- _____, ¿qué haces? –Preguntó riendo una voz delante mío.
Bajo el diario y ahí le veo. Riéndose de una tontería como verme escribiendo, ¿os parece normal? Pero eso sí, no sé si alguna vez os lo he dicho, pero amo su risa. Y su nunca os lo dije, espero que ahora os haya quedado claro.
Suelto una ligera carcajada y niego con la cabeza, dándole a ver que no tiene importancia. Me levanto y dejo el diario en la tienda. Camino de nuevo a la hoguera y veo a Christian tumbado en el suelo, mirando hacia arriba y con las manos en la nuca. Dirige sus ojos hasta mi figura y con la mano, me indica que me tumbe a su lado. Primero me extraño, pero prefiero pasar de ello y hacer lo que me indica. Me tumbo.
- ¿Sabes? Hoy he notado que te comportabas diferente… No sé, como más… más simpático. ¿Feliz, tal vez? –Le miro, frunciendo el ceño.
- Sí, bueno, o eso intentaba. –Suelta una fuerte carcajada. Escalofríos.
Me mira. Con una preciosa sonrisa en la cara.
- Ya pero… no sé, estás distinto, ¿sabes? Hoy no has parado de reírte con Liam. Y yo que pensaba que te caía mal…
Suspiró.
- Sí. Pero me dí cuenta de que puede que pasemos aquí mucho tiempo. Y ya que solo somos cuatro, tendremos que intentar llevarnos lo mejor posible, ¿no?
- Este no es el Christian que todos conocíamos. –Le miro, intentando parecer asustada, pero a la vez en un tono gracioso. - ¿Dónde está? ¿Qué le has hecho? –Digo levantándome y poniendo mis manos delante mía como protegiéndome.
Él suelta una fuerte carcajada y me vuelve a mirar. Se levanta y se acerca a mí.
- Anda –Ríe. –, deja de hacer el tonto. Ya es hora de irse a dormir, así que venga, a la cama.
Coge suavemente mis muñecas y me lleva hasta la puerta.
- Oye, pero no me trates como a una niña pequeña. –Le miro mal de broma.
- Si te trato así, será porque lo eres, ¿no? –Suelta una carcajada y yo le fulmino con la mirada.
Entramos en la tienda de campaña.
- No tengo sueño. –Replico riendo.
- Pues me da igual. –Argumenta. – Es muy tarde. –Suelta otra carcajada.
- Sí, sí… Pues los otros dos siguen ahí, solitos por la playa. –Digo levantando dos veces las cejas. – A saber lo que estarán haciendo…
Un segundo de silencio. Dos. Tres. Cuatro… Y empezamos a reír.
- Venga, no, en serio. A la cama. –Dice cogiendo la manta con la que nos taparemos por las noches.
- Vale, vale…
Nos metemos debajo. Uno en frente del otro y a unos veinte centímetros de distancia.
- Oye… –Comienzo. - ¿Tú… tú crees que podremos salir de aquí? –Pregunto algo preocupada.
Por el momento, tenemos comida y agua de sobra. Pero somos cuatro, y poco a poco se irá agotando. Y tengo miedo de que si no nos rescatan pronto, no podamos sobrevivir en
esta maldita isla.
- Claro que lo creo. –Sonríe. Me tranquilizo. – Pero de todos modos, aunque tardaran mucho, podríamos sobrevivir solos. –Afirma seguro. ¿Me lee la mente o algo? –Así que tranquila, no hay motivos de preocupación. Todos queremos vivir, pero sin ninguna pérdida. A demás, ya has oído a Liam. Él sabe mucho de esto. –Levanta la mano y me acaricia el brazo. De arriba abajo. – No va a pasar nada malo.
Y puedo jurar que en estos momentos, cuando se comporta así, es una de las mejores personas que he conocido jamás. Se me estruja el corazón con solo pensar en las palabras que ha dicho. Y encima, me ha tranquilizado como nadie.
- Gracias. –Sonrío. – De veras, no sé que haría sin ti.
- Pues vivir mejor. –Dice riendo.
- Oye. –Le miro con desaprobación. – Eso es mentira, así que calla.
Empiezo a temblar. Hace frío. Mucho frío. No lo entiendo, en serio. Por el día hace un calor tremendo normalmente y por la noche, parece que va a nevar.
- ¿Tienes frío? –Pregunta en un tono algo preocupado.
- No, no. –Niego, rodeándome con mis propios brazos para proporcionarme calor
- Ala, no me mientas. Ven aquí. –Dice abriendo los brazos, seguramente para que le de un abrazo.
- Que no, en serio, no te quiero molestar. –Digo sincera.
- ¡Pero que no me molestas! –Exclama sonriendo.
Se acerca él a mí y me envuelve entre sus brazos. La verdad es que sí que se está mejor. Pero… No sé, no quería causarle molestias. La abrazo aún más fuerte. Me acaricia la espalda poquito a poco, produciéndome escalofríos por toda la espalda. Nunca pensé que durmiendo al lado de un chico que había conocido iba a sentirme tan cómoda. Pero sí que tengo unas sensaciones geniales. Y lo mejor, ya no tengo frío.
- ¿Estás dormida? –Me pregunta susurrando al oído.
- No, y por lo que veo tú tampoco. –Suelto una pequeña risa.
*Narra Christian*
Puff, para estar dormido con ella así. En serio que no me molesta, lo contrario, me encanta estar así con ella. Abrazados y que no haya ningún problema por ello, aunque solo sea porque tiene frío. Y sí, he dicho que no podía dormir con ella así, pero es solo porque ya que estamos de esta manera, Dios sabrá por qué, tengo la necesidad de estar consciente de todo.
Y sí, lo admito, me asusta el hecho de que me encante estar con _____. ¡Pero no lo puedo evitar! ¿Alguien tiene la culpa de mis sentimientos? No, y yo tampoco.
- La verdad es que no puedo dormir. –Me dice, susurrándomelo al oído.
Y un millón de escalofríos me recorren de la cabeza a los pies. Intento que no se de cuenta de las sensaciones que produce en mi cuerpo. Pero creo que me va a ser imposible, porque son muchas y enormes. Suspiro.
- No, ni yo tampoco. –Suelto una carcajada casi insonora.
Inspira fuertemente y arquea levemente la espalda. Como si hubiese provocado alguna reacción en ella.
Y otra vez esta pregunta en mi mente. No lo puedo evitar, y ahora ya me da igual lo que piense que siento, porque creo que hasta sería cierto.
Respiro hondo.
- ¿Te puedo hacer una pregunta?
Supongo que tendrá una mirada extrañada, pero noto que asiente con la cabeza.
- Sí, claro. Lo que quieras. –Dice, presupongo que esta sonriendo.
- ¿Tú… tú sigues amando a Mike?
Lleva sus hombros hacia atrás, respirando profundamente.
Me preparo para cualquier respuesta, la que sea. Cierro los ojos muy fuerte. Por mucho daño que me haga, quiero saberlo ya. Quiero que sea sincera conmigo, porque me lo voy a admitir a mi mismo, por primera vez. Ya no me voy a engañar más. Ella, no es una persona más en mi vida. No es como los demás. Todavía no es mi corazón, pero que creo que está de camino a ello. Siento cosas diferentes cuando me abraza, cuando me habla. ¿Por qué? Porque ____ es alguien especial en mi vida. Y ya no me lo voy a negar más. No, ya no. Porque es más que evidente.
- No, ya no. –Responde costosamente.
De repente, me parece que todo se ha iluminado. ¿En serio…? ¿Ya no lo ama? ¿No? Eso ha sido lo mejor que he oído, lo admito. Y por primera vez, creo que hay una esperanza. Esperanza de que algo pudiera pasar entre ella y yo. Bueno, puede que no por ahora. Pero el primer paso, y seguramente uno de los más difíciles, está hecho. Aunque me quede mucho camino aún por recorrer con ella, sé que merecerá la pena.
- ¿Y eso? –Pregunto, curioso. Aunque lo que de vedad intento es que no noté mi nerviosismo ante sus respuestas.
Elevó los hombros.
- No sé…–Comenzó a decir. – Desde que hemos llegado aquí, ya nada es igual…
Todo lo dice indecisa, pero a la vez segura. Como si supiera el por qué, pero me lo estaba ocultado y no quería dar un paso en falso.
Sonrío pensando que puede, en alguno de mis sueños, ella se sienta así por mí. Pero claro, todo eso es una ilusión. No creo que pase jamás. Sería demasiado para alguien que es tan poquita cosa como yo.
- Ah… –Dije, intentando que mis pensamientos y teorías no afectaran en mi forma de hablar.
Bosteza.
- Creo que alguien tiene sueño ya… -Digo abrazándola un poco más fuerte.
Ella gruñe, haciendo unos sonidos extraños y se revuelve un poco, pero sin dejar de rodearme con sus brazos.
- Buenas noches, Chris.
- Buenas noches, ______.
No hay comentarios:
Publicar un comentario