*Narra ____*
Me despedí con un fuerte abrazo de mi amiga Dai y me subí al avión. Por lo que sé, los vuelos Japón-Nueva York son bastante largos, así que me hice a la idea de que iba a tener que pasar bastante tiempo en ese avión.
Miro el reloj ansiosa de que den y cuarto. Quiero despegar ya. Porque, cuanto antes empecemos, antes acabaremos. Suspiro y me hecho un poco para atrás en el sillón. Siento algo que recorre mi estómago; estoy nerviosa. Froto el contorno de mis ojos y bostezo.
Miro a los lados. Estoy en primera clase y soy la única en esta sala. Es extraño, pero paso de ese detalle y dirijo mi vista al frente, todavía recuerdo unas palabras de mi padre: “Recuerdo que una vez estaba yo solo en primera clase. De repente vi como entraba un hombre esposado junto con cinco policías. Y si alguna vez te pasa, hija mía, tú tranquila. Te aseguro que nada malo va a pasar.”
Y claro, cuando antes lo pienso, antes sucede.
*Narra Christian*
Esa sensación de adrenalina cuando te detienen y sabes que no van a poder acusarte de ser el culpable de los cargos de los que se te acusa, es gratificante. Saber que están perdiendo el tiempo perdiendo llevándome a Nueva York para que acuda a mi juicio, me hace gracia.
- A tenido usted mucha suerte, Beadles –me dice el policía que se encuentra a mi derecha. –, va a viajar usted en primera.
Elevo una ceja divertido. ¿Y? ¿Qué se piensa ese que esa estupidez me importa lo más mínimo? Ni que eso me fuera a cambiar la vida…
Y no sabe lo cuanto que se equivoca. Solo por una coincidencia de la avería de un avión, su vida va a cambiar de una manera inaudita.
Christian junto a los cinco policías que lo rodean, entran por las puertas del avión y la azafata, abre una cortina. Y por solo esa acción, algo salta. Una estrella explota. Un cristal se resquebraja en mil pedazos. Una mota de polvo de convierte en magia. Algo sucede. Un simple movimiento que se realiza a diario, a cambiado dos vidas.
Se miran. Ella le mira por su anterior pensamiento y la ‘coincidencia’,o destino, de que él, justamente él, este entrado a través de esa cortina. Y él la mira. Mil y un millones de sensaciones a la vez. Se desconciertan y sus miradas se enganchan. No saben por qué, pero sucede. Y ya nada volverá a ser igual.
¿Quién era ella? ¡Yo nunca miro así a ninguna chica!
- ¿Quién es? –Pregunto en bajo a uno de los policías que está a mi lado.
- ¿No lo sabes? –Pregunta anonadado, como si fuera algo de instinto humano saberlo. – Es la hija del multimillonario Robert McDaniels.
La miré. Puede que no fuera una chica diez, pero sentí algo dentro de mí al mirarla. Raro… muy raro. Y lo más extraño de todo: querría que el viaje durara más.
Sin darme cuenta, me había quedado mirándola.
- No creas que vas a poder conseguirla. –Musitó uno de los policías. Fruncí el ceño. – Es demasiado rica e importante para ti.
- No creía nada. –Afirmé seguro por fuera e inseguro por dentro.
Volví a mirarla de reojo. Y tuve la sensación de que pasaría mucho tiempo a su lado.
[…]
Habían pasado… dos horas cuarenta y seis minutos y treinta y dos segundos desde que nos montamos en este avión. Solo he hecho dos cosas: mirar la hora y mirarla a ella de reojo.
Levanté un poco la vista y pude ver el océano. El océano Pacífico. Entonces, salta una alarma.
- Estamos pasando por un zona de turbulencias –dijo una voz. –. Por favor, cálmense y abróchense los cinturones. Si la presión en cabina baja, recuerden que aparecerán unas mascarillas.
Uno de los policías me abrochó el cinturón, ya que estaba esposado y todos se abrocharon el suyo. Miré hacia la izquierda y la vi. También se había abrochado el cinturón, pero parecía algo preocupada. Volví mi vista al frente y respiré hondo. Nada malo podría pasar.
Otra alarma, pero ahora las mascarillas bajan. Menos mal, me estaba empezando costar respirar. Rápidamente uno de los hombres me la ponen y inspiro fuertemente. ¿Qué coño está pasando? Y de repente, no siento la cabeza. Todo me da vueltas. Oigo gritos y gritos, pero nada más. Otra alarma. Empiezo a ver borroso y noto cómo descendemos rápidamente. Respiro de nuevo y ya no siento nada. Nada…
Miles de pájaros exóticos alzan el vuelo por el estruendo. Un avión a caído sobre una isla hace apenas cinco segundos. Se ven llamas salir de aquella bomba aerodinámica, ¿sobrevivirá alguien?
*Narra ____*
Me duele todo, pero eso es buena señal. Significa que sigo viva. Con fuerzas que no sé ni de donde las saco, me levanto y evitando las llamas de fuego salgo del avión tosiendo a más no poder. Estoy mareada y me tiré en el suelo a unos quince metros y cierro los ojos fuertemente. Me encuentro fatal, siento como si mi cuerpo pesara mil veces más de lo normal. Entonces, escucho a otra persona tosiendo. Miro. Era él, el supuesto criminal. Tiene los ojos medio cerrados y la respiración agitada. Y otra persona más sale del avión. No sé quién es pero tiene la cara negra y ambos se tumban cerca de mí.
Relajo todos mis músculos intentando no tensarme por mucho dolor que sienta. Pasan unos minutos y abro los ojos. Me incorporo como puedo con mis codos y miro alrededor. Estamos en una isla, pero no es Hawai ni nada parecido, si no que es una isla desierta. Espera… ¡¿estamos atrapados en una isla desierta!?
No ____ no. Tranquilízate. No va a pasar nada malo. Y por muy hipócrita que esté siendo respiro hondo y me levanto.
- Ah… –Grito bajo.
Siento que algo me está desgarrando mi pierna derecha. Cierro los ojos un instante. Los abro y la miro. Tiene un trozo de hierro alargado y fino clavado. Está sangrando bastante. Sé que la tengo que quitar, pero yo sola no puedo. Me siento con las manos tapando la herida y las lágrimas comienzan a recorrer mis mejillas. Estoy en una isla perdida y con una herida en la pierna sin saber que hacer. Me quiero morir.
- Espera. –Oigo una voz grave cerca de mí. Dirijo la vista al frente y el chico que estaba esposado está arrodillado con una mano en mi pierna. – No te muevas. Te va a doler un poco. –Se arrancó un poco del pantalón vaquero que llevaba y me lo dio. – Póntelo en la boca y muérdelo fuerte. –Parecía seguro de lo que decía así que le obedecí.
Cerré los ojos y de repente sentí una enorme presión en la pierna. Me dolía mucho. Estrujé el trozo de tela con mis dientes lo más que pude. Justo entonces paró. Abrí los ojos, que por cierto estaban empañados y vi como se quitaba la camiseta, la rompía y me vendaba la herida. Lo apreta bien y me mira.
- ¿Dónde estamos? –Le pregunto mientras que está mirando al cielo.
Observo su torso. Hay que decir que chico está muy bien. Sí, sí. Está en su forma.
Sacudo la cabeza. No, ____, deja esos pensamientos ya, anda.
- Ni lo sé, ni creo que eso vaya a cambiar las cosas. –Lleva su mano a su estómago. Tiene un moratón. – Pero parece que vamos a tener que pasar un tiempo aquí.
- Seguramente… –me levanto con cuidado. Hago una mueca con la cara. Duele un poco, pero tampoco mucho. – Por cierto, gracias.
Él me mira. Frunce el ceño, indiferente. Sé que se está intentando hacer el fuerte. Intenta parecer el ‘guay’ pasota. Pero me acaba de demostrar que es una persona con un gran corazón. Aunque tenga que presentarse una situación de riesgo para que lo demuestre.
Oigo un gruñido. Ladeo mi cabeza y veo al otro. Se acaba de levantar del suelo y se sacude la arena. Me mira. Anda unos pasos hacia a mí.
- ¿Estás bien? –Me pregunta. Mira mi pierna preocupado.
- Sí, gracias. –Esbozo una pequeña sonrisa, como puedo.
Aparece un silencio un tanto incómodo entre nosotros. Por suerte, lo rompe.
- Me llamo Liam, encantado. –Sonríe y se acerca a mí, dándome dos besos.
- Yo soy ____, encantada Liam.
Giro la mirada.
- ¿Y tú? –Pregunto al otro.
- Christian, Christian Beadles.
Y otra vez aparece ese silencio. Miro la arena. Es clara y pequeñita. Igual a la que yo odiaba de pequeña. Siempre que papá me llevaba a una playa con esta arena, me ponía histérica. Lo que daría por volver atrás en el tiempo y pararlo. Ahora mismo todo eso parece tan ridículo…
- Bueno, ¿y ahora qué? –Pregunto rompiendo el silencio.
- ¿Ahora qué…? ¿Qué? –Pregunta Liam frunciendo el ceño. Perdido.
- Pues eso, qué ahora qué. Estamos perdidos en una isla. ¿Gritamos, nos ponemos histéricos, corremos…? O ¿Nos tranquilizamos, nos sentamos y hablamos? –Levanto los hombros.
- Ni idea. –Responde Christian.
- Yo creo –empieza Liam –, que lo mejor sería, ya que es pronto, montar una casa o algo, ¿no?
- Ya claro listo, ¿y cómo? –Dice el supuesto ‘criminal’.
- Bueno, menos, eh. –Se pone a la defensiva. – Pues yo fui Boy Scout y lo que aprendí, fue que lo mejor es hacerla de madera. En un lugar elevado, a poder ser un árbol. Y lo único, atar las maderas con cuerdas o lianas. Algo así.
- Bueno, pues cuanto antes la empecemos, antes la acabaremos, ¿no? –Esbocé media sonrisa.
- ¡Cuidado! –Grita Liam. Se agacha.
No sé a qué se refiere. Estoy desconcertada y me quedo de pié, sin saber que hacer. De repente Christian me empuja fuertemente y nos caemos al suelo de tal forma que él queda encima de mí. Oigo una explosión. El avión acaba de explotar. Miles de trozos de este salen disparados. Cierro muy fuerte los ojos mientras que él me tiene ‘abrazada’. Tras unos minutos, todo acaba. Pero noto su respiración pausada muy cerca de mí. Y en ese momento, me doy cuenta de que ya nada volverá a ser igual.
No hay comentarios:
Publicar un comentario