí. –Afirma.
Una sensación de tristeza me invade de repente.
- Ah, bueno. –Sonrío.

¿Alguna vez habéis sentido una cosa y expresado otra? Eso exactamente, lo llevo haciendo yo demasiadas veces desde que estoy aquí. Ahora mismo tengo un agujero negro dentro. Siento que me estoy consumiendo por dentro. ¿Y qué? Me aguanto. No hago que los que me rodean lo vean. Lo oculto, para mí misma. Sé que eso es malo. Acabas explotando y, lo mejor, en el peor momento. Pero lo tengo más que claro, no pienso dejar que él sepa mis sentimientos. Por lo menos de momento.

· 10am. Narra Christian.

Refriego mis ojos intentando despejarme. Estiro todos los músculos de mi cuerpo y empiezo a recuperar el conocimiento. Puedo observar que ______ sigue durmiendo, a mi lado. Decido no despertarla. Debe de estar agotada. Con todo lo que pasamos ayer y hoy a la madrugada, me parece más que normal. Me levanto y salgo para preparar el desayuno. Preparo algo con la comida que nos trajimos de reserva y me siento en el suelo.

Una preocupación me invade… ¿Por qué le pasó eso a ______ por la noche? Me preocupé demasiado, puede. Ya que jamás había sentido tantas ganas de llorar antes. Sentía que algo me comprimía el pecho al verla llorar, al sentirla mal. Extraño, ¿cierto? No parezco yo. He evolucionado como un Pokemon. O madurado, la expresión que prefieran. Creo que si mi yo del pasado me mirara ahora mismo, no se lo creería en un millón de años. Será cierto eso de que estar enamorado cambia a las personas…

- ¡Chris! –Grita mi preciada compañera desde dentro de la cabaña.
Voy a paso rápido hacia ahí y me encuentro con ______ tumbada boca abajo. Espatarrada.
- ¿Qué pasa? –Pregunto aguantándome la risa.
- Me duele todo. –Dice en un tono triste.
Hago una mueca preocupada.
- Haber, date la vuelta. 
- Ahí está la cosa, ¡qué no puedo! ¿No te dije que me duele todo? –Musita.
- Espera…–Murmuro acercándome a ella.
Paso mis brazos por debajo de su cuerpo y con sumo cuidado le doy la vuelta, intentando no hacerle nada de daño.
Una vez boca arriba me mira. Tiene los ojos cansados.
- Gracias.
Se presiona los ojos para poder ver mejor y se apoya en el antebrazo, para incorporarse.
- Hoy mejor no nos movemos de aquí, ¿no? –Cuestiono.
Ella asiente.
- Quédate aquí sentada. Te traigo yo ahora el desayuno, ¿vale?
- Vale.
Me dedica una amable sonrisa y salgo de la tienda. Cojo la comida y se la llevo. Desayunamos juntos.
- Oye… ¿Y qué vamos a hacer aquí todo el día? –Me pregunta, cuando acabamos.
- A ti te conviene descansar, así que nada fuera de la tienda. –Digo con una mueca en la cara.
- Vale… Y por cierto, muchas gracias por todo, Chris. No sé que haría sin ti.
Se acerca a mí y me abraza, haciendo que nos caigamos los dos hacia atrás. Yo debajo y ella encima.

Estos son los momentos en los que me doy cuenta de muchos de los significados de mis sentimientos. Instantes especiales que paso junto a ella. Y que, poquito a poco, va haciendo que mis sensaciones a su lado sean aún más fuerte, intensos. Deseando que no acaben nunca y quedarme así, con ella, para siempre.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Hooooooooooooooooooola.
SIENTO HABER TARDADO TANTO. Pero es porque:
1. Estamos en medio del curso, y claro, hay que estudiar.
2. Casi no tengo comentarios. Entiendo que no os guste, pero entonces mejor decírmelo, y la dejo...
Bueno, espero que os gustara...
Uniros: http://www.tuenti.com/#m=Page&func=index&page_key=1_2319_74304734
Os amo

martes, 7 de febrero de 2012

Capítulo 9.


*Narra _______*

Poco a poco me voy despertando al notar que ya es de día. Abro los ojos y ahí está. A unos reducidos centímetros de mi cara y respirando tranquilamente mientras duerme.
Últimamente esos sentimientos que ya me parecían muy profundos al principio, ahora me lo parecen aún más.
Decido salir a fuera y desayunar tranquilamente entre que Beabs se despertaba o no. Todo está espectacularmente relajado. Hace un bonito día y está totalmente despejado. El sol pega muy fuerte, así que me refugio bajo un árbol y, tras desayunar, decido coger un lápiz, unos colores y una hoja y ponerme a dibujar.
Las cejas algo oscuras, pero más finas… Los ojos marrones claro tirando a verdes… La piel más blanca que morena, pero no excesivamente… El pelo castaño tirando un poco a rubio y ni liso del todo, ni rizado total… Unos detalles más y… ¡Perfecto! Por si no lo habéis notado, sí, es Christian.
Oigo unos ruidos y, al ver que el susodicho sale de la tienda, decido dejar el papel a un lado y levantarme.
- Buenos días. –Me dice sonriendo.
Entonces es cuando me doy cuenta de que está sin camiseta. Soy yo… ¿O cada vez está aún mejor? También tiene la cara de dormido y el pelo todo alborotado. ¿Nunca habéis sentido esas maripositas en el estómago? Porque las mías están a punto de salir.
- Buenos días. –Le deseo mientras me acerco a él.
Me mira sonriendo y eso provoca que yo también esboce una gran sonrisa.
Ambos nos sentamos en el suelo, uno en frente del otro, mientras que él desayunaba.
- Oye, ¿no es un poco absurdo lo de separarse? Si total, no vamos a encontrar nada. –Digo mostrando una mueca en la cara.
Traga un trozo de pan y me mira extrañado.
- ¿Tanto te molesta estar conmigo? –Dice en un tono gracioso.
Puede que la manera en la que lo dijo, no fuera preocupante. Pero sus ojos decían todo lo contrario. Parece que de verdad se creyera que no quiero estar con él. ¿Está de broma, no? Porque es lo que más me gusta de todo esto…
- ¿Qué? ¡Claro que no! –Digo sonriendo, intentando quitarle algo de importancia al asunto.
- Ya, claro, claro…–Dice, aparentemente sin creérselo del todo.
- Ah, con que no te lo crees, ¿eh?-Digo.
Y acto seguido, me tiro a él, haciendo que los dos caigamos sobre la tierra, yo encima suya. Le empiezo a hacer cosquillas por todas partes, y lo mejor de todo, tiene muchas. Comienza a reírse y parece que no puede parar. Pero claro, yo continuo con mi cometido y creo que le va a dar un paro cardiaco de tanto descojonarse.
- ______, po-por favor, ¡para! –Exclama entre carcajadas.
- ¡Ay! Vale, vale. –Digo, y dejo de mover mis manos por su bien definido torso.
Eso sí, no me levanto de encima de él. Cojo sus muñecas con mis manos y las apoyo en el suelo, quedando nuestras caras muy, muy cerca.
- ¿Qué dijiste antes? –Digo, con voz amenazadora.
Él intenta contestar, pero por culpa de las risas tiene la respiración muy entrecortada y le cuesta llevar aire a sus pulmones.
Al final, consigue poder hablar.
- ¿Cuándo? –Musita, haciéndose el tonto.
Estamos a cinco centímetros el uno del otro. Y sí, lo admito, estoy algo nerviosa.
- Antes. Cuando te dije que si no era un poco absurdo lo de separarse. –Le recuerdo.
Este hace como que piensa unos segundos y después, se hace el extrañado. Como si no comprendiera lo que le estoy diciendo. Aunque sé perfectamente que sí que lo hace.
- No te entiendo. –Afirma, intentando aparentar seguridad.
- ¿En serio? –Cuestiono.
Asiente.
- Nenaza. –Le digo, riendo mientras que me levanto de encima de su cuerpo.
Él abre mucho los ojos y me mira mal.
- ¿Qué has dicho? –Me dice, tras haberse levantado y acercándose peligrosamente a mi.
- N e n a z a. –Le recalco.
Entonces, me agarra por detrás, con una confianza enorme y me junta a su figura.
- ¿En serio piensas eso de mi? –Dice haciendo pucheros y, a muy poca distancia.
Miles de escalofríos recorren mi cuerpo. Las piernas me fallan y pienso que me voy a caer de un momento a otro, menos mal que me tiene bien sujeta. Mi aliento se junta con el suyo. Y sus ojos, tan perfectos como me los imaginé dibujando.
Nuestras miradas se cruzan y me pierdo en la suya. Tiempo, ¿te puedes parar? No quiero separarme de él. Quiero congelar este momento, para ser feliz.
- Sí. –Consigo decir.
Ya no sé de lo que estábamos hablando. Tengo la mente nublada. Solo consigo verle a él.
- Ala, lo que me ha dicho. –Susurra.
Estamos demasiado cerca. Y creo… Creo que prefiero que lo que está apunto de pasar, todavía no pase. Así que, llevo mis manos a sus costados y… Empiezo a hacerle cosquillas de nuevo. Carcajea fuerte y se separa.
- ¡Oye! –Exclama, aún riéndose.

· Cinco horas más tarde – Por la isla.

*Narra Christian*

De momento, todo va genial con ella. Cada vez estoy más seguro de mis sentimientos y eso, a la vez que me asusta, me encanta. Al principio, creía que tenía un problema en el estómago, pero luego comprendí que esa es una de las sensaciones que ella provoca en mi cuerpo cada vez que está cerca de mí. ¿Será algo normal eso? Me da igual. Yo lo siento, y me gusta muchísimo.
De repente, un sonido nos alerta. Ambos nos giramos. _______ grita de una manera descomunal mientras que yo miro asustado a la gran serpiente que tenemos a unos dos metros.
- Ssh. –Le digo a ______.
Ella inspira fuerte, intentando calmarse.
- No te muevas, es lo mejor. –Le aconsejo, atemorizado.
Todo pasa muy rápido. Antes de que me de ni cuenta, ella vuelve a gritar. Pero ahora por algo peor, el animal le ha mordido. Yo, como un acto reflejo, clavo un cuchillo en su cuello, cortándole la cabeza. La serpiente acaba en el suelo y yo, me doy cuenta de lo que ha pasado. Miro hacia ______ y está tumbada en el suelo, llorando y con una mueca de dolor que me rompe el alma. Corriendo y con el corazón en un puño, me agacho a su altura y la cojo en peso.
- Ah… ah… -Masculla, con lágrimas en los ojos.
- Ssh, ssh… -Digo, muy cerca de su cara. – Tranquila, todo saldrá bien.
Tras haber comprobado que no hay nada que le puede hacer daño cerca, la coloco en un tronco y corro a coger una manta para taparla y otra para apoyarla en ella. Las lágrimas se acumulan en mis ojos, lo que lo hacen todo aún más difícil. Al llegar a ella, veo que tiene la cara pálida, muy pálida. El miedo me invade de nuevo. ¿Y si la pierdo? Me muero. No podría vivir sin ella. No la conozco de hace mucho, lo sé. Pero de todas formas la necesito. Es algo natural, la necesito y punto. Ella es la razón por la que todavía sigo aquí, luchando por mi vida. Es decir, luchando por ella. ______ es la persona que he estado esperando toda mi vida. Lo sé. ¿Por qué? Porque es así como me siento cuando estoy con ella. Siento que mi puzzle está completo, que ya nada será malo. Siempre y cuando esté a mi lado. Siento que mi vida tiene luz y color, que ya no todo es negro. Hay un resplandor al final del camino desde que ella entró en mi vida. El cielo es más azul, y el sol brilla más. Todo se ha vuelto mejor. Y como todo un egoísta, no quiero que esto acabe. No quiero que ella se marche.
La tapo. Mojo un trapo en un charco y se lo coloco en la frente.
- Háblame, por favor. –Digo, llorando como nunca lo he hecho.
Tengo la boca salada y ya no sé que hacer. Me he quedado en blanco. “Lo mejor cuando un animal venenoso muerde a alguien, es succionarle la herida.” Me viene de repente a la mente. ¡Claro! Levanto un poco la manta y observo que donde le ha mordido es en el antebrazo. Sin pensármelo dos veces, llevo mis labios hacia ahí y cumplo mi cometido. Su sangre llena mi boca y eso produce un millón de sensaciones en mí. Seguramente porque esto no es algo de lo más normal… Pero igual, sigo haciéndolo. Creo que ya no le queda más, así que paro y me limpio la boca con la mano.
Su respiración casi inexistente se reanima y vuelve a su ritmo normal. El color vuelve poquito a poco su piel, al compás de mi alegría.
- ¿Chris? –Me dice nada más haber abierto los ojos que llevaban minutos cerrados.
Una sonrisa enorme se adueña de mi cara, demostrando toda la alegría que siento en este instante.
- ______...
Le abrazo muy fuerte y delicado, intentando no causarle daño alguno.
Jamás he estado tan preocupado por alguien en mi vida. Y cuando pensé que la podía perder, quería morir. ¿Vivir sin ella? Creo que no.
- Dios, Dios, Dios. –Digo mientras que las lágrimas recorren mis mejillas y le doy besos en la cabeza sin dejarla de abrazar. - ¿Estás bien? –Le cuestiono, aún con el corazón estrujado.
- Bueno…-Responde con la voz tomada y también llorando. – Mejor, tranquilo.
Me abraza fuerte.
- Menos mal que estás bien, joder. –Dije en un hilo de voz.
Es extraño, hacía un día precioso pero desde ese momento, todo se nubló. Después de unos minutos abrazados, comienza a llover. Me separo un poco de ella.
- Ey, ey. –Digo, arrastrando mis pulgares por sus mofletes, quitando las lágrimas de allí. – Dormimos hoy aquí, ¿vale? No estás para moverte y ha comenzado a llover y hacer mucho frío.
Asiente y monto la tienda lo más rápido posible. Luego, me acerco a ______.
- ¿Te encuentras bien? –Pregunto, a unos centímetros de su cara.
Ella abre lo ojos y me mira.
- Sí, bueno. –Hace un amago de sonrisa.
Lo admito, me duele muchísimo verla sufrir. Preferiría un millón de veces que me hubiera mordido a mí que a ella.
- Ven, lo mejor será que descanses.
La cojo en cuello y me meto con ella en la tienda. La coloco sobre una manta y la tapo con otra.
- Salgo a fuera para que puedas dormir bien, ¿vale? –Digo, a punto de salir.
- ¡No! –Exclama como puede.
La miro extrañado.
- Quédate, por favor. –Me pide.
Me acerco a ella y me tumbo a su lado.
- Te… ¿te importaría abrazarme? –Cuestiona sin mirarme a los ojos.
Sonrío para mis adentros y me acerco totalmente a ella. La rodeo con mis brazos y ella me abraza con ganas.
- Gracias Chris, buenas noches. –Me dice.
Y cuando la voy a responder, se ha dormido placidamente. Y yo, igual.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Pueeeeeees ahí está. Jo, pobrecita tú. Te han mordido. Peeeero, don't worry, allí está el super-Christian para salvaaaarte.
Uniros, pooorfi: http://www.tuenti.com/#m=Page&func=index&page_key=1_2319_74304734
A mí, personalmente, no me gusta mucho. Espero que ha vosotras sí. :$
Ossssssquiero♡

miércoles, 1 de febrero de 2012

Nialler♥

Niall James Horan… ¿Qué es este nombre para mucha gente? Es la combinación de las letras ‘n i a l l j a m e s h o r a n’, para mí; un mundo, un sueño, una esperanza. Todos los sentimientos buenos que estos instantes se te puedan venir a la cabeza, están entre lo que yo siento por él. ¿Por qué? No lo sé, pero ha sido así. Y estoy orgullosa de ello.



Él nació en Mullingar, Westmeath, Irlanda. De pequeño era un monísimo niño, pero de lo más normal. Puede que porque nadie había notado todo su talento, todo su potencial. Estudió en una escuela llamada “Coláiste Mhuire” y vivía en aquella ciudad con su familia y que se sepa, siempre fue muy feliz.





Pero como ya sabemos; “Los momentos más importantes son aquellos en los que no hay vuelta atrás. Todo puede cambiar en un solo instante.” Y eso fue lo que pasó. Niall se presentó a un concurso británico llamado ‘The X Factor’.






Acabó juntándose con otros chicos {Harry Styles, Louis Tomlinson, Zayn Malik y Liam Payne} en un grupo denominado One Direction. Y como ahora todos sabemos, son famosos.





Pero eso no era lo único que quiero decir.

¿Por qué se suelen meter siempre con él, llamarle feo y gordo, y decir que si alguien sobra en el grupo es él? Porque a mi me parece LA MAYOR ESTUPIDED QUE HA DICHO UNA PERSONA EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD.
Vale, no tiene una sonrisa perfecta. ¿Y?





Para mí es la más bonita de este mundo. Porque pondría la mano en el fuego apostando que esa sonrisa es sincera. Es de verdad. Y esa misma mueca, es la que tantísimas veces me ha hecho feliz a mí. Claro no es perfecta. Lo perfecto es aburrido. Y todos sabemos que Nialler no lo es.
Pero, ¿sabéis qué? Lo habéis consiguido. Se ha puesto aparato. Vale. Los que lo hayan dicho: QUE SE VAYAN A LA MIERDA.

Otra cosa más: ¿GORDO? ¿EN SERIO? OSEA, ¿QUÉ ES QUE NOS HEMOS VUELTO LOCOS TODOS? Vamos, ACABO DE CONFIRMAR QUE EL MUNDO ESTÁ DEL REVÉS.



¿ESTE CHICO HERMOSO, GORDO? VENGA ANDA. ¿QUÉ ES QUE ESTÁIS CIEGOS?





Lo peor, que él sufrió mucho por esas palabras. Sí, tiene mucha personalidad y eso nadie se lo puede negar. Pero hay que entenderlo. Cuando mucha gente te está diciendo algo {Dios sabrá por qué, porque a mí me parece una G I L I P O L L E Z} te lo acabas hasta creyendo. Él estuvo muy deprimido por esos tres tópicos negativos hacia él:
- Que sea el‘menos querido’ de la banda.
- Su sonrisa que según algunos no es ‘demasiado bonita’.
- Y que está ‘gordo’.
Las mayores GILIPOLLECES que ha dicho una persona humana en UN MILLÓN DE SIGLOS.



Y siento deciros que este pequeño Belieber {que encima es Belieber. Vamos, que se te caen las lágrimas de felicidad de que exista alguien así.} es una gran persona. Y a todas esas FALSAS DIRECTIONERS que no siguen a @NiallOfficial en twitter son ESTÚPIDAS. Como todos los demás que sin conocerlo ya lo están insultando. Es una persona y tiene sentimientos ¿sabéis? Y alguien que se comporta tan bien con los demás no se merece ser tratado como lo estáis haciendo.
Yo y las verdaderas Directioners respetamos que no os guste, pero respetarnos vosotros a nosotros y, sobre todo, a él.


 Gracias por hacerme sonreír como solo tú sabes. 
Te amo.

lunes, 30 de enero de 2012

Capítulo 8.

- Pero… _______, ¿vas a poder dormir tranquila sabiendo que hay alguien o algo fuera de la tienda? –Pregunto.
Asiente, apretándome más la espalda.
- Solo si me abrazas fuerte y no me sueltas. –Afirma segura.
Pues entonces, que esté relajada. Porque no la pienso soltar hasta que ella me lo pida.
Comenzamos a hablar a cinco centímetros de nuestras caras, ya que era lo que las mantas nos permitían. Susurrábamos. Y cada vez que ella me decía algo, era como si un millón de polvos mágicos llenaran nuestro espacio. Increíble, ¿verdad? Como una persona puede cambiar nuestra forma de ver el mundo en tan poco tiempo. Yo antes lo veía como una continua batalla entre dos bandos. Si ganabas, sobrevivías. Si perdías, adiós vida. Irónico, ¿verdad? Ahora mismo, que sí que consiste en eso nuestras vidas, ya que estamos en una isla desierta, gracias a ella, no lo veo así. Lo veo todo como una bonita aventura que hay que hacer. Y eso… Eso nadie jamás lo había conseguido en mí. Una confirmación más de que para mí ______, es alguien especial.
• Isla Desierta. 7:30am. Sigue narrando Christian.
Una luz desvela todos mis sueños, haciendo que me despierte. Pero nada más abrir los ojos, creo que lo que veo sí que es un sueño. Y de los muy bonitos. Tengo a ______ justo en frente mía, durmiendo placidamente mientras que yo, la observo.
Al cabo de unos minutos, se despierta.
- ¿Cuánto tiempo llevas despierto? –Me cuestiona mientras bosteza y se estira.
- Nada. –Miento, descaradamente. – Me desperté justo cuando tú.
Ella me sonríe y ambos desayunamos tranquilamente. Al terminar, tuvimos que comenzar a caminar de nuevo. Lo cierto es que no sabíamos lo que teníamos que hacer. Yo pienso que esos dos lo organizaron todo para estar un tiempo juntos, pero bueno, a mí tampoco me está molestando mucho que digamos.
Al llevar unas horas caminamos, descubrimos un gran lago. Precioso, por cierto. Tiene el agua cristalina y es enorme.
- ¡Venga, Chris! –Exclama. – ¡Bañémonos!
- ¿Qué? No, no. –Aseguro.
- ¡Que sí! Por favor. –Me pone pucheros.
- Pero es que no me traje bañador. –Digo, más bien como una escusa.
La verdad es que bien poco me importa meterme en el agua en ropa interior, pero es que me encanta cuando me suplica o me pide “Por favor” las cosas. ¡Es tan mona!
Y por cierto, si yo no tengo bañador… Ella tampoco tendrá, ¿no? ¡Oh, Dios! Ya veréis, hoy voy a morir.
- ¿Y? Da igual, yo tampoco. –Dice de lo más normal.
Mis suposiciones han sido confirmadas.
- Ah bueno…
Empieza a zarandearme por los hombros.
- Venga, Chris. ¡Por favor! –Me pide, ya casi riendo por la gracia de la situación.
Curvo los ojos, dándoles una vuelta entera.
- Vale. –Digo.
Y antes de que me de ni cuenta, _______ ya ha saltado hacia mí a darme un fuertísimo abrazo. Que claro, yo se lo devuelvo más que feliz. Os puedo decir una cosa, si esto de darnos abrazos se convirtiera en una costumbre entre nosotros, no me importaría nada. Todo lo contrario, estaría encantado por ello.
*Narra ______*
Mientras que yo me voy quedando en ropa interior, Chris hace lo mismo. Él está de espaldas, y sin que se de ni cuenta, yo ya me metí completamente en el laguito.
No está muy lejos de donde yo me he zambullido, así que meto una de las manos en el agua, la saco y le empapo la espalda entera.
Pega un respingo y mira hacia donde vino el agua. Me mira mal.
- ¡Oye! ¡Ya verás!
Como está ya completamente ‘cambiado’ se mete de un salto en el agua y me comienza a perseguir. Yo intento nadar lo más rápido posible, pero nada. Está claro que él es mucho más ágil que yo, y en nada ya me ha atrapado por la espalda.
- Con que mojando a un pobre niño inocente, ¿eh? –Dice, en un tono bastante gracioso. Lo suficiente para que me ponga a reír.
- Bueno, lo de pobre niño inocente creo que sobraba. –Musito graciosa.
- Puede… Pero de todos modos, no deberías haberme hecho eso. No sabes bien de lo que puedo llegar a ser capaz. –Dice intentando meterme miedo en el cuerpo.
- ¿Y qué me vas a hacer? –Levanto las dos cejas, retándole.
- Uuuh… -Dice, y por culpa del tono, ya me siento un poco más asustada. – No lo sabes tú bien. –Casi murmura, muy cerca ya de mí.
- ¿En serio? –Digo, recuperando confianza.
Justo cuando abre la boca para responderme, me tiro encima de él y ambos nos caemos del todo al agua. Tras unos segundos, ambos salimos a la superficie.
- ¡Hey! –Exclama, mirándome mal en broma y a veinte centímetros de mi cara. - ¿Por qué has hecho eso? –Cuestiona confuso y sacudiéndose el pelo totalmente empapado.
- ¡Aaaah! –Exclamo también, riendo. – Me apeteció. –Digo inocente levantando los hombros.
- ¡Ya verás! –Dice, y comenzamos a jugar.
Llevamos más de una hora haciendo el tonto en el agua. Cuando decidimos salir definitivamente. Nos vestimos mientras nos reímos.
- En serio, nunca pensé que nos podríamos llegar a llevar tan bien. –Digo riendo, al acabar de ponerme todo.
Suelta una carcajada.
- Ya, lo mismo digo. Pero ya ves. –Nos miramos y sonreímos.
Al muy poco tiempo, seguimos con nuestro camino. Todo está tranquilo, y ninguno de los dos media palabra. Pero no porque nos hayamos enfadado o algo así. Simplemente que si no hay nada que contar… Pues mejor no hablar, ¿cierto?
Le miro sin que se de cuenta. Desde que llegamos estoy sintiendo cosas muy raras por su culpa. Primero, ya no quiero a la persona con la que llevo saliendo muchísimo, segundo, cada vez que le miro, cada vez que me habla siento un millón de sensaciones. Y lo peor, los sentimientos que creo que estoy sintiendo hacia él, no son los que uno siente por un amigo. No. Es… es… Joder, hasta me cuenta admitirlo en mis pensamientos. Eso, que es amor.
*Narra Christian*
¿La quiero? No la quiero. ¿La quiero? No la quiero. Sí, sí que la quiero. Pero… ¿Y ella a mí? Sí, para vuestra información, estoy hablando de ______.
Ahora mismo, ya estoy totalmente seguro de mis sentimientos. Sé que es lo que siento, y sé que es lo que quiero. Y también sé, que haré todo lo posible y más para conseguirlo. Conseguir su amor.
El problema, es que no sé ‘cuando’ hacerlo, ‘donde’, ‘como’ y, sobre todo, ¿me rechazará? Son las cosas a las que tengo más miedo. Sé que es raro que aunque estemos perdidos en una isla que la que podemos morir, esté yo ahora pensando en como conquistar a una chica. Pero si lo pensamos bien, esto es como vivir en la ciudad. Simplemente, que con menos recursos y facilidades. Bueno, a lo que iba, que se lo necesito decir cuanto antes. ¿Por qué? Porque necesito tenerla entre mis brazos y que sea algo de lo más normal. Necesito poder besarla y no tener que oír un “¿Por qué has hecho eso?” después. Necesito… La necesito.
- Chris. –Me llama. Miro hacia atrás y la miro, con los ojos todavía perdidos en un sueño que creo que jamás se cumplirá.
- Dime. –Digo intentando sonreír.
- ¿Acampamos hoy aquí? –Cuestiona, mirando al alrededor. – Es que ya es muy tarde, y estoy muy cansada…
- Claro, espera un segundo.
Dejo una manta en un tronco y llamo a ______ para que venga.
- ¿Qué haces? –Pregunta entre algunas risas.
- Venga, túmbate mientras que yo monto todo. –La empujo suavemente hasta que la recuesto sobre la tela.
- No, pero Chris, que te ayudo.
Se va a levantar, pero se lo impido. Al final las acabo montando yo solo. Sabe que soy muy cabezota y que a eso no me gana nadie. Así que conseguí que se quedara ahí. Termino y voy al tronco.
- ______, ¿Estás dormida? –Pregunto a muy pocos centímetros de su cara.
- Bueno, más o menos. –Murmura en un tono cansado, agotado.
Se intenta levantar, pero yo no lo permito. La cojo en cuello y la llevo hasta la tienda. No protesta, pero es porque está tan cansada, que no tiene ánimos ni para eso. La recuesto sobre el suelo de la tienda y traigo de nuevo la manta. Nos cubro con sumo cuidado y la abrazo con firmeza, para que vea que puede dormir más que tranquila.
- Gracias por todo Beabs. –Susurra muy bajito.
Y antes de que pueda hacer ningún comentario sobre el ‘Gracias’ el ‘todo’ y el ‘Beabs’ una respiración pausada delata que se acaba de quedar total y profundamente dormida.
La observo con detenimiento mientras que pensamientos extraños aparecen por mi cabeza. ¿En serio no la merezco? No, no la merezco. ¿Pero a ella le importará si la merezco o no, o si me merece o no? Admito que todavía no la conozco de hace mucho, pero sé bastante sobre ella y estoy segura de que no es una de ese tipo de personas. Cosa que se agradece.
“No somos conscientes de lo que verdaderamente se siente uno en una situación hasta que se te presenta. Mis amigos me habían definido indefinidas veces la frase ‘querer verdaderamente a alguien’. El problema es que, primero, ellos nunca lo habían sentido. Seguro. Segundo, nunca había pasado por ello. Y ahora que sí que lo estoy haciendo, quiero decir, que es lo mejor que te puede pasar en esta vida.” Murmuro antes de que mis párpados empiecen a pesar demasiado y poco a poco, me duermo. Entrando en un sin fin de sueños en los que todos, ______ es la protagonista.

Capítulo 7.

*Narra Christian*
La aferro aún más a mí. Abrazándola con todas mis fuerzas. Cada vez estoy más convencido que esto de separarnos en grupos es una magnífica idea.
Aunque una duda aparece en mi mente: ¿Por qué de repente le entró tal necesidad de abrazarme cómo para tener que preguntármelo? Sinceramente, hasta que no esté completamente seguro, prefiero vivir el momento. El momento junto a ella.
- Gracias. –Dice con una tierna sonrisa mientras se separar poco a poco de mí.
Y por mucho que no la quiera dejar escapar de entre mis brazos, lo tengo que hacer.
- No tienes porque darlas. Para eso estamos, ¿no? –Digo sonriendo falsamente sin que se note, ocultando la tristeza que me produce el hecho de que ‘solo me vea como a un amigo’.
Pero después lo pienso y,… Sinceramente, prefiero que me tenga como alguien en que puede confiar y alguien con quién hablar. A que me tenga como una persona que ni si quiera le preocupe lo más mínimo. Mejor eso, que nada.
Ella sonríe. Esa sonrisa dulce y sincera que siempre me deslumbra.
- Bueno, ¿continuamos? –Cuestiona, ya preparada para comenzar a andar.
Sacudo la cabeza, intentando sacar todos estos pensamientos de la cabeza. Tarea imposible, por lo que veo. Así que me decanto a que por lo menos pueda hacer dos cosas a la vez.
- Claro, vamos. –Intento sacar una de mis mejores sonrisas y ponemos rumbo de nuevo, a un lugar conocidamente desconocido.
Árboles, árboles y árboles. Es básicamente el elemento principal que compone este paisaje desértico. Llevamos como una media hora andando, sin hablar. Por suerte, no me siento incómodo por mucho silencio que nos invada. Aunque prefiero conversar con ella, así que, inspiro, me tranquilizo y hablo.
- Bueno y… ¿Qué hacías antes de qué… bueno, ya sabes, de que todo esto sucediera? –Digo, casi sin pensar.
Se lo piensa un momento.
- Pues yo estaba estudiando en la universidad. –Musita, curvando los labios produciendo una sonrisa triste, amarga.
- ¿Qué carrera? –Cuestiono, intentando no empeorar la situación, si no, mejorarla.
- Física. –Masculla. – Pero no se la recomiendo a nadie, es súper difícil. Creo que nunca la entenderé del todo, por mucho que quiera y que me esfuerce. –Dice, algo más divertida.
Esbozo una sonrisa.
- Recuerdo… que yo en el instituto no era del todo malo en física.
- Pero por lo que creo, se te daba mejor la química. –Dice, en un tono extraño.
Me paro a pensar. “¿Qué?” Es lo primero que se me ha pasado por la cabeza. Pero después lo pienso, y en unos segundos caigo en el doble sentido que le ha dado a mi frase normal e inocente.
- Bueno… No te diría yo que no. –Digo, divertido. Siguiéndole el rollo.
Ella suelta una sonora carcajada y continua con una sonrisa.
- Y… ¿Tú que hacías antes de todo esto? –Cuestiona.
En ese momento caigo en el por qué de la frase “Piensa antes de hablar.” No quería contarle todo mi pasado, y por ello tendría que haber evadido el tema. Pero no, como soy tan inteligente, se lo puse en las narices. Nótese la ironía.
Respiro hondo. Nunca me he avergonzado de mi pasado. ¿Por qué ahora sí? ¿Por qué no quiero decirle todo lo que hice? Pues porque temo que me odie. Y ahora, pensando en mis hechos anteriores, creo que yo también me odiaría si fuese ella. Así que, si cuando se lo cuente no quiere volver a saber nada más de mí, lo entenderé. Por muchísimo que me duela.
- Pues… Bueno, cómo sabrás, no era un angelito. –Asiente. Se para y nos quedamos mirándonos. – Era un criminal. –Casi escupí. Me costó la vida decirlo. – Nunca maté a nadie. –Aclaré. – Pero sí que cometí algún atraco a mano armada y trafiqué. –Trago saliva sonoramente.
Cierro fuertemente los ojos y luego los abro, para espera su reacción. El brillo de sus ojos se apaga y un instante, se vuelen vidriosos, cristalinos. Me maldigo por ello.
- Pero… tú… ¿tú querías hacer todo eso? –Pregunta, en un hilo de voz.
- No, no quería. –Afirmo, seguro. – Pero no siempre la vida es fácil, ______. Tú eres rica, tú padre es rico. Yo no lo era. Vivía en uno de los barrios más pobres que jamás podrás conocer. Allí, la delincuencia, ser camello y atracar, hasta incluso matar, estaban al orden del día. No era nada fuera de lo común. –Inspiro. – Se podría decir que era cómo la ley del más fuerte. Y créeme ______, no es nada sencillo vivir así.
Y sin darme cuenta, recordando todos aquellos momentos del pasado, he comenzado a llorar. ¿Christian Beadles llorando? Eso lo dices por ahí y no se lo cree nadie. Más bien, creerías que estás loco. Y mira, ha sucedido.
Ella, al observar mi reacción se acerca a mí, aún con agua a punto de salir de sus ojos, y me quita la que ya ha salido por los míos de mis mejillas.
- Siento haber sacado el tema. –Admite, con voz culpable.
Niego con la cabeza algo agachada.
- Tranquila, no es tu culpa. Tú no sabías nada de esto. –Digo, intentando que no se preocupe.
Ella se muerde el labio inferior, dolida.
- Ya, pero de todos modos saqué yo el tema. Así que lo siento. –Limpia un poco más el rastro de mis lágrimas de mis mejillas.
Cuando acaba, apoyo mi mano derecha en su moflete izquierdo y lo acaricio suavemente. Sonrío y, al instante, ella también. ‘Clic’ oigo sonar en mi corazón. ‘Pum… Pum… Pumpumpum’ El ritmo de este se acelera y no consigo entender como con tan poco, me hace sentir tanto.
Querría poder decirle todo lo que siento. Todas mis preguntas y confusiones sobre estas nuevas sensaciones. Saber si ella siente lo mismo, o por lo menos, si sabe el ‘por qué’ de que las sienta. ¿Es normal esto? En mí, por lo menos, no. Y eso es casi lo que más me asusta. El hecho de un nuevo sentimiento. ¿Por qué? Porque si no lo he sentido antes, significa que es especial. Significa que ella es especial. Y creo que eso es lo que verdaderamente me da miedo. Admitir que ______ es mucho más para mí que cualquier otra persona en este mundo. Y cuando de verdad demuestre mi valentía, será cuando tenga el coraje y valor de decirle todo esto. Con las palabras textuales.
- ¿Ya es tan tarde? –Pregunta con el ceño fruncido, mirando al cielo.
Levanto la vista y puedo observar un firmamento oscuro, con estrellitas brillantes dándole vida. ¿Es de noche? Pues tengo que decir que se me ha pasado muy rápido el día de hoy.
- Pues parece que sí. –Musito, curvando el labio.
La vuelvo a mirar y ella me observa, expectante. Seguramente esperando alguna reacción más por mi parte. Y así hago.
- Mejor dormimos hoy aquí. –Le propongo y asiente.
Comenzamos a poner la tienda y en quince minutos ya está todo preparado. Ambos nos sentamos en el suelo de la cabaña, ya que fuera hace mucho frío. Y me pongo a leer un libro.
*Narra ______*
Como Chris se ha puesto a leer, decido que es hora de reanudar mi ‘Diario’. Lo cojo y continúo escribiendo.
~ Día tres.
Sí, sigo aquí. Pero ahora estamos solo Christian y yo. Nos hemos separado para ‘buscar’ a alguien más o algo con lo que sobrevivir mejor. Clara y Liam están saliendo, así que tenía más que claro que me iba a tocar con él. Pero ¿sabéis? Me siento mejor así. Y la verdad… No me importaría tener que estar ‘perdida’ por ahí más de una semana…
Como tengo sueño, dejo a un lado el ‘Diario’ y me tumbo, tapándome con la manta. Levanto la mirada y veo que Christian me observa, con una sonrisa. Se la devuelvo.
- ¿Vas ya a dormir? –Deja el libro a un lado.
- Sí. –Bostezo. – Anoche no dormí mucho y, encima con todo lo que hemos hecho hoy, no puedo más. –Me acomodo un poco más en la cama.
- Pues yo también. –Dice y bosteza.
Coge el libro, lo deja a un lado y se mete bajo su manta.
*Narra Christian*
Estamos en frente uno del otro, separados por más o menos medio metro, pero aún así, la siento lejos. Aunque anoche por culpa de dormir abrazados no dormí casi nada, prefiero estar como ayer. Es una especie de necesidad, y se me está yendo de las manos. Y eso, me da miedo. Mucho. Pero a la vez, me encanta. ¿Tantas sensaciones siento con ella que hasta muchos son sentimientos opuestos?
Un sonido repetitivo interrumpe mis pensamientos. La miro y descubro que sus dientes están haciendo ruido por el frío. Y en este momento, sin miedo ni nada por el estilo, voy a su lado y le abrazo. Ella se acurruca en mi pecho y yo, no puedo evitar sonreír.
- Gracias. –Murmura.
Me la imagino sonriendo y suelto una risita. Ella se estremece, y aunque intente que no lo note, sí que lo hago.
La aferro más a mí y ella me abraza fuerte. Inspiro y sonrío sin remedio. Me siento bien. Me siento muy bien.
Estamos como un minuto así, cuando de repente, oímos un ruido fuera. Se exalta y pega un respingo. Sé que en estas situaciones lo mejor es quedarse quieto en el sitio, bien cubierto. Porque si es un animal, de esa manera no te va a hacer nada. Y si es alguien que… Bueno, que te va a hacer ‘algo malo’, es más posible que no te vea.
Entonces, agarro a ______ fuerte, y nos encierro en las dos mantas, dejando solo un pequeño orificio para poder respirar. Ella me mira interrogativa.
- ¿Qué ha sido ese ruido? –Pregunta, angustiada.
- No lo sé muy bien. –Admito. – Pero parecía algún ser vivo… Así que quédate aquí mientras que yo voy a mirar lo que es, ¿vale?
Me dispongo a salir de la ‘fortaleza’ cuando me agarra con fuerza y me vuelve a abrazar, impidiéndome salir.
- ¿Qué haces? –Pregunto también abrazándola, algo preocupado por su reacción.
- No, no te vayas… Por favor. –Me pide, susurrándomelo al oído.
Siento un escalofrío recorrer mi espalda.
- ¿Por qué? –Consigo preguntar, intentando dejar a un lado todas estas sensaciones.
_______ se queda en silencio. Caigo en una idea.
- ¿Qué es que te da miedo quedarte sola? –Cuestiono. – Tranquila, que en serio, no va a pasar nada… –Me interrumpe.
- No, no es eso. –Afirma en un tono seguro. – Lo que pasa… es que… bueno…
No acaba de decirlo y eso me pone de los nervios.
- ¿El qué? –Le pregunto. – Puedes confiar en mí, no se lo voy a decir a nadie ni me voy a reír, o algo por el estilo. –Digo en un tono serio, intentando convencerla.
Ella respira profundo y después, me abraza más fuerte.
- ¿Y… y si lo que hay ahí fuera… te hace algo malo? –Cuestiona con dificultad y en un tono asustado.
En ese momento. En ese mismo segundo, algo se enciende dentro de mí. Puede que sea la llama de la esperanza, o la luz de los sueños que se pueden hacer realidad. Pero el hecho de que ella, mi ______, se preocupe por que me pueda pasar algo ahí fuera, me ha llegado al corazón.
No, no sé el por qué. Pero ahora mismo, me da igual. Lo único que quiero es parar el tiempo, y quedarme así, abrazado a ella. Por lo menos por la eternidad, aunque eso, sea solo el principio.

Capítulo 6.

*Narra _______*
Abro lentamente los ojos. Estoy desconcertada; me acabo de despertar. Entonces, me doy cuenta de que sigo abrazada a Christian. Lo más seguro es que no le haya soltado en toda la noche.
Intentando que no se despierte, me separo poco a poco de él. Al liberarme totalmente de sus brazos, me estiro y miro la hora en el reloj de muñeca que tengo. Son las siete de la mañana todavía. No tengo sueño, así que me levanto y salgo de la tienda tras haberme puesto los zapatos – Claramente dormimos con la ropa que utilizamos por el día. Es una isla desierta, no un hotel. –. Me siento en uno de los troncos que pusimos alrededor de donde encendemos la hoguera y miro al cielo.
Me siento inferior. Impotente de no poder salir de aquí. Pensar que los pájaros sí que podrían hacerlo, y de todos modos, los humanos nos sentimos superiores a ellos. No saben lo que daría por poder echar a volar y sentirme libre. Libre de verdad, por una vez. Solo el aire en la cara y el cielo azul de fondo. Pero claro, eso es imposible.
Desde que llegué, solo le he visto los contras a esta situación. ¿El pro? Christian. Sí, él. ¿Por qué? Porque me he dado cuenta de que…
- Hola ______. –Me saluda una voz jodidamente conocida.
- Chris. –Sonrío, intentando no pensar en la casualidad.
- ¿Qué tal te despertaste hoy? –Me pregunta, con una sonrisa tan hermosa como es cada una de las suyas, mientras que se sienta a mi lado.
- Bueno, normal. –Musito. - ¿Y tú? ¿Algo nuevo?
- Pf, pues no. –Ríe levemente.
Silencio. Un silencio incómodo. ¿Alguna vez lo habéis sentido? Yo muchas veces. Es como cuando estás en un ascensor, con un vecino y nadie habla. Sientes el impulso de preguntarle algo “¿Qué tal?”, por ejemplo. Pero Dios sabrá por qué, solemos quedarnos callados. Pues es más fácil.
Eso mismo es lo que ahora siento. Y por muchas cosas que querría preguntarle, me quedo callada. Como una tumba que oculta lo que nos da miedo. Miedo preguntar, y decir, decir la verdad.
- ¡Chicos! –Por suerte, o desgracia, Liam nos interrumpe con su ya conocido buen humor.
- ¡Buenas! –Exclamo, levantándome. – Ya casi ni os vemos, eh. Y mira que es difícil. –Suelto una carcajada.
- Sí, bueno… –Comienza a decir Clara. – Nosotros queríamos deciros una cosa, ya que según parece, vamos a ser amigos mucho tiempo. –Sonríe de oreja a oreja, feliz. –Desde ayer por la noche… Bueno, que… –Hace una pausa.
- Estamos juntos. –Dicen los dos, al unísono.
Esbozo una grande y feliz sonrisa y les abrazo a los dos. Christian me sigue, y hace lo mismo. Me alegra que su estancia en esta maldita isla vaya a ser mucho más agradable por tener a la persona a la que quieren, al lado, apoyándolo.
- ¡Estoy muy contenta por vosotros, chicos! –Exclamo, tras deshacerme del abrazo.
- Y yo. –Afirma Chris, sonriendo.
Ambos sueltan una risita nerviosa. Y su tímida vergüenza se ve manifestada por el color rojizo que les sube a la cara.
- Gracias, chicos. –Nos dice Liam, seguramente muy feliz de estar junto a ella. Junto a Clara.
- Sí, eso. –Le apoya ella.
Uno. Dos. Tres segundos de silencio. Que Liam, decide romper.
- ¡Bueno! No era solo eso lo que os queríamos decir. –Se miran, cómplices. – Que… Bueno, que pensamos que lo mejor sería ir a investigar por la isla. Como ya sabéis, yo sé bastante de lo que es estar perdido, y algo que siempre me dijeron, es que lo mejor es separarse, sin dejar a ninguno solo, y después de un tiempo, volver a encontrarse en un mismo sitio. Siguiendo unos patrones. ¿Qué os parece?
Ahora aparenta aún más felicidad. Seguramente porque va a pasar tiempo a solas con Clara mientras que ‘investigan’. Porque está más que claro que ellos van a ir juntos. Así que… Voy a tener bastante tiempo para conocer a Chris.
- A mí me parece bien. –Comenta mi compañero de tienda, seguro de lo que dice. O por lo menos eso es lo que me dice su tono de voz.
- Yo también estoy de acuerdo. –Curvo mis labios, sonriendo levemente. - ¿Cuándo empezaría la ‘investigación’?
- Lo mejor sería que lo dejáramos todo preparado esta mañana, y que por la tarde, tras comer, ya nos separáramos. ¿Vale?
- Tú mandas. –Digo, y suelto una sonrisa.
Al terminar de desayunar, nos sentamos en los troncos a organizar todo lo que vamos a hacer.
- Mirar, ayer me subí a un árbol alto y descubrí que la isla no es del todo muy grande. Los mejor, y más seguro para todos sería que permaneciéramos separados y buscando una semana. Al cabo de ese tiempo, volveríamos aquí. –Nos propone Liam.
- Ya… Pero… ¿Y si no sabemos cómo volver? Puede que la isla no sea muy grande, pero sé que es lo suficiente cómo para que nos podamos perder y no volver a vernos en mucho tiempo. –Comento, algo preocupada.
- Tranquila. –Me dice Liam. – Eso ya lo tengo todo planeado, escuchar. Cada grupo, llevará un Walky Talky para poder comunicarse. Vosotros –nos señala a Christian y a mí. –, iréis hacia el oeste. –Apunta con su mano a uno de los lados, mientras que mira su brújula. – Y nosotros. Al este. –Apunta al lado apuesto. – Todos llevaremos comida y agua para dos semanas. Una brújula, un reloj, mantas y lo necesario para sobrevivir. Y a parte, un permanente blanco.
- ¿Para qué? –Me roba mi pregunta Chris.
- Pues para lo que decía ______ antes. El primer kilómetro de árboles, hay que pintar el tronco de cada uno en fila. Precisamente, para que podamos seguir le rastro y llegar a volver. Pero importante: Si algún grupo llega aquí antes que el otro, se tiene que quedar. Por lo menos un mes. Y sí después de ese tiempo, se tiene que ir por alguna causa, que deje una nota, diciendo a donde va, por qué y que ha estado aquí. ¿Está todo claro?
Todos asentimos.
Nos pasamos el resto de la mañana preparando todo. Ya a las dos, acabamos. Comemos todos juntos. La última en una semana, o puede que más. Y eso es lo que más miedo me da. El hecho de perdernos aún más. Pero… ¿Sabéis qué? No me dan tanto miedo. Para nada. ¿Por qué? Porque voy a estar con Christian. E inconscientemente, con él, me siento bien. Me siento segura. Y por eso sé, que nada malo nos va a pasar.
- Bueno chicos, llegó la despedida. –Dice Clara algo triste, mientras que nos abrazamos todos.
- Adiós tortolitos. –Digo curvando los labios, en señal de tristeza.
- Pero tranquilos, que solo va a ser una semana. –Dice Liam sonriendo.
- Eso espero… –Murmuro.
- ¡Adiós! Que os vaya bien.
Nos despedimos, y acabamos poniendo rumbo. Rumbo a un lugar desconocido.
Hace apenas un minuto que nos hemos marchado. Vamos pintando todos los árboles con crucecitas. Todavía ninguno a mediado ninguna palabra, y creo que es momento de hacerlo. Porque como nos pasemos toda la ‘semana’ así, vamos a tener un problema.
Pero justo cuando voy a abrir la boca para hablar, él me interrumpe.
- ¿Estás bien? –Me pregunta. Tan atento como siempre. - ¿No tendrás miedo, no?
Sonrío.
- No, tranquilo. Y sí, estoy bien. –Digo elevando los hombros.
Y sonríe. De esa manera tan suya. Que creo que sería capaz de sacarnos de aquí. Porque me hace volar, llegar al cielo. Rozarlo con las yemas de los dedos, y regresar a tierra en un segundo.
- Pero bueno –comienza –, que sepas que no va a pasar nada malo, ¿si?
Asiento con la cabeza. Algo me hace cosquillas en la mano. La miro, y veo a una araña. No muy grande. Pero les tengo un pánico terrible. Suelto una grito muy, muy agudo y sacudo la mano, cerrando fuerte los ojos.
- ¡Eh, ______! ¿Qué pasa? –Se acerca rápidamente a mí, preocupado. Y aunque no lo veo, lo siento. - ¿Qué ocurre? –Vuelve a cuestionar en el mismo tono.
Me cuesta pronunciarlo, pero al pensar que con la de manotazos que le he dado ya al aire de ha debido de ir, decido parar de mover la mano y abrir los ojos.
- U-una ara-aña. –Tarmudeo.
El curva los labios y agarra mi mano derecha, observándola. La acaricia con las yemas de los dedos, y os puedo decir que nunca he experimentado sentimientos iguales. Un millón trescientos mil cuatrocientos sesenta y ocho escalofríos, aproximadamente, recorren todo mi cuerpo, mientras que un agujero invade mi estómago y un nudo ocupa mi garganta. ¿Es normal? No me lo parece.
- Pues no tienes nada. –Dice. Me sonríe de nuevo y, al instante, me relajo.
- Bien. –Digo, en un suspiro.
Deja caer mi mano lentamente y me fijo en que mete el permanente en su bolsillo delantero del pantalón.
- ¿Y los árboles? –Pregunto, confusa.
- Ya hemos recorrido un kilómetro. –Carcajea.
Frunzo el ceño, cada vez más extrañada por sus palabras.
- ¿Qué? –Cuestiono atónita.
- Pues eso. Pero parece que estabas tan absorta en pensamientos que ni si quiera te diste cuenta. –Musita gracioso.
Si él supiera…
- Pero… ¿Y cómo sabes lo que llevamos de recorrido?
Saca de su otro bolsillo la brújula. La observo, ladeando la cabeza en señal de no entender.
- Este aparato tiene de todo. –Me explica. – Y una de las cosas, es un contador de kilómetros. –Me señala un el uno que marca. - ¿Lo ves? –Dice, con una sonrisa.
- Sí, sí. –Asiento tras haberlo comprendido todo.
De repente, nos quedamos mirándonos a los ojos a medio metro de distancia. Pasan unos segundos, y ninguno de los dos se mueve. Como una fotografía que captura y congela el momento.
Y en ese momento. En ese mismo instante, me entran unas ganas enormes de abrazarle. ¿Nunca sentisteis esa sensación? Es como si él fuera un imán y yo un trozo de hierro. Una atracción natural, nada artificial. Pura química. Y parecido a una ley física. Como si él fuera un peluche súper mono al que nadie se puede resistir a abrazar.
Así que, pongo las cartas sobre la mesa.
- ¿Te puedo abrazar? –Cuestiono, con el corazón en un puño.
Me observa frunciendo en ceño unos escasos tres segundos. Entonces, esa cara confusa se transforma en una cálida y grande sonrisa que me reconforta por dentro. Casi diciéndome que quiere que lo haga. Me atrevo a decir casi, que lo necesita.
- Claro que sí. No lo preguntes, solo hazlo. –Musita, y abre los brazos.
Ahora la que sonríe soy yo. Doy un paso hacia él y le abrazo con fuerza. Él me lo corresponde. Y ahora, ahora ya sé como puedo volar. Ya sé como puedo sentirme libre. Ya sé como puedo irme de esta isla, aunque solo sea por unos segundos. Simplemente, estando junto a él. Él, él, y solamente él.

Capítulo 5.

- _____, ¿qué haces? –Preguntó riendo una voz delante mío.
Bajo el diario y ahí le veo. Riéndose de una tontería como verme escribiendo, ¿os parece normal? Pero eso sí, no sé si alguna vez os lo he dicho, pero amo su risa. Y su nunca os lo dije, espero que ahora os haya quedado claro.
Suelto una ligera carcajada y niego con la cabeza, dándole a ver que no tiene importancia. Me levanto y dejo el diario en la tienda. Camino de nuevo a la hoguera y veo a Christian tumbado en el suelo, mirando hacia arriba y con las manos en la nuca. Dirige sus ojos hasta mi figura y con la mano, me indica que me tumbe a su lado. Primero me extraño, pero prefiero pasar de ello y hacer lo que me indica. Me tumbo.
- ¿Sabes? Hoy he notado que te comportabas diferente… No sé, como más… más simpático. ¿Feliz, tal vez? –Le miro, frunciendo el ceño.
- Sí, bueno, o eso intentaba. –Suelta una fuerte carcajada. Escalofríos.
Me mira. Con una preciosa sonrisa en la cara.
- Ya pero… no sé, estás distinto, ¿sabes? Hoy no has parado de reírte con Liam. Y yo que pensaba que te caía mal…
Suspiró.
- Sí. Pero me dí cuenta de que puede que pasemos aquí mucho tiempo. Y ya que solo somos cuatro, tendremos que intentar llevarnos lo mejor posible, ¿no?
- Este no es el Christian que todos conocíamos. –Le miro, intentando parecer asustada, pero a la vez en un tono gracioso. - ¿Dónde está? ¿Qué le has hecho? –Digo levantándome y poniendo mis manos delante mía como protegiéndome.
Él suelta una fuerte carcajada y me vuelve a mirar. Se levanta y se acerca a mí.
- Anda –Ríe. –, deja de hacer el tonto. Ya es hora de irse a dormir, así que venga, a la cama.
Coge suavemente mis muñecas y me lleva hasta la puerta.
- Oye, pero no me trates como a una niña pequeña. –Le miro mal de broma.
- Si te trato así, será porque lo eres, ¿no? –Suelta una carcajada y yo le fulmino con la mirada.
Entramos en la tienda de campaña.
- No tengo sueño. –Replico riendo.
- Pues me da igual. –Argumenta. – Es muy tarde. –Suelta otra carcajada.
- Sí, sí… Pues los otros dos siguen ahí, solitos por la playa. –Digo levantando dos veces las cejas. – A saber lo que estarán haciendo…
Un segundo de silencio. Dos. Tres. Cuatro… Y empezamos a reír.
- Venga, no, en serio. A la cama. –Dice cogiendo la manta con la que nos taparemos por las noches.
- Vale, vale…
Nos metemos debajo. Uno en frente del otro y a unos veinte centímetros de distancia.
- Oye… –Comienzo. - ¿Tú… tú crees que podremos salir de aquí? –Pregunto algo preocupada.
Por el momento, tenemos comida y agua de sobra. Pero somos cuatro, y poco a poco se irá agotando. Y tengo miedo de que si no nos rescatan pronto, no podamos sobrevivir en
esta maldita isla.
- Claro que lo creo. –Sonríe. Me tranquilizo. – Pero de todos modos, aunque tardaran mucho, podríamos sobrevivir solos. –Afirma seguro. ¿Me lee la mente o algo? –Así que tranquila, no hay motivos de preocupación. Todos queremos vivir, pero sin ninguna pérdida. A demás, ya has oído a Liam. Él sabe mucho de esto. –Levanta la mano y me acaricia el brazo. De arriba abajo. – No va a pasar nada malo.
Y puedo jurar que en estos momentos, cuando se comporta así, es una de las mejores personas que he conocido jamás. Se me estruja el corazón con solo pensar en las palabras que ha dicho. Y encima, me ha tranquilizado como nadie.
- Gracias. –Sonrío. – De veras, no sé que haría sin ti.
- Pues vivir mejor. –Dice riendo.
- Oye. –Le miro con desaprobación. – Eso es mentira, así que calla.
Empiezo a temblar. Hace frío. Mucho frío. No lo entiendo, en serio. Por el día hace un calor tremendo normalmente y por la noche, parece que va a nevar.
- ¿Tienes frío? –Pregunta en un tono algo preocupado.
- No, no. –Niego, rodeándome con mis propios brazos para proporcionarme calor
- Ala, no me mientas. Ven aquí. –Dice abriendo los brazos, seguramente para que le de un abrazo.
- Que no, en serio, no te quiero molestar. –Digo sincera.
- ¡Pero que no me molestas! –Exclama sonriendo.
Se acerca él a mí y me envuelve entre sus brazos. La verdad es que sí que se está mejor. Pero… No sé, no quería causarle molestias. La abrazo aún más fuerte. Me acaricia la espalda poquito a poco, produciéndome escalofríos por toda la espalda. Nunca pensé que durmiendo al lado de un chico que había conocido iba a sentirme tan cómoda. Pero sí que tengo unas sensaciones geniales. Y lo mejor, ya no tengo frío.
- ¿Estás dormida? –Me pregunta susurrando al oído.
- No, y por lo que veo tú tampoco. –Suelto una pequeña risa.
*Narra Christian*
Puff, para estar dormido con ella así. En serio que no me molesta, lo contrario, me encanta estar así con ella. Abrazados y que no haya ningún problema por ello, aunque solo sea porque tiene frío. Y sí, he dicho que no podía dormir con ella así, pero es solo porque ya que estamos de esta manera, Dios sabrá por qué, tengo la necesidad de estar consciente de todo.
Y sí, lo admito, me asusta el hecho de que me encante estar con _____. ¡Pero no lo puedo evitar! ¿Alguien tiene la culpa de mis sentimientos? No, y yo tampoco.
- La verdad es que no puedo dormir. –Me dice, susurrándomelo al oído.
Y un millón de escalofríos me recorren de la cabeza a los pies. Intento que no se de cuenta de las sensaciones que produce en mi cuerpo. Pero creo que me va a ser imposible, porque son muchas y enormes. Suspiro.
- No, ni yo tampoco. –Suelto una carcajada casi insonora.
Inspira fuertemente y arquea levemente la espalda. Como si hubiese provocado alguna reacción en ella.
Y otra vez esta pregunta en mi mente. No lo puedo evitar, y ahora ya me da igual lo que piense que siento, porque creo que hasta sería cierto.
Respiro hondo.
- ¿Te puedo hacer una pregunta?
Supongo que tendrá una mirada extrañada, pero noto que asiente con la cabeza.
- Sí, claro. Lo que quieras. –Dice, presupongo que esta sonriendo.
- ¿Tú… tú sigues amando a Mike?
Lleva sus hombros hacia atrás, respirando profundamente.
Me preparo para cualquier respuesta, la que sea. Cierro los ojos muy fuerte. Por mucho daño que me haga, quiero saberlo ya. Quiero que sea sincera conmigo, porque me lo voy a admitir a mi mismo, por primera vez. Ya no me voy a engañar más. Ella, no es una persona más en mi vida. No es como los demás. Todavía no es mi corazón, pero que creo que está de camino a ello. Siento cosas diferentes cuando me abraza, cuando me habla. ¿Por qué? Porque ____ es alguien especial en mi vida. Y ya no me lo voy a negar más. No, ya no. Porque es más que evidente.
- No, ya no. –Responde costosamente.
De repente, me parece que todo se ha iluminado. ¿En serio…? ¿Ya no lo ama? ¿No? Eso ha sido lo mejor que he oído, lo admito. Y por primera vez, creo que hay una esperanza. Esperanza de que algo pudiera pasar entre ella y yo. Bueno, puede que no por ahora. Pero el primer paso, y seguramente uno de los más difíciles, está hecho. Aunque me quede mucho camino aún por recorrer con ella, sé que merecerá la pena.
- ¿Y eso? –Pregunto, curioso. Aunque lo que de vedad intento es que no noté mi nerviosismo ante sus respuestas.
Elevó los hombros.
- No sé…–Comenzó a decir. – Desde que hemos llegado aquí, ya nada es igual…
Todo lo dice indecisa, pero a la vez segura. Como si supiera el por qué, pero me lo estaba ocultado y no quería dar un paso en falso.
Sonrío pensando que puede, en alguno de mis sueños, ella se sienta así por mí. Pero claro, todo eso es una ilusión. No creo que pase jamás. Sería demasiado para alguien que es tan poquita cosa como yo.
- Ah… –Dije, intentando que mis pensamientos y teorías no afectaran en mi forma de hablar.
Bosteza.
- Creo que alguien tiene sueño ya… -Digo abrazándola un poco más fuerte.
Ella gruñe, haciendo unos sonidos extraños y se revuelve un poco, pero sin dejar de rodearme con sus brazos.
- Buenas noches, Chris.
- Buenas noches, ______.

Capítulo 4.

*Narra Christian*
Llevamos mucho tiempo sin hablar y una terrible tormenta nos a pillado de improviso. Estamos sentados bajo un árbol, la verdad es que hace muchísimo frío. Pero lo peor de todo ahora mismo, es el incómodo silencio que nos invade. Me obligo a mí mismo a empezar un tema de conversación adecuado para los dos, porque ella misma no creo que lo vaya a hacer. Y pienso… ¿y si pregunto quién ese persona tan especial que ha dicho? La verdad es que me asusta el hecho de querer preguntárselo. Porque si en serio me diera igual ella, no me importaría eso. Simplemente no me importaría nada. No me hubiera importado que anoche se hubiera ido y perdido, no me hubiera importado que se pusiese a llorar y sobre todo, no me importaría la respuesta a esta pregunta.
La miro. Está a un medio metro de mí, y seguramente porque si se va más para allá, se moja. Está abrazándose a sí misma y temblando levemente. Solo tiene una camiseta de tirantes, suerte que yo me traje una chaqueta. Me acerco a ella rápidamente. Me mira frunciendo el ceño. Pero yo me quito la chaqueta y se la pongo por encima. Ahora su rostro más bien refleja extrañeza. Y apuesto lo que sea a que el mío también. Se puede decir que es la primera vez que hago algo así. Pero siempre he sido un hombre que sigue a su instinto, y ahora mismo, es lo que he hecho. El único problema es que puede que mi instinto sea el que sigue a mi corazón…
- No… no hace falta. –Tartamudea.
Se la intenta quitar para devolvérmela. Pero se lo impido y la abrazo para que tenga aún más calor.
- Sí que hace. –Afirmo.
Me mira. Me pierdo en su mirada. Tiene unos ojos preciosos. Lo suficientemente perfectos como para poder engancharte a ellos. Y puede… puede que hasta ver su alma. Profundizar totalmente en ellos y ver algo más allá. Verla a ella. Sin fachadas ni personajes, si no a ella de verdad. Lo que hace me pierda totalmente en ellos.
- Gracias… –Susurra.
Frunzo el ceño. Ella levanta las comisuras de sus labios y esboza una pequeña sonrisa.
Ladeo la cabeza y miro como el agua cae frente a nosotros. Otra vez me viene a la cabeza aquella pregunta. ¿Por qué narices me tiene que interesar quién sea esa ‘persona especial’?
Me doy una bofetada mental, intentando dispersar ese pensamiento, pero viendo que no se va. Decido preguntárselo directamente.
- Oye –Digo intentando captar su atención. Me mira. –, ¿Quién… quién era esa persona tan importante que me dijiste antes? –Suelto de golpe.
*Narra ____*
Mike… otra vez hacen que vuelva a pensar en él. El problema, es que no me afecte tanto como debiera. Tendría que sentir un vacío en el pecho y un nudo en la garganta. Por lo menos es lo que me enseñaron los libros de amor que siempre he leído. Pero no, en lugar de ello, simplemente sentía algo de pena. Como si fuese un amigo más. Y todo desde que conocí a Christian… ¿tendrá él algo que ver?
Le miro. No sé que responderle a esa pregunta. Puesto que esa supuesta ‘persona especial’ no es tan ‘especial’ como se entiende. Me decido por lo más sencillo, decir su nombre y apartar el tema.
- Mike. –Digo en un suspiro.
Le miro a los ojos. No consigo descifrar lo que estos me dicen. Es borroso y confuso, pero quizás sea porque es así como él se siente en estos momentos. Pero, ¿por qué?
- Ah… –Espeta casi en un susurro.
Podría jurar que lo ha dicho con pena, decepción, desilusionado. Parece bajar la guardia, pero él sabe que eso no le pega. Así que rápidamente se recompone, aunque no diciendo lo que yo me esperaría.
- ¿Quién es tu… tu novio? –Casi escupe con asco las últimas dos palabras.
- Sí. –Asiento.
*Narra Christian*
¿Alguna vez os habéis sentido como si con una sola palabra os clavaran un hacha en el pecho? ¿Alguna vez habéis sentido que con solo una frase os tiraran un yunque al estómago? ¿Alguna vez habéis sentido que con solo un monosílabo un agujero negro aparecía en vuestro torso, consumiéndoos por dentro? Porque si lo multiplicáis por infinito más uno, daréis con lo que ahora mismo estoy experimentado.
Sin saber ni por qué, todo se me había venido a bajo. Como un castillo de arena pisado por un niño. Igual. Destrozado. Aniquilado.
Lo peor es que… Puede que ya supiese la respuesta. Sí, seguramente ya sabía lo que me iba a decir. El problema es que me empecé a engañar a mi mismo. Con falsas esperanzas hechas de polvo e irreales ilusiones hechas de pelusa. Que con solo la confirmación de la verdad, se van. Se esfuman.
Decidí que lo mejor en esos momentos era callar. No hablar. Esperar a que todo pasase y no perder los estribos ahí mismo.
Y, sin que me diera ni cuenta, ya estábamos casi en el campamento. Me había metido tanto en mis pensamientos que ni noté que caminábamos. Nunca me había pasado esto antes…

- ¡Ey, Christian! –Noto que me dice Liam.
Le miro arrugando el ceño. Pero después lo pienso bien… Estamos nosotros cuatro, solos, en una isla desierta. ¿Tan difícil sería dejar este comportamiento de ‘chico malo’ y… por lo menos… ser feliz? No creo. Necesito tener un amigo. No sé por qué, pero noto que una vocecilla dentro de mí me lo dice. ¿Tan malo sería no llevarme a palos con las personas que voy a tener que convivir Dios sabe cuanto tiempo? No, todo lo contrario. Me ayudaría a mí, y a ellos. Así que… ¡Allá voy! Christian que nunca nadie a conocido, sale a la carga. Inspiro, y sonrío.
- ¡Ey, Liam! –Exclamo. Con una sonrisa de oreja a oreja. Como siempre. El cambio está en que esta ya no es falta, irónica o vacilona. Es verdadera. Quiero ser feliz. Y… también… ¿no me merezco ser feliz? Sí, pues ya está.
Al principio, este parece un poco confuso ante mi entusiasmo, felicidad o quizás que no le he mirado como si le fuera a estrangular. ¡¿Qué!? ¿Tan malo soy? Me río en mi mente, ante este pensamiento.
- ¿Tú… tú eres Christian? –Dijo confuso, con los ojos abiertos como platos.
¡Vaya! No creí jamás que fuera capaz de sorprender tanto a una persona. Suelto una pequeña carcajada.
- Nooo. Soy monstruoooo. –Digo mientras que hago gruñidos, intentando hacer un poco el tonto, y quitarle cierta importancia a mi repentino cambio de actitud.
Liam sonríe. O lo ha pillado, o simplemente pasa del tema y prefiere que esté así, que como antes, sin importarle el por qué.
Y por primera vez, empezamos ha hacer el tonto. Como dos amigos de toda la vida. Con risas, risas y más risas. Le persigo, me persigue. Todo el rato así, divirtiéndonos. La verdad, es que no sé en que me he convertido. ¿Lo mejor? Que me da igual.
*Narra ____*
Estoy hablando con Clara de cómo era nuestra vida antes de todo esto. Ya habíamos terminado todo lo que teníamos que hacer hoy, y me apetecía hablar con ella. Parecíamos amigas de toda la vida. Si os soy sincera, me cae genial. Lo suficiente, como para que acabe de contarle toda la historia de Mike. Sí, lo admito. Se lo he dicho todo.
- ¿Entonces… ya no le hechas de menos? –Me pregunta, atónita, mi nueva amiga.
- Haber, yo no he dicho eso. Solo digo que desde que conocí a Christian… pues… eso… que no le he echado tanto de menos como creo que tuviera. –Digo mordiéndome el labio. Sabiendo que he confesado que siento algo, no sé el qué, hacia Chris.
- Ah… ¡espera, espera, espera! –Dice, como si le fuera la vida en ello. – ¿Me… me estás diciendo que sientes algo hacia Christian? –Pregunta mientras que no puede salir de su asombro.
Suspiro. Dándola a entender que sí, que lo ha entendido bien.
- Bueno –Prosigue, mirando hacia donde están ellos. Por suerte, no nos escuchan. –, hay que admitir que está muy bien. Las cosas como son.
Abro mucho los ojos y soy incapaz de soltar una gran carcajada.
- ¿Qué? –Pregunta, ahora ella, contagiada con mi risa.
Respiro hondo y me tranquilizo.
- No, nada. –Sonrío. – Que tienes razón. Y encima… es una buena persona. Cuando quiere. –Recalco eso último.
- Sí… –Asiente con la cabeza. – A mí, me lo ha demostrado en esta última media hora. En la que no ha parado de hacer el tonto con Liam ni un solo momento.
Y era cierto. Lleva mucho tiempo sin parar de reír y jugar con Liam. Es extraño, de repente, ya no parece estar enfadado con todo el mundo. Todo lo contrario. Parece que le gusta todo. Que es un chico normal. Que se puede comer al mundo si quiere. Y amo esa sensación de que con él, todo es posible.
• Unas horas más tarde. Alrededor de la hoguera.
Liam y Clara habían ido a dar un paseo por la playa. La verdad es que estaba cerca. A unos cinco minutos por un camino que habíamos descubierto.
Ahora estamos Christian y yo solos. Parece la misma historia de ayer. Solo que hoy, no estoy tan incómoda con su presencia.
Mientras que él está tumbado boca arriba, mirando a las estrellas. Yo me dispongo a poner en marcha una idea que tuve esta tarde. Os puede parecer absurda, pero para mí, en esta situación, lo que piensen los demás me importa bien poco. Voy a escribir un diario.
Cojo una libreta que tenía en mi mochila y un boli púrpura. Salgo otra vez fuera y me siento en un tronco, para comenzar a escribir.
~ Día dos.
Llevo ya dos días en esta isla, y la verdad es que no me siento especialmente mal. Cuando veía películas por la televisión de gente que había estado perdida en islas desiertas siempre me asustaba. Decían que era como un infierno. Un lugar donde la única salida es la muerte. Ý yo, no lo veo así. Sobrevivir es algo que lleva haciendo la especia humada siglos y siglos. ¿Por qué no íbamos a sobrevivir nosotros? Lo que tenemos que hacer, es mantenernos unidos. Siempre con el instinto de supervivencia, pero sin que este nos ciegue. Pero bueno, voy a dejar la parte filosófica y triste, porque a decir verdad, no es lo que ahora mismo me importa más.
En lo que no puedo parar de pensar ni un instante, es en Christian. Sí, lo sé. Diréis, “O sea, que estás en un isla desierta, perdida, y puede que llegues a morir y… ¡¿lo que te preocupa es un tío!?” Pues sí, lo siento. Pero los sentimientos son así, y no soy nadie para cambiarlos. Por ahora no os voy a decir mucho sobre él. Lo iréis averiguando poco a poco. Lo único que os voy a decir, es esto: Esto es solo el principio de una larga historia.