lunes, 30 de enero de 2012

Capítulo 7.

*Narra Christian*
La aferro aún más a mí. Abrazándola con todas mis fuerzas. Cada vez estoy más convencido que esto de separarnos en grupos es una magnífica idea.
Aunque una duda aparece en mi mente: ¿Por qué de repente le entró tal necesidad de abrazarme cómo para tener que preguntármelo? Sinceramente, hasta que no esté completamente seguro, prefiero vivir el momento. El momento junto a ella.
- Gracias. –Dice con una tierna sonrisa mientras se separar poco a poco de mí.
Y por mucho que no la quiera dejar escapar de entre mis brazos, lo tengo que hacer.
- No tienes porque darlas. Para eso estamos, ¿no? –Digo sonriendo falsamente sin que se note, ocultando la tristeza que me produce el hecho de que ‘solo me vea como a un amigo’.
Pero después lo pienso y,… Sinceramente, prefiero que me tenga como alguien en que puede confiar y alguien con quién hablar. A que me tenga como una persona que ni si quiera le preocupe lo más mínimo. Mejor eso, que nada.
Ella sonríe. Esa sonrisa dulce y sincera que siempre me deslumbra.
- Bueno, ¿continuamos? –Cuestiona, ya preparada para comenzar a andar.
Sacudo la cabeza, intentando sacar todos estos pensamientos de la cabeza. Tarea imposible, por lo que veo. Así que me decanto a que por lo menos pueda hacer dos cosas a la vez.
- Claro, vamos. –Intento sacar una de mis mejores sonrisas y ponemos rumbo de nuevo, a un lugar conocidamente desconocido.
Árboles, árboles y árboles. Es básicamente el elemento principal que compone este paisaje desértico. Llevamos como una media hora andando, sin hablar. Por suerte, no me siento incómodo por mucho silencio que nos invada. Aunque prefiero conversar con ella, así que, inspiro, me tranquilizo y hablo.
- Bueno y… ¿Qué hacías antes de qué… bueno, ya sabes, de que todo esto sucediera? –Digo, casi sin pensar.
Se lo piensa un momento.
- Pues yo estaba estudiando en la universidad. –Musita, curvando los labios produciendo una sonrisa triste, amarga.
- ¿Qué carrera? –Cuestiono, intentando no empeorar la situación, si no, mejorarla.
- Física. –Masculla. – Pero no se la recomiendo a nadie, es súper difícil. Creo que nunca la entenderé del todo, por mucho que quiera y que me esfuerce. –Dice, algo más divertida.
Esbozo una sonrisa.
- Recuerdo… que yo en el instituto no era del todo malo en física.
- Pero por lo que creo, se te daba mejor la química. –Dice, en un tono extraño.
Me paro a pensar. “¿Qué?” Es lo primero que se me ha pasado por la cabeza. Pero después lo pienso, y en unos segundos caigo en el doble sentido que le ha dado a mi frase normal e inocente.
- Bueno… No te diría yo que no. –Digo, divertido. Siguiéndole el rollo.
Ella suelta una sonora carcajada y continua con una sonrisa.
- Y… ¿Tú que hacías antes de todo esto? –Cuestiona.
En ese momento caigo en el por qué de la frase “Piensa antes de hablar.” No quería contarle todo mi pasado, y por ello tendría que haber evadido el tema. Pero no, como soy tan inteligente, se lo puse en las narices. Nótese la ironía.
Respiro hondo. Nunca me he avergonzado de mi pasado. ¿Por qué ahora sí? ¿Por qué no quiero decirle todo lo que hice? Pues porque temo que me odie. Y ahora, pensando en mis hechos anteriores, creo que yo también me odiaría si fuese ella. Así que, si cuando se lo cuente no quiere volver a saber nada más de mí, lo entenderé. Por muchísimo que me duela.
- Pues… Bueno, cómo sabrás, no era un angelito. –Asiente. Se para y nos quedamos mirándonos. – Era un criminal. –Casi escupí. Me costó la vida decirlo. – Nunca maté a nadie. –Aclaré. – Pero sí que cometí algún atraco a mano armada y trafiqué. –Trago saliva sonoramente.
Cierro fuertemente los ojos y luego los abro, para espera su reacción. El brillo de sus ojos se apaga y un instante, se vuelen vidriosos, cristalinos. Me maldigo por ello.
- Pero… tú… ¿tú querías hacer todo eso? –Pregunta, en un hilo de voz.
- No, no quería. –Afirmo, seguro. – Pero no siempre la vida es fácil, ______. Tú eres rica, tú padre es rico. Yo no lo era. Vivía en uno de los barrios más pobres que jamás podrás conocer. Allí, la delincuencia, ser camello y atracar, hasta incluso matar, estaban al orden del día. No era nada fuera de lo común. –Inspiro. – Se podría decir que era cómo la ley del más fuerte. Y créeme ______, no es nada sencillo vivir así.
Y sin darme cuenta, recordando todos aquellos momentos del pasado, he comenzado a llorar. ¿Christian Beadles llorando? Eso lo dices por ahí y no se lo cree nadie. Más bien, creerías que estás loco. Y mira, ha sucedido.
Ella, al observar mi reacción se acerca a mí, aún con agua a punto de salir de sus ojos, y me quita la que ya ha salido por los míos de mis mejillas.
- Siento haber sacado el tema. –Admite, con voz culpable.
Niego con la cabeza algo agachada.
- Tranquila, no es tu culpa. Tú no sabías nada de esto. –Digo, intentando que no se preocupe.
Ella se muerde el labio inferior, dolida.
- Ya, pero de todos modos saqué yo el tema. Así que lo siento. –Limpia un poco más el rastro de mis lágrimas de mis mejillas.
Cuando acaba, apoyo mi mano derecha en su moflete izquierdo y lo acaricio suavemente. Sonrío y, al instante, ella también. ‘Clic’ oigo sonar en mi corazón. ‘Pum… Pum… Pumpumpum’ El ritmo de este se acelera y no consigo entender como con tan poco, me hace sentir tanto.
Querría poder decirle todo lo que siento. Todas mis preguntas y confusiones sobre estas nuevas sensaciones. Saber si ella siente lo mismo, o por lo menos, si sabe el ‘por qué’ de que las sienta. ¿Es normal esto? En mí, por lo menos, no. Y eso es casi lo que más me asusta. El hecho de un nuevo sentimiento. ¿Por qué? Porque si no lo he sentido antes, significa que es especial. Significa que ella es especial. Y creo que eso es lo que verdaderamente me da miedo. Admitir que ______ es mucho más para mí que cualquier otra persona en este mundo. Y cuando de verdad demuestre mi valentía, será cuando tenga el coraje y valor de decirle todo esto. Con las palabras textuales.
- ¿Ya es tan tarde? –Pregunta con el ceño fruncido, mirando al cielo.
Levanto la vista y puedo observar un firmamento oscuro, con estrellitas brillantes dándole vida. ¿Es de noche? Pues tengo que decir que se me ha pasado muy rápido el día de hoy.
- Pues parece que sí. –Musito, curvando el labio.
La vuelvo a mirar y ella me observa, expectante. Seguramente esperando alguna reacción más por mi parte. Y así hago.
- Mejor dormimos hoy aquí. –Le propongo y asiente.
Comenzamos a poner la tienda y en quince minutos ya está todo preparado. Ambos nos sentamos en el suelo de la cabaña, ya que fuera hace mucho frío. Y me pongo a leer un libro.
*Narra ______*
Como Chris se ha puesto a leer, decido que es hora de reanudar mi ‘Diario’. Lo cojo y continúo escribiendo.
~ Día tres.
Sí, sigo aquí. Pero ahora estamos solo Christian y yo. Nos hemos separado para ‘buscar’ a alguien más o algo con lo que sobrevivir mejor. Clara y Liam están saliendo, así que tenía más que claro que me iba a tocar con él. Pero ¿sabéis? Me siento mejor así. Y la verdad… No me importaría tener que estar ‘perdida’ por ahí más de una semana…
Como tengo sueño, dejo a un lado el ‘Diario’ y me tumbo, tapándome con la manta. Levanto la mirada y veo que Christian me observa, con una sonrisa. Se la devuelvo.
- ¿Vas ya a dormir? –Deja el libro a un lado.
- Sí. –Bostezo. – Anoche no dormí mucho y, encima con todo lo que hemos hecho hoy, no puedo más. –Me acomodo un poco más en la cama.
- Pues yo también. –Dice y bosteza.
Coge el libro, lo deja a un lado y se mete bajo su manta.
*Narra Christian*
Estamos en frente uno del otro, separados por más o menos medio metro, pero aún así, la siento lejos. Aunque anoche por culpa de dormir abrazados no dormí casi nada, prefiero estar como ayer. Es una especie de necesidad, y se me está yendo de las manos. Y eso, me da miedo. Mucho. Pero a la vez, me encanta. ¿Tantas sensaciones siento con ella que hasta muchos son sentimientos opuestos?
Un sonido repetitivo interrumpe mis pensamientos. La miro y descubro que sus dientes están haciendo ruido por el frío. Y en este momento, sin miedo ni nada por el estilo, voy a su lado y le abrazo. Ella se acurruca en mi pecho y yo, no puedo evitar sonreír.
- Gracias. –Murmura.
Me la imagino sonriendo y suelto una risita. Ella se estremece, y aunque intente que no lo note, sí que lo hago.
La aferro más a mí y ella me abraza fuerte. Inspiro y sonrío sin remedio. Me siento bien. Me siento muy bien.
Estamos como un minuto así, cuando de repente, oímos un ruido fuera. Se exalta y pega un respingo. Sé que en estas situaciones lo mejor es quedarse quieto en el sitio, bien cubierto. Porque si es un animal, de esa manera no te va a hacer nada. Y si es alguien que… Bueno, que te va a hacer ‘algo malo’, es más posible que no te vea.
Entonces, agarro a ______ fuerte, y nos encierro en las dos mantas, dejando solo un pequeño orificio para poder respirar. Ella me mira interrogativa.
- ¿Qué ha sido ese ruido? –Pregunta, angustiada.
- No lo sé muy bien. –Admito. – Pero parecía algún ser vivo… Así que quédate aquí mientras que yo voy a mirar lo que es, ¿vale?
Me dispongo a salir de la ‘fortaleza’ cuando me agarra con fuerza y me vuelve a abrazar, impidiéndome salir.
- ¿Qué haces? –Pregunto también abrazándola, algo preocupado por su reacción.
- No, no te vayas… Por favor. –Me pide, susurrándomelo al oído.
Siento un escalofrío recorrer mi espalda.
- ¿Por qué? –Consigo preguntar, intentando dejar a un lado todas estas sensaciones.
_______ se queda en silencio. Caigo en una idea.
- ¿Qué es que te da miedo quedarte sola? –Cuestiono. – Tranquila, que en serio, no va a pasar nada… –Me interrumpe.
- No, no es eso. –Afirma en un tono seguro. – Lo que pasa… es que… bueno…
No acaba de decirlo y eso me pone de los nervios.
- ¿El qué? –Le pregunto. – Puedes confiar en mí, no se lo voy a decir a nadie ni me voy a reír, o algo por el estilo. –Digo en un tono serio, intentando convencerla.
Ella respira profundo y después, me abraza más fuerte.
- ¿Y… y si lo que hay ahí fuera… te hace algo malo? –Cuestiona con dificultad y en un tono asustado.
En ese momento. En ese mismo segundo, algo se enciende dentro de mí. Puede que sea la llama de la esperanza, o la luz de los sueños que se pueden hacer realidad. Pero el hecho de que ella, mi ______, se preocupe por que me pueda pasar algo ahí fuera, me ha llegado al corazón.
No, no sé el por qué. Pero ahora mismo, me da igual. Lo único que quiero es parar el tiempo, y quedarme así, abrazado a ella. Por lo menos por la eternidad, aunque eso, sea solo el principio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario