*Narra Christian*
Llevamos mucho tiempo sin hablar y una terrible tormenta nos a pillado de improviso. Estamos sentados bajo un árbol, la verdad es que hace muchísimo frío. Pero lo peor de todo ahora mismo, es el incómodo silencio que nos invade. Me obligo a mí mismo a empezar un tema de conversación adecuado para los dos, porque ella misma no creo que lo vaya a hacer. Y pienso… ¿y si pregunto quién ese persona tan especial que ha dicho? La verdad es que me asusta el hecho de querer preguntárselo. Porque si en serio me diera igual ella, no me importaría eso. Simplemente no me importaría nada. No me hubiera importado que anoche se hubiera ido y perdido, no me hubiera importado que se pusiese a llorar y sobre todo, no me importaría la respuesta a esta pregunta.
La miro. Está a un medio metro de mí, y seguramente porque si se va más para allá, se moja. Está abrazándose a sí misma y temblando levemente. Solo tiene una camiseta de tirantes, suerte que yo me traje una chaqueta. Me acerco a ella rápidamente. Me mira frunciendo el ceño. Pero yo me quito la chaqueta y se la pongo por encima. Ahora su rostro más bien refleja extrañeza. Y apuesto lo que sea a que el mío también. Se puede decir que es la primera vez que hago algo así. Pero siempre he sido un hombre que sigue a su instinto, y ahora mismo, es lo que he hecho. El único problema es que puede que mi instinto sea el que sigue a mi corazón…
- No… no hace falta. –Tartamudea.
Se la intenta quitar para devolvérmela. Pero se lo impido y la abrazo para que tenga aún más calor.
- Sí que hace. –Afirmo.
Me mira. Me pierdo en su mirada. Tiene unos ojos preciosos. Lo suficientemente perfectos como para poder engancharte a ellos. Y puede… puede que hasta ver su alma. Profundizar totalmente en ellos y ver algo más allá. Verla a ella. Sin fachadas ni personajes, si no a ella de verdad. Lo que hace me pierda totalmente en ellos.
- Gracias… –Susurra.
Frunzo el ceño. Ella levanta las comisuras de sus labios y esboza una pequeña sonrisa.
Ladeo la cabeza y miro como el agua cae frente a nosotros. Otra vez me viene a la cabeza aquella pregunta. ¿Por qué narices me tiene que interesar quién sea esa ‘persona especial’?
Me doy una bofetada mental, intentando dispersar ese pensamiento, pero viendo que no se va. Decido preguntárselo directamente.
- Oye –Digo intentando captar su atención. Me mira. –, ¿Quién… quién era esa persona tan importante que me dijiste antes? –Suelto de golpe.
*Narra ____*
Mike… otra vez hacen que vuelva a pensar en él. El problema, es que no me afecte tanto como debiera. Tendría que sentir un vacío en el pecho y un nudo en la garganta. Por lo menos es lo que me enseñaron los libros de amor que siempre he leído. Pero no, en lugar de ello, simplemente sentía algo de pena. Como si fuese un amigo más. Y todo desde que conocí a Christian… ¿tendrá él algo que ver?
Le miro. No sé que responderle a esa pregunta. Puesto que esa supuesta ‘persona especial’ no es tan ‘especial’ como se entiende. Me decido por lo más sencillo, decir su nombre y apartar el tema.
- Mike. –Digo en un suspiro.
Le miro a los ojos. No consigo descifrar lo que estos me dicen. Es borroso y confuso, pero quizás sea porque es así como él se siente en estos momentos. Pero, ¿por qué?
- Ah… –Espeta casi en un susurro.
Podría jurar que lo ha dicho con pena, decepción, desilusionado. Parece bajar la guardia, pero él sabe que eso no le pega. Así que rápidamente se recompone, aunque no diciendo lo que yo me esperaría.
- ¿Quién es tu… tu novio? –Casi escupe con asco las últimas dos palabras.
- Sí. –Asiento.
*Narra Christian*
¿Alguna vez os habéis sentido como si con una sola palabra os clavaran un hacha en el pecho? ¿Alguna vez habéis sentido que con solo una frase os tiraran un yunque al estómago? ¿Alguna vez habéis sentido que con solo un monosílabo un agujero negro aparecía en vuestro torso, consumiéndoos por dentro? Porque si lo multiplicáis por infinito más uno, daréis con lo que ahora mismo estoy experimentado.
Sin saber ni por qué, todo se me había venido a bajo. Como un castillo de arena pisado por un niño. Igual. Destrozado. Aniquilado.
Lo peor es que… Puede que ya supiese la respuesta. Sí, seguramente ya sabía lo que me iba a decir. El problema es que me empecé a engañar a mi mismo. Con falsas esperanzas hechas de polvo e irreales ilusiones hechas de pelusa. Que con solo la confirmación de la verdad, se van. Se esfuman.
Decidí que lo mejor en esos momentos era callar. No hablar. Esperar a que todo pasase y no perder los estribos ahí mismo.
Y, sin que me diera ni cuenta, ya estábamos casi en el campamento. Me había metido tanto en mis pensamientos que ni noté que caminábamos. Nunca me había pasado esto antes…
- ¡Ey, Christian! –Noto que me dice Liam.
Le miro arrugando el ceño. Pero después lo pienso bien… Estamos nosotros cuatro, solos, en una isla desierta. ¿Tan difícil sería dejar este comportamiento de ‘chico malo’ y… por lo menos… ser feliz? No creo. Necesito tener un amigo. No sé por qué, pero noto que una vocecilla dentro de mí me lo dice. ¿Tan malo sería no llevarme a palos con las personas que voy a tener que convivir Dios sabe cuanto tiempo? No, todo lo contrario. Me ayudaría a mí, y a ellos. Así que… ¡Allá voy! Christian que nunca nadie a conocido, sale a la carga. Inspiro, y sonrío.
- ¡Ey, Liam! –Exclamo. Con una sonrisa de oreja a oreja. Como siempre. El cambio está en que esta ya no es falta, irónica o vacilona. Es verdadera. Quiero ser feliz. Y… también… ¿no me merezco ser feliz? Sí, pues ya está.
Al principio, este parece un poco confuso ante mi entusiasmo, felicidad o quizás que no le he mirado como si le fuera a estrangular. ¡¿Qué!? ¿Tan malo soy? Me río en mi mente, ante este pensamiento.
- ¿Tú… tú eres Christian? –Dijo confuso, con los ojos abiertos como platos.
¡Vaya! No creí jamás que fuera capaz de sorprender tanto a una persona. Suelto una pequeña carcajada.
- Nooo. Soy monstruoooo. –Digo mientras que hago gruñidos, intentando hacer un poco el tonto, y quitarle cierta importancia a mi repentino cambio de actitud.
Liam sonríe. O lo ha pillado, o simplemente pasa del tema y prefiere que esté así, que como antes, sin importarle el por qué.
Y por primera vez, empezamos ha hacer el tonto. Como dos amigos de toda la vida. Con risas, risas y más risas. Le persigo, me persigue. Todo el rato así, divirtiéndonos. La verdad, es que no sé en que me he convertido. ¿Lo mejor? Que me da igual.
*Narra ____*
Estoy hablando con Clara de cómo era nuestra vida antes de todo esto. Ya habíamos terminado todo lo que teníamos que hacer hoy, y me apetecía hablar con ella. Parecíamos amigas de toda la vida. Si os soy sincera, me cae genial. Lo suficiente, como para que acabe de contarle toda la historia de Mike. Sí, lo admito. Se lo he dicho todo.
- ¿Entonces… ya no le hechas de menos? –Me pregunta, atónita, mi nueva amiga.
- Haber, yo no he dicho eso. Solo digo que desde que conocí a Christian… pues… eso… que no le he echado tanto de menos como creo que tuviera. –Digo mordiéndome el labio. Sabiendo que he confesado que siento algo, no sé el qué, hacia Chris.
- Ah… ¡espera, espera, espera! –Dice, como si le fuera la vida en ello. – ¿Me… me estás diciendo que sientes algo hacia Christian? –Pregunta mientras que no puede salir de su asombro.
Suspiro. Dándola a entender que sí, que lo ha entendido bien.
- Bueno –Prosigue, mirando hacia donde están ellos. Por suerte, no nos escuchan. –, hay que admitir que está muy bien. Las cosas como son.
Abro mucho los ojos y soy incapaz de soltar una gran carcajada.
- ¿Qué? –Pregunta, ahora ella, contagiada con mi risa.
Respiro hondo y me tranquilizo.
- No, nada. –Sonrío. – Que tienes razón. Y encima… es una buena persona. Cuando quiere. –Recalco eso último.
- Sí… –Asiente con la cabeza. – A mí, me lo ha demostrado en esta última media hora. En la que no ha parado de hacer el tonto con Liam ni un solo momento.
Y era cierto. Lleva mucho tiempo sin parar de reír y jugar con Liam. Es extraño, de repente, ya no parece estar enfadado con todo el mundo. Todo lo contrario. Parece que le gusta todo. Que es un chico normal. Que se puede comer al mundo si quiere. Y amo esa sensación de que con él, todo es posible.
• Unas horas más tarde. Alrededor de la hoguera.
Liam y Clara habían ido a dar un paseo por la playa. La verdad es que estaba cerca. A unos cinco minutos por un camino que habíamos descubierto.
Ahora estamos Christian y yo solos. Parece la misma historia de ayer. Solo que hoy, no estoy tan incómoda con su presencia.
Mientras que él está tumbado boca arriba, mirando a las estrellas. Yo me dispongo a poner en marcha una idea que tuve esta tarde. Os puede parecer absurda, pero para mí, en esta situación, lo que piensen los demás me importa bien poco. Voy a escribir un diario.
Cojo una libreta que tenía en mi mochila y un boli púrpura. Salgo otra vez fuera y me siento en un tronco, para comenzar a escribir.
~ Día dos.
Llevo ya dos días en esta isla, y la verdad es que no me siento especialmente mal. Cuando veía películas por la televisión de gente que había estado perdida en islas desiertas siempre me asustaba. Decían que era como un infierno. Un lugar donde la única salida es la muerte. Ý yo, no lo veo así. Sobrevivir es algo que lleva haciendo la especia humada siglos y siglos. ¿Por qué no íbamos a sobrevivir nosotros? Lo que tenemos que hacer, es mantenernos unidos. Siempre con el instinto de supervivencia, pero sin que este nos ciegue. Pero bueno, voy a dejar la parte filosófica y triste, porque a decir verdad, no es lo que ahora mismo me importa más.
En lo que no puedo parar de pensar ni un instante, es en Christian. Sí, lo sé. Diréis, “O sea, que estás en un isla desierta, perdida, y puede que llegues a morir y… ¡¿lo que te preocupa es un tío!?” Pues sí, lo siento. Pero los sentimientos son así, y no soy nadie para cambiarlos. Por ahora no os voy a decir mucho sobre él. Lo iréis averiguando poco a poco. Lo único que os voy a decir, es esto: Esto es solo el principio de una larga historia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario