lunes, 30 de enero de 2012

Capítulo 8.

- Pero… _______, ¿vas a poder dormir tranquila sabiendo que hay alguien o algo fuera de la tienda? –Pregunto.
Asiente, apretándome más la espalda.
- Solo si me abrazas fuerte y no me sueltas. –Afirma segura.
Pues entonces, que esté relajada. Porque no la pienso soltar hasta que ella me lo pida.
Comenzamos a hablar a cinco centímetros de nuestras caras, ya que era lo que las mantas nos permitían. Susurrábamos. Y cada vez que ella me decía algo, era como si un millón de polvos mágicos llenaran nuestro espacio. Increíble, ¿verdad? Como una persona puede cambiar nuestra forma de ver el mundo en tan poco tiempo. Yo antes lo veía como una continua batalla entre dos bandos. Si ganabas, sobrevivías. Si perdías, adiós vida. Irónico, ¿verdad? Ahora mismo, que sí que consiste en eso nuestras vidas, ya que estamos en una isla desierta, gracias a ella, no lo veo así. Lo veo todo como una bonita aventura que hay que hacer. Y eso… Eso nadie jamás lo había conseguido en mí. Una confirmación más de que para mí ______, es alguien especial.
• Isla Desierta. 7:30am. Sigue narrando Christian.
Una luz desvela todos mis sueños, haciendo que me despierte. Pero nada más abrir los ojos, creo que lo que veo sí que es un sueño. Y de los muy bonitos. Tengo a ______ justo en frente mía, durmiendo placidamente mientras que yo, la observo.
Al cabo de unos minutos, se despierta.
- ¿Cuánto tiempo llevas despierto? –Me cuestiona mientras bosteza y se estira.
- Nada. –Miento, descaradamente. – Me desperté justo cuando tú.
Ella me sonríe y ambos desayunamos tranquilamente. Al terminar, tuvimos que comenzar a caminar de nuevo. Lo cierto es que no sabíamos lo que teníamos que hacer. Yo pienso que esos dos lo organizaron todo para estar un tiempo juntos, pero bueno, a mí tampoco me está molestando mucho que digamos.
Al llevar unas horas caminamos, descubrimos un gran lago. Precioso, por cierto. Tiene el agua cristalina y es enorme.
- ¡Venga, Chris! –Exclama. – ¡Bañémonos!
- ¿Qué? No, no. –Aseguro.
- ¡Que sí! Por favor. –Me pone pucheros.
- Pero es que no me traje bañador. –Digo, más bien como una escusa.
La verdad es que bien poco me importa meterme en el agua en ropa interior, pero es que me encanta cuando me suplica o me pide “Por favor” las cosas. ¡Es tan mona!
Y por cierto, si yo no tengo bañador… Ella tampoco tendrá, ¿no? ¡Oh, Dios! Ya veréis, hoy voy a morir.
- ¿Y? Da igual, yo tampoco. –Dice de lo más normal.
Mis suposiciones han sido confirmadas.
- Ah bueno…
Empieza a zarandearme por los hombros.
- Venga, Chris. ¡Por favor! –Me pide, ya casi riendo por la gracia de la situación.
Curvo los ojos, dándoles una vuelta entera.
- Vale. –Digo.
Y antes de que me de ni cuenta, _______ ya ha saltado hacia mí a darme un fuertísimo abrazo. Que claro, yo se lo devuelvo más que feliz. Os puedo decir una cosa, si esto de darnos abrazos se convirtiera en una costumbre entre nosotros, no me importaría nada. Todo lo contrario, estaría encantado por ello.
*Narra ______*
Mientras que yo me voy quedando en ropa interior, Chris hace lo mismo. Él está de espaldas, y sin que se de ni cuenta, yo ya me metí completamente en el laguito.
No está muy lejos de donde yo me he zambullido, así que meto una de las manos en el agua, la saco y le empapo la espalda entera.
Pega un respingo y mira hacia donde vino el agua. Me mira mal.
- ¡Oye! ¡Ya verás!
Como está ya completamente ‘cambiado’ se mete de un salto en el agua y me comienza a perseguir. Yo intento nadar lo más rápido posible, pero nada. Está claro que él es mucho más ágil que yo, y en nada ya me ha atrapado por la espalda.
- Con que mojando a un pobre niño inocente, ¿eh? –Dice, en un tono bastante gracioso. Lo suficiente para que me ponga a reír.
- Bueno, lo de pobre niño inocente creo que sobraba. –Musito graciosa.
- Puede… Pero de todos modos, no deberías haberme hecho eso. No sabes bien de lo que puedo llegar a ser capaz. –Dice intentando meterme miedo en el cuerpo.
- ¿Y qué me vas a hacer? –Levanto las dos cejas, retándole.
- Uuuh… -Dice, y por culpa del tono, ya me siento un poco más asustada. – No lo sabes tú bien. –Casi murmura, muy cerca ya de mí.
- ¿En serio? –Digo, recuperando confianza.
Justo cuando abre la boca para responderme, me tiro encima de él y ambos nos caemos del todo al agua. Tras unos segundos, ambos salimos a la superficie.
- ¡Hey! –Exclama, mirándome mal en broma y a veinte centímetros de mi cara. - ¿Por qué has hecho eso? –Cuestiona confuso y sacudiéndose el pelo totalmente empapado.
- ¡Aaaah! –Exclamo también, riendo. – Me apeteció. –Digo inocente levantando los hombros.
- ¡Ya verás! –Dice, y comenzamos a jugar.
Llevamos más de una hora haciendo el tonto en el agua. Cuando decidimos salir definitivamente. Nos vestimos mientras nos reímos.
- En serio, nunca pensé que nos podríamos llegar a llevar tan bien. –Digo riendo, al acabar de ponerme todo.
Suelta una carcajada.
- Ya, lo mismo digo. Pero ya ves. –Nos miramos y sonreímos.
Al muy poco tiempo, seguimos con nuestro camino. Todo está tranquilo, y ninguno de los dos media palabra. Pero no porque nos hayamos enfadado o algo así. Simplemente que si no hay nada que contar… Pues mejor no hablar, ¿cierto?
Le miro sin que se de cuenta. Desde que llegamos estoy sintiendo cosas muy raras por su culpa. Primero, ya no quiero a la persona con la que llevo saliendo muchísimo, segundo, cada vez que le miro, cada vez que me habla siento un millón de sensaciones. Y lo peor, los sentimientos que creo que estoy sintiendo hacia él, no son los que uno siente por un amigo. No. Es… es… Joder, hasta me cuenta admitirlo en mis pensamientos. Eso, que es amor.
*Narra Christian*
¿La quiero? No la quiero. ¿La quiero? No la quiero. Sí, sí que la quiero. Pero… ¿Y ella a mí? Sí, para vuestra información, estoy hablando de ______.
Ahora mismo, ya estoy totalmente seguro de mis sentimientos. Sé que es lo que siento, y sé que es lo que quiero. Y también sé, que haré todo lo posible y más para conseguirlo. Conseguir su amor.
El problema, es que no sé ‘cuando’ hacerlo, ‘donde’, ‘como’ y, sobre todo, ¿me rechazará? Son las cosas a las que tengo más miedo. Sé que es raro que aunque estemos perdidos en una isla que la que podemos morir, esté yo ahora pensando en como conquistar a una chica. Pero si lo pensamos bien, esto es como vivir en la ciudad. Simplemente, que con menos recursos y facilidades. Bueno, a lo que iba, que se lo necesito decir cuanto antes. ¿Por qué? Porque necesito tenerla entre mis brazos y que sea algo de lo más normal. Necesito poder besarla y no tener que oír un “¿Por qué has hecho eso?” después. Necesito… La necesito.
- Chris. –Me llama. Miro hacia atrás y la miro, con los ojos todavía perdidos en un sueño que creo que jamás se cumplirá.
- Dime. –Digo intentando sonreír.
- ¿Acampamos hoy aquí? –Cuestiona, mirando al alrededor. – Es que ya es muy tarde, y estoy muy cansada…
- Claro, espera un segundo.
Dejo una manta en un tronco y llamo a ______ para que venga.
- ¿Qué haces? –Pregunta entre algunas risas.
- Venga, túmbate mientras que yo monto todo. –La empujo suavemente hasta que la recuesto sobre la tela.
- No, pero Chris, que te ayudo.
Se va a levantar, pero se lo impido. Al final las acabo montando yo solo. Sabe que soy muy cabezota y que a eso no me gana nadie. Así que conseguí que se quedara ahí. Termino y voy al tronco.
- ______, ¿Estás dormida? –Pregunto a muy pocos centímetros de su cara.
- Bueno, más o menos. –Murmura en un tono cansado, agotado.
Se intenta levantar, pero yo no lo permito. La cojo en cuello y la llevo hasta la tienda. No protesta, pero es porque está tan cansada, que no tiene ánimos ni para eso. La recuesto sobre el suelo de la tienda y traigo de nuevo la manta. Nos cubro con sumo cuidado y la abrazo con firmeza, para que vea que puede dormir más que tranquila.
- Gracias por todo Beabs. –Susurra muy bajito.
Y antes de que pueda hacer ningún comentario sobre el ‘Gracias’ el ‘todo’ y el ‘Beabs’ una respiración pausada delata que se acaba de quedar total y profundamente dormida.
La observo con detenimiento mientras que pensamientos extraños aparecen por mi cabeza. ¿En serio no la merezco? No, no la merezco. ¿Pero a ella le importará si la merezco o no, o si me merece o no? Admito que todavía no la conozco de hace mucho, pero sé bastante sobre ella y estoy segura de que no es una de ese tipo de personas. Cosa que se agradece.
“No somos conscientes de lo que verdaderamente se siente uno en una situación hasta que se te presenta. Mis amigos me habían definido indefinidas veces la frase ‘querer verdaderamente a alguien’. El problema es que, primero, ellos nunca lo habían sentido. Seguro. Segundo, nunca había pasado por ello. Y ahora que sí que lo estoy haciendo, quiero decir, que es lo mejor que te puede pasar en esta vida.” Murmuro antes de que mis párpados empiecen a pesar demasiado y poco a poco, me duermo. Entrando en un sin fin de sueños en los que todos, ______ es la protagonista.

Capítulo 7.

*Narra Christian*
La aferro aún más a mí. Abrazándola con todas mis fuerzas. Cada vez estoy más convencido que esto de separarnos en grupos es una magnífica idea.
Aunque una duda aparece en mi mente: ¿Por qué de repente le entró tal necesidad de abrazarme cómo para tener que preguntármelo? Sinceramente, hasta que no esté completamente seguro, prefiero vivir el momento. El momento junto a ella.
- Gracias. –Dice con una tierna sonrisa mientras se separar poco a poco de mí.
Y por mucho que no la quiera dejar escapar de entre mis brazos, lo tengo que hacer.
- No tienes porque darlas. Para eso estamos, ¿no? –Digo sonriendo falsamente sin que se note, ocultando la tristeza que me produce el hecho de que ‘solo me vea como a un amigo’.
Pero después lo pienso y,… Sinceramente, prefiero que me tenga como alguien en que puede confiar y alguien con quién hablar. A que me tenga como una persona que ni si quiera le preocupe lo más mínimo. Mejor eso, que nada.
Ella sonríe. Esa sonrisa dulce y sincera que siempre me deslumbra.
- Bueno, ¿continuamos? –Cuestiona, ya preparada para comenzar a andar.
Sacudo la cabeza, intentando sacar todos estos pensamientos de la cabeza. Tarea imposible, por lo que veo. Así que me decanto a que por lo menos pueda hacer dos cosas a la vez.
- Claro, vamos. –Intento sacar una de mis mejores sonrisas y ponemos rumbo de nuevo, a un lugar conocidamente desconocido.
Árboles, árboles y árboles. Es básicamente el elemento principal que compone este paisaje desértico. Llevamos como una media hora andando, sin hablar. Por suerte, no me siento incómodo por mucho silencio que nos invada. Aunque prefiero conversar con ella, así que, inspiro, me tranquilizo y hablo.
- Bueno y… ¿Qué hacías antes de qué… bueno, ya sabes, de que todo esto sucediera? –Digo, casi sin pensar.
Se lo piensa un momento.
- Pues yo estaba estudiando en la universidad. –Musita, curvando los labios produciendo una sonrisa triste, amarga.
- ¿Qué carrera? –Cuestiono, intentando no empeorar la situación, si no, mejorarla.
- Física. –Masculla. – Pero no se la recomiendo a nadie, es súper difícil. Creo que nunca la entenderé del todo, por mucho que quiera y que me esfuerce. –Dice, algo más divertida.
Esbozo una sonrisa.
- Recuerdo… que yo en el instituto no era del todo malo en física.
- Pero por lo que creo, se te daba mejor la química. –Dice, en un tono extraño.
Me paro a pensar. “¿Qué?” Es lo primero que se me ha pasado por la cabeza. Pero después lo pienso, y en unos segundos caigo en el doble sentido que le ha dado a mi frase normal e inocente.
- Bueno… No te diría yo que no. –Digo, divertido. Siguiéndole el rollo.
Ella suelta una sonora carcajada y continua con una sonrisa.
- Y… ¿Tú que hacías antes de todo esto? –Cuestiona.
En ese momento caigo en el por qué de la frase “Piensa antes de hablar.” No quería contarle todo mi pasado, y por ello tendría que haber evadido el tema. Pero no, como soy tan inteligente, se lo puse en las narices. Nótese la ironía.
Respiro hondo. Nunca me he avergonzado de mi pasado. ¿Por qué ahora sí? ¿Por qué no quiero decirle todo lo que hice? Pues porque temo que me odie. Y ahora, pensando en mis hechos anteriores, creo que yo también me odiaría si fuese ella. Así que, si cuando se lo cuente no quiere volver a saber nada más de mí, lo entenderé. Por muchísimo que me duela.
- Pues… Bueno, cómo sabrás, no era un angelito. –Asiente. Se para y nos quedamos mirándonos. – Era un criminal. –Casi escupí. Me costó la vida decirlo. – Nunca maté a nadie. –Aclaré. – Pero sí que cometí algún atraco a mano armada y trafiqué. –Trago saliva sonoramente.
Cierro fuertemente los ojos y luego los abro, para espera su reacción. El brillo de sus ojos se apaga y un instante, se vuelen vidriosos, cristalinos. Me maldigo por ello.
- Pero… tú… ¿tú querías hacer todo eso? –Pregunta, en un hilo de voz.
- No, no quería. –Afirmo, seguro. – Pero no siempre la vida es fácil, ______. Tú eres rica, tú padre es rico. Yo no lo era. Vivía en uno de los barrios más pobres que jamás podrás conocer. Allí, la delincuencia, ser camello y atracar, hasta incluso matar, estaban al orden del día. No era nada fuera de lo común. –Inspiro. – Se podría decir que era cómo la ley del más fuerte. Y créeme ______, no es nada sencillo vivir así.
Y sin darme cuenta, recordando todos aquellos momentos del pasado, he comenzado a llorar. ¿Christian Beadles llorando? Eso lo dices por ahí y no se lo cree nadie. Más bien, creerías que estás loco. Y mira, ha sucedido.
Ella, al observar mi reacción se acerca a mí, aún con agua a punto de salir de sus ojos, y me quita la que ya ha salido por los míos de mis mejillas.
- Siento haber sacado el tema. –Admite, con voz culpable.
Niego con la cabeza algo agachada.
- Tranquila, no es tu culpa. Tú no sabías nada de esto. –Digo, intentando que no se preocupe.
Ella se muerde el labio inferior, dolida.
- Ya, pero de todos modos saqué yo el tema. Así que lo siento. –Limpia un poco más el rastro de mis lágrimas de mis mejillas.
Cuando acaba, apoyo mi mano derecha en su moflete izquierdo y lo acaricio suavemente. Sonrío y, al instante, ella también. ‘Clic’ oigo sonar en mi corazón. ‘Pum… Pum… Pumpumpum’ El ritmo de este se acelera y no consigo entender como con tan poco, me hace sentir tanto.
Querría poder decirle todo lo que siento. Todas mis preguntas y confusiones sobre estas nuevas sensaciones. Saber si ella siente lo mismo, o por lo menos, si sabe el ‘por qué’ de que las sienta. ¿Es normal esto? En mí, por lo menos, no. Y eso es casi lo que más me asusta. El hecho de un nuevo sentimiento. ¿Por qué? Porque si no lo he sentido antes, significa que es especial. Significa que ella es especial. Y creo que eso es lo que verdaderamente me da miedo. Admitir que ______ es mucho más para mí que cualquier otra persona en este mundo. Y cuando de verdad demuestre mi valentía, será cuando tenga el coraje y valor de decirle todo esto. Con las palabras textuales.
- ¿Ya es tan tarde? –Pregunta con el ceño fruncido, mirando al cielo.
Levanto la vista y puedo observar un firmamento oscuro, con estrellitas brillantes dándole vida. ¿Es de noche? Pues tengo que decir que se me ha pasado muy rápido el día de hoy.
- Pues parece que sí. –Musito, curvando el labio.
La vuelvo a mirar y ella me observa, expectante. Seguramente esperando alguna reacción más por mi parte. Y así hago.
- Mejor dormimos hoy aquí. –Le propongo y asiente.
Comenzamos a poner la tienda y en quince minutos ya está todo preparado. Ambos nos sentamos en el suelo de la cabaña, ya que fuera hace mucho frío. Y me pongo a leer un libro.
*Narra ______*
Como Chris se ha puesto a leer, decido que es hora de reanudar mi ‘Diario’. Lo cojo y continúo escribiendo.
~ Día tres.
Sí, sigo aquí. Pero ahora estamos solo Christian y yo. Nos hemos separado para ‘buscar’ a alguien más o algo con lo que sobrevivir mejor. Clara y Liam están saliendo, así que tenía más que claro que me iba a tocar con él. Pero ¿sabéis? Me siento mejor así. Y la verdad… No me importaría tener que estar ‘perdida’ por ahí más de una semana…
Como tengo sueño, dejo a un lado el ‘Diario’ y me tumbo, tapándome con la manta. Levanto la mirada y veo que Christian me observa, con una sonrisa. Se la devuelvo.
- ¿Vas ya a dormir? –Deja el libro a un lado.
- Sí. –Bostezo. – Anoche no dormí mucho y, encima con todo lo que hemos hecho hoy, no puedo más. –Me acomodo un poco más en la cama.
- Pues yo también. –Dice y bosteza.
Coge el libro, lo deja a un lado y se mete bajo su manta.
*Narra Christian*
Estamos en frente uno del otro, separados por más o menos medio metro, pero aún así, la siento lejos. Aunque anoche por culpa de dormir abrazados no dormí casi nada, prefiero estar como ayer. Es una especie de necesidad, y se me está yendo de las manos. Y eso, me da miedo. Mucho. Pero a la vez, me encanta. ¿Tantas sensaciones siento con ella que hasta muchos son sentimientos opuestos?
Un sonido repetitivo interrumpe mis pensamientos. La miro y descubro que sus dientes están haciendo ruido por el frío. Y en este momento, sin miedo ni nada por el estilo, voy a su lado y le abrazo. Ella se acurruca en mi pecho y yo, no puedo evitar sonreír.
- Gracias. –Murmura.
Me la imagino sonriendo y suelto una risita. Ella se estremece, y aunque intente que no lo note, sí que lo hago.
La aferro más a mí y ella me abraza fuerte. Inspiro y sonrío sin remedio. Me siento bien. Me siento muy bien.
Estamos como un minuto así, cuando de repente, oímos un ruido fuera. Se exalta y pega un respingo. Sé que en estas situaciones lo mejor es quedarse quieto en el sitio, bien cubierto. Porque si es un animal, de esa manera no te va a hacer nada. Y si es alguien que… Bueno, que te va a hacer ‘algo malo’, es más posible que no te vea.
Entonces, agarro a ______ fuerte, y nos encierro en las dos mantas, dejando solo un pequeño orificio para poder respirar. Ella me mira interrogativa.
- ¿Qué ha sido ese ruido? –Pregunta, angustiada.
- No lo sé muy bien. –Admito. – Pero parecía algún ser vivo… Así que quédate aquí mientras que yo voy a mirar lo que es, ¿vale?
Me dispongo a salir de la ‘fortaleza’ cuando me agarra con fuerza y me vuelve a abrazar, impidiéndome salir.
- ¿Qué haces? –Pregunto también abrazándola, algo preocupado por su reacción.
- No, no te vayas… Por favor. –Me pide, susurrándomelo al oído.
Siento un escalofrío recorrer mi espalda.
- ¿Por qué? –Consigo preguntar, intentando dejar a un lado todas estas sensaciones.
_______ se queda en silencio. Caigo en una idea.
- ¿Qué es que te da miedo quedarte sola? –Cuestiono. – Tranquila, que en serio, no va a pasar nada… –Me interrumpe.
- No, no es eso. –Afirma en un tono seguro. – Lo que pasa… es que… bueno…
No acaba de decirlo y eso me pone de los nervios.
- ¿El qué? –Le pregunto. – Puedes confiar en mí, no se lo voy a decir a nadie ni me voy a reír, o algo por el estilo. –Digo en un tono serio, intentando convencerla.
Ella respira profundo y después, me abraza más fuerte.
- ¿Y… y si lo que hay ahí fuera… te hace algo malo? –Cuestiona con dificultad y en un tono asustado.
En ese momento. En ese mismo segundo, algo se enciende dentro de mí. Puede que sea la llama de la esperanza, o la luz de los sueños que se pueden hacer realidad. Pero el hecho de que ella, mi ______, se preocupe por que me pueda pasar algo ahí fuera, me ha llegado al corazón.
No, no sé el por qué. Pero ahora mismo, me da igual. Lo único que quiero es parar el tiempo, y quedarme así, abrazado a ella. Por lo menos por la eternidad, aunque eso, sea solo el principio.

Capítulo 6.

*Narra _______*
Abro lentamente los ojos. Estoy desconcertada; me acabo de despertar. Entonces, me doy cuenta de que sigo abrazada a Christian. Lo más seguro es que no le haya soltado en toda la noche.
Intentando que no se despierte, me separo poco a poco de él. Al liberarme totalmente de sus brazos, me estiro y miro la hora en el reloj de muñeca que tengo. Son las siete de la mañana todavía. No tengo sueño, así que me levanto y salgo de la tienda tras haberme puesto los zapatos – Claramente dormimos con la ropa que utilizamos por el día. Es una isla desierta, no un hotel. –. Me siento en uno de los troncos que pusimos alrededor de donde encendemos la hoguera y miro al cielo.
Me siento inferior. Impotente de no poder salir de aquí. Pensar que los pájaros sí que podrían hacerlo, y de todos modos, los humanos nos sentimos superiores a ellos. No saben lo que daría por poder echar a volar y sentirme libre. Libre de verdad, por una vez. Solo el aire en la cara y el cielo azul de fondo. Pero claro, eso es imposible.
Desde que llegué, solo le he visto los contras a esta situación. ¿El pro? Christian. Sí, él. ¿Por qué? Porque me he dado cuenta de que…
- Hola ______. –Me saluda una voz jodidamente conocida.
- Chris. –Sonrío, intentando no pensar en la casualidad.
- ¿Qué tal te despertaste hoy? –Me pregunta, con una sonrisa tan hermosa como es cada una de las suyas, mientras que se sienta a mi lado.
- Bueno, normal. –Musito. - ¿Y tú? ¿Algo nuevo?
- Pf, pues no. –Ríe levemente.
Silencio. Un silencio incómodo. ¿Alguna vez lo habéis sentido? Yo muchas veces. Es como cuando estás en un ascensor, con un vecino y nadie habla. Sientes el impulso de preguntarle algo “¿Qué tal?”, por ejemplo. Pero Dios sabrá por qué, solemos quedarnos callados. Pues es más fácil.
Eso mismo es lo que ahora siento. Y por muchas cosas que querría preguntarle, me quedo callada. Como una tumba que oculta lo que nos da miedo. Miedo preguntar, y decir, decir la verdad.
- ¡Chicos! –Por suerte, o desgracia, Liam nos interrumpe con su ya conocido buen humor.
- ¡Buenas! –Exclamo, levantándome. – Ya casi ni os vemos, eh. Y mira que es difícil. –Suelto una carcajada.
- Sí, bueno… –Comienza a decir Clara. – Nosotros queríamos deciros una cosa, ya que según parece, vamos a ser amigos mucho tiempo. –Sonríe de oreja a oreja, feliz. –Desde ayer por la noche… Bueno, que… –Hace una pausa.
- Estamos juntos. –Dicen los dos, al unísono.
Esbozo una grande y feliz sonrisa y les abrazo a los dos. Christian me sigue, y hace lo mismo. Me alegra que su estancia en esta maldita isla vaya a ser mucho más agradable por tener a la persona a la que quieren, al lado, apoyándolo.
- ¡Estoy muy contenta por vosotros, chicos! –Exclamo, tras deshacerme del abrazo.
- Y yo. –Afirma Chris, sonriendo.
Ambos sueltan una risita nerviosa. Y su tímida vergüenza se ve manifestada por el color rojizo que les sube a la cara.
- Gracias, chicos. –Nos dice Liam, seguramente muy feliz de estar junto a ella. Junto a Clara.
- Sí, eso. –Le apoya ella.
Uno. Dos. Tres segundos de silencio. Que Liam, decide romper.
- ¡Bueno! No era solo eso lo que os queríamos decir. –Se miran, cómplices. – Que… Bueno, que pensamos que lo mejor sería ir a investigar por la isla. Como ya sabéis, yo sé bastante de lo que es estar perdido, y algo que siempre me dijeron, es que lo mejor es separarse, sin dejar a ninguno solo, y después de un tiempo, volver a encontrarse en un mismo sitio. Siguiendo unos patrones. ¿Qué os parece?
Ahora aparenta aún más felicidad. Seguramente porque va a pasar tiempo a solas con Clara mientras que ‘investigan’. Porque está más que claro que ellos van a ir juntos. Así que… Voy a tener bastante tiempo para conocer a Chris.
- A mí me parece bien. –Comenta mi compañero de tienda, seguro de lo que dice. O por lo menos eso es lo que me dice su tono de voz.
- Yo también estoy de acuerdo. –Curvo mis labios, sonriendo levemente. - ¿Cuándo empezaría la ‘investigación’?
- Lo mejor sería que lo dejáramos todo preparado esta mañana, y que por la tarde, tras comer, ya nos separáramos. ¿Vale?
- Tú mandas. –Digo, y suelto una sonrisa.
Al terminar de desayunar, nos sentamos en los troncos a organizar todo lo que vamos a hacer.
- Mirar, ayer me subí a un árbol alto y descubrí que la isla no es del todo muy grande. Los mejor, y más seguro para todos sería que permaneciéramos separados y buscando una semana. Al cabo de ese tiempo, volveríamos aquí. –Nos propone Liam.
- Ya… Pero… ¿Y si no sabemos cómo volver? Puede que la isla no sea muy grande, pero sé que es lo suficiente cómo para que nos podamos perder y no volver a vernos en mucho tiempo. –Comento, algo preocupada.
- Tranquila. –Me dice Liam. – Eso ya lo tengo todo planeado, escuchar. Cada grupo, llevará un Walky Talky para poder comunicarse. Vosotros –nos señala a Christian y a mí. –, iréis hacia el oeste. –Apunta con su mano a uno de los lados, mientras que mira su brújula. – Y nosotros. Al este. –Apunta al lado apuesto. – Todos llevaremos comida y agua para dos semanas. Una brújula, un reloj, mantas y lo necesario para sobrevivir. Y a parte, un permanente blanco.
- ¿Para qué? –Me roba mi pregunta Chris.
- Pues para lo que decía ______ antes. El primer kilómetro de árboles, hay que pintar el tronco de cada uno en fila. Precisamente, para que podamos seguir le rastro y llegar a volver. Pero importante: Si algún grupo llega aquí antes que el otro, se tiene que quedar. Por lo menos un mes. Y sí después de ese tiempo, se tiene que ir por alguna causa, que deje una nota, diciendo a donde va, por qué y que ha estado aquí. ¿Está todo claro?
Todos asentimos.
Nos pasamos el resto de la mañana preparando todo. Ya a las dos, acabamos. Comemos todos juntos. La última en una semana, o puede que más. Y eso es lo que más miedo me da. El hecho de perdernos aún más. Pero… ¿Sabéis qué? No me dan tanto miedo. Para nada. ¿Por qué? Porque voy a estar con Christian. E inconscientemente, con él, me siento bien. Me siento segura. Y por eso sé, que nada malo nos va a pasar.
- Bueno chicos, llegó la despedida. –Dice Clara algo triste, mientras que nos abrazamos todos.
- Adiós tortolitos. –Digo curvando los labios, en señal de tristeza.
- Pero tranquilos, que solo va a ser una semana. –Dice Liam sonriendo.
- Eso espero… –Murmuro.
- ¡Adiós! Que os vaya bien.
Nos despedimos, y acabamos poniendo rumbo. Rumbo a un lugar desconocido.
Hace apenas un minuto que nos hemos marchado. Vamos pintando todos los árboles con crucecitas. Todavía ninguno a mediado ninguna palabra, y creo que es momento de hacerlo. Porque como nos pasemos toda la ‘semana’ así, vamos a tener un problema.
Pero justo cuando voy a abrir la boca para hablar, él me interrumpe.
- ¿Estás bien? –Me pregunta. Tan atento como siempre. - ¿No tendrás miedo, no?
Sonrío.
- No, tranquilo. Y sí, estoy bien. –Digo elevando los hombros.
Y sonríe. De esa manera tan suya. Que creo que sería capaz de sacarnos de aquí. Porque me hace volar, llegar al cielo. Rozarlo con las yemas de los dedos, y regresar a tierra en un segundo.
- Pero bueno –comienza –, que sepas que no va a pasar nada malo, ¿si?
Asiento con la cabeza. Algo me hace cosquillas en la mano. La miro, y veo a una araña. No muy grande. Pero les tengo un pánico terrible. Suelto una grito muy, muy agudo y sacudo la mano, cerrando fuerte los ojos.
- ¡Eh, ______! ¿Qué pasa? –Se acerca rápidamente a mí, preocupado. Y aunque no lo veo, lo siento. - ¿Qué ocurre? –Vuelve a cuestionar en el mismo tono.
Me cuesta pronunciarlo, pero al pensar que con la de manotazos que le he dado ya al aire de ha debido de ir, decido parar de mover la mano y abrir los ojos.
- U-una ara-aña. –Tarmudeo.
El curva los labios y agarra mi mano derecha, observándola. La acaricia con las yemas de los dedos, y os puedo decir que nunca he experimentado sentimientos iguales. Un millón trescientos mil cuatrocientos sesenta y ocho escalofríos, aproximadamente, recorren todo mi cuerpo, mientras que un agujero invade mi estómago y un nudo ocupa mi garganta. ¿Es normal? No me lo parece.
- Pues no tienes nada. –Dice. Me sonríe de nuevo y, al instante, me relajo.
- Bien. –Digo, en un suspiro.
Deja caer mi mano lentamente y me fijo en que mete el permanente en su bolsillo delantero del pantalón.
- ¿Y los árboles? –Pregunto, confusa.
- Ya hemos recorrido un kilómetro. –Carcajea.
Frunzo el ceño, cada vez más extrañada por sus palabras.
- ¿Qué? –Cuestiono atónita.
- Pues eso. Pero parece que estabas tan absorta en pensamientos que ni si quiera te diste cuenta. –Musita gracioso.
Si él supiera…
- Pero… ¿Y cómo sabes lo que llevamos de recorrido?
Saca de su otro bolsillo la brújula. La observo, ladeando la cabeza en señal de no entender.
- Este aparato tiene de todo. –Me explica. – Y una de las cosas, es un contador de kilómetros. –Me señala un el uno que marca. - ¿Lo ves? –Dice, con una sonrisa.
- Sí, sí. –Asiento tras haberlo comprendido todo.
De repente, nos quedamos mirándonos a los ojos a medio metro de distancia. Pasan unos segundos, y ninguno de los dos se mueve. Como una fotografía que captura y congela el momento.
Y en ese momento. En ese mismo instante, me entran unas ganas enormes de abrazarle. ¿Nunca sentisteis esa sensación? Es como si él fuera un imán y yo un trozo de hierro. Una atracción natural, nada artificial. Pura química. Y parecido a una ley física. Como si él fuera un peluche súper mono al que nadie se puede resistir a abrazar.
Así que, pongo las cartas sobre la mesa.
- ¿Te puedo abrazar? –Cuestiono, con el corazón en un puño.
Me observa frunciendo en ceño unos escasos tres segundos. Entonces, esa cara confusa se transforma en una cálida y grande sonrisa que me reconforta por dentro. Casi diciéndome que quiere que lo haga. Me atrevo a decir casi, que lo necesita.
- Claro que sí. No lo preguntes, solo hazlo. –Musita, y abre los brazos.
Ahora la que sonríe soy yo. Doy un paso hacia él y le abrazo con fuerza. Él me lo corresponde. Y ahora, ahora ya sé como puedo volar. Ya sé como puedo sentirme libre. Ya sé como puedo irme de esta isla, aunque solo sea por unos segundos. Simplemente, estando junto a él. Él, él, y solamente él.

Capítulo 5.

- _____, ¿qué haces? –Preguntó riendo una voz delante mío.
Bajo el diario y ahí le veo. Riéndose de una tontería como verme escribiendo, ¿os parece normal? Pero eso sí, no sé si alguna vez os lo he dicho, pero amo su risa. Y su nunca os lo dije, espero que ahora os haya quedado claro.
Suelto una ligera carcajada y niego con la cabeza, dándole a ver que no tiene importancia. Me levanto y dejo el diario en la tienda. Camino de nuevo a la hoguera y veo a Christian tumbado en el suelo, mirando hacia arriba y con las manos en la nuca. Dirige sus ojos hasta mi figura y con la mano, me indica que me tumbe a su lado. Primero me extraño, pero prefiero pasar de ello y hacer lo que me indica. Me tumbo.
- ¿Sabes? Hoy he notado que te comportabas diferente… No sé, como más… más simpático. ¿Feliz, tal vez? –Le miro, frunciendo el ceño.
- Sí, bueno, o eso intentaba. –Suelta una fuerte carcajada. Escalofríos.
Me mira. Con una preciosa sonrisa en la cara.
- Ya pero… no sé, estás distinto, ¿sabes? Hoy no has parado de reírte con Liam. Y yo que pensaba que te caía mal…
Suspiró.
- Sí. Pero me dí cuenta de que puede que pasemos aquí mucho tiempo. Y ya que solo somos cuatro, tendremos que intentar llevarnos lo mejor posible, ¿no?
- Este no es el Christian que todos conocíamos. –Le miro, intentando parecer asustada, pero a la vez en un tono gracioso. - ¿Dónde está? ¿Qué le has hecho? –Digo levantándome y poniendo mis manos delante mía como protegiéndome.
Él suelta una fuerte carcajada y me vuelve a mirar. Se levanta y se acerca a mí.
- Anda –Ríe. –, deja de hacer el tonto. Ya es hora de irse a dormir, así que venga, a la cama.
Coge suavemente mis muñecas y me lleva hasta la puerta.
- Oye, pero no me trates como a una niña pequeña. –Le miro mal de broma.
- Si te trato así, será porque lo eres, ¿no? –Suelta una carcajada y yo le fulmino con la mirada.
Entramos en la tienda de campaña.
- No tengo sueño. –Replico riendo.
- Pues me da igual. –Argumenta. – Es muy tarde. –Suelta otra carcajada.
- Sí, sí… Pues los otros dos siguen ahí, solitos por la playa. –Digo levantando dos veces las cejas. – A saber lo que estarán haciendo…
Un segundo de silencio. Dos. Tres. Cuatro… Y empezamos a reír.
- Venga, no, en serio. A la cama. –Dice cogiendo la manta con la que nos taparemos por las noches.
- Vale, vale…
Nos metemos debajo. Uno en frente del otro y a unos veinte centímetros de distancia.
- Oye… –Comienzo. - ¿Tú… tú crees que podremos salir de aquí? –Pregunto algo preocupada.
Por el momento, tenemos comida y agua de sobra. Pero somos cuatro, y poco a poco se irá agotando. Y tengo miedo de que si no nos rescatan pronto, no podamos sobrevivir en
esta maldita isla.
- Claro que lo creo. –Sonríe. Me tranquilizo. – Pero de todos modos, aunque tardaran mucho, podríamos sobrevivir solos. –Afirma seguro. ¿Me lee la mente o algo? –Así que tranquila, no hay motivos de preocupación. Todos queremos vivir, pero sin ninguna pérdida. A demás, ya has oído a Liam. Él sabe mucho de esto. –Levanta la mano y me acaricia el brazo. De arriba abajo. – No va a pasar nada malo.
Y puedo jurar que en estos momentos, cuando se comporta así, es una de las mejores personas que he conocido jamás. Se me estruja el corazón con solo pensar en las palabras que ha dicho. Y encima, me ha tranquilizado como nadie.
- Gracias. –Sonrío. – De veras, no sé que haría sin ti.
- Pues vivir mejor. –Dice riendo.
- Oye. –Le miro con desaprobación. – Eso es mentira, así que calla.
Empiezo a temblar. Hace frío. Mucho frío. No lo entiendo, en serio. Por el día hace un calor tremendo normalmente y por la noche, parece que va a nevar.
- ¿Tienes frío? –Pregunta en un tono algo preocupado.
- No, no. –Niego, rodeándome con mis propios brazos para proporcionarme calor
- Ala, no me mientas. Ven aquí. –Dice abriendo los brazos, seguramente para que le de un abrazo.
- Que no, en serio, no te quiero molestar. –Digo sincera.
- ¡Pero que no me molestas! –Exclama sonriendo.
Se acerca él a mí y me envuelve entre sus brazos. La verdad es que sí que se está mejor. Pero… No sé, no quería causarle molestias. La abrazo aún más fuerte. Me acaricia la espalda poquito a poco, produciéndome escalofríos por toda la espalda. Nunca pensé que durmiendo al lado de un chico que había conocido iba a sentirme tan cómoda. Pero sí que tengo unas sensaciones geniales. Y lo mejor, ya no tengo frío.
- ¿Estás dormida? –Me pregunta susurrando al oído.
- No, y por lo que veo tú tampoco. –Suelto una pequeña risa.
*Narra Christian*
Puff, para estar dormido con ella así. En serio que no me molesta, lo contrario, me encanta estar así con ella. Abrazados y que no haya ningún problema por ello, aunque solo sea porque tiene frío. Y sí, he dicho que no podía dormir con ella así, pero es solo porque ya que estamos de esta manera, Dios sabrá por qué, tengo la necesidad de estar consciente de todo.
Y sí, lo admito, me asusta el hecho de que me encante estar con _____. ¡Pero no lo puedo evitar! ¿Alguien tiene la culpa de mis sentimientos? No, y yo tampoco.
- La verdad es que no puedo dormir. –Me dice, susurrándomelo al oído.
Y un millón de escalofríos me recorren de la cabeza a los pies. Intento que no se de cuenta de las sensaciones que produce en mi cuerpo. Pero creo que me va a ser imposible, porque son muchas y enormes. Suspiro.
- No, ni yo tampoco. –Suelto una carcajada casi insonora.
Inspira fuertemente y arquea levemente la espalda. Como si hubiese provocado alguna reacción en ella.
Y otra vez esta pregunta en mi mente. No lo puedo evitar, y ahora ya me da igual lo que piense que siento, porque creo que hasta sería cierto.
Respiro hondo.
- ¿Te puedo hacer una pregunta?
Supongo que tendrá una mirada extrañada, pero noto que asiente con la cabeza.
- Sí, claro. Lo que quieras. –Dice, presupongo que esta sonriendo.
- ¿Tú… tú sigues amando a Mike?
Lleva sus hombros hacia atrás, respirando profundamente.
Me preparo para cualquier respuesta, la que sea. Cierro los ojos muy fuerte. Por mucho daño que me haga, quiero saberlo ya. Quiero que sea sincera conmigo, porque me lo voy a admitir a mi mismo, por primera vez. Ya no me voy a engañar más. Ella, no es una persona más en mi vida. No es como los demás. Todavía no es mi corazón, pero que creo que está de camino a ello. Siento cosas diferentes cuando me abraza, cuando me habla. ¿Por qué? Porque ____ es alguien especial en mi vida. Y ya no me lo voy a negar más. No, ya no. Porque es más que evidente.
- No, ya no. –Responde costosamente.
De repente, me parece que todo se ha iluminado. ¿En serio…? ¿Ya no lo ama? ¿No? Eso ha sido lo mejor que he oído, lo admito. Y por primera vez, creo que hay una esperanza. Esperanza de que algo pudiera pasar entre ella y yo. Bueno, puede que no por ahora. Pero el primer paso, y seguramente uno de los más difíciles, está hecho. Aunque me quede mucho camino aún por recorrer con ella, sé que merecerá la pena.
- ¿Y eso? –Pregunto, curioso. Aunque lo que de vedad intento es que no noté mi nerviosismo ante sus respuestas.
Elevó los hombros.
- No sé…–Comenzó a decir. – Desde que hemos llegado aquí, ya nada es igual…
Todo lo dice indecisa, pero a la vez segura. Como si supiera el por qué, pero me lo estaba ocultado y no quería dar un paso en falso.
Sonrío pensando que puede, en alguno de mis sueños, ella se sienta así por mí. Pero claro, todo eso es una ilusión. No creo que pase jamás. Sería demasiado para alguien que es tan poquita cosa como yo.
- Ah… –Dije, intentando que mis pensamientos y teorías no afectaran en mi forma de hablar.
Bosteza.
- Creo que alguien tiene sueño ya… -Digo abrazándola un poco más fuerte.
Ella gruñe, haciendo unos sonidos extraños y se revuelve un poco, pero sin dejar de rodearme con sus brazos.
- Buenas noches, Chris.
- Buenas noches, ______.

Capítulo 4.

*Narra Christian*
Llevamos mucho tiempo sin hablar y una terrible tormenta nos a pillado de improviso. Estamos sentados bajo un árbol, la verdad es que hace muchísimo frío. Pero lo peor de todo ahora mismo, es el incómodo silencio que nos invade. Me obligo a mí mismo a empezar un tema de conversación adecuado para los dos, porque ella misma no creo que lo vaya a hacer. Y pienso… ¿y si pregunto quién ese persona tan especial que ha dicho? La verdad es que me asusta el hecho de querer preguntárselo. Porque si en serio me diera igual ella, no me importaría eso. Simplemente no me importaría nada. No me hubiera importado que anoche se hubiera ido y perdido, no me hubiera importado que se pusiese a llorar y sobre todo, no me importaría la respuesta a esta pregunta.
La miro. Está a un medio metro de mí, y seguramente porque si se va más para allá, se moja. Está abrazándose a sí misma y temblando levemente. Solo tiene una camiseta de tirantes, suerte que yo me traje una chaqueta. Me acerco a ella rápidamente. Me mira frunciendo el ceño. Pero yo me quito la chaqueta y se la pongo por encima. Ahora su rostro más bien refleja extrañeza. Y apuesto lo que sea a que el mío también. Se puede decir que es la primera vez que hago algo así. Pero siempre he sido un hombre que sigue a su instinto, y ahora mismo, es lo que he hecho. El único problema es que puede que mi instinto sea el que sigue a mi corazón…
- No… no hace falta. –Tartamudea.
Se la intenta quitar para devolvérmela. Pero se lo impido y la abrazo para que tenga aún más calor.
- Sí que hace. –Afirmo.
Me mira. Me pierdo en su mirada. Tiene unos ojos preciosos. Lo suficientemente perfectos como para poder engancharte a ellos. Y puede… puede que hasta ver su alma. Profundizar totalmente en ellos y ver algo más allá. Verla a ella. Sin fachadas ni personajes, si no a ella de verdad. Lo que hace me pierda totalmente en ellos.
- Gracias… –Susurra.
Frunzo el ceño. Ella levanta las comisuras de sus labios y esboza una pequeña sonrisa.
Ladeo la cabeza y miro como el agua cae frente a nosotros. Otra vez me viene a la cabeza aquella pregunta. ¿Por qué narices me tiene que interesar quién sea esa ‘persona especial’?
Me doy una bofetada mental, intentando dispersar ese pensamiento, pero viendo que no se va. Decido preguntárselo directamente.
- Oye –Digo intentando captar su atención. Me mira. –, ¿Quién… quién era esa persona tan importante que me dijiste antes? –Suelto de golpe.
*Narra ____*
Mike… otra vez hacen que vuelva a pensar en él. El problema, es que no me afecte tanto como debiera. Tendría que sentir un vacío en el pecho y un nudo en la garganta. Por lo menos es lo que me enseñaron los libros de amor que siempre he leído. Pero no, en lugar de ello, simplemente sentía algo de pena. Como si fuese un amigo más. Y todo desde que conocí a Christian… ¿tendrá él algo que ver?
Le miro. No sé que responderle a esa pregunta. Puesto que esa supuesta ‘persona especial’ no es tan ‘especial’ como se entiende. Me decido por lo más sencillo, decir su nombre y apartar el tema.
- Mike. –Digo en un suspiro.
Le miro a los ojos. No consigo descifrar lo que estos me dicen. Es borroso y confuso, pero quizás sea porque es así como él se siente en estos momentos. Pero, ¿por qué?
- Ah… –Espeta casi en un susurro.
Podría jurar que lo ha dicho con pena, decepción, desilusionado. Parece bajar la guardia, pero él sabe que eso no le pega. Así que rápidamente se recompone, aunque no diciendo lo que yo me esperaría.
- ¿Quién es tu… tu novio? –Casi escupe con asco las últimas dos palabras.
- Sí. –Asiento.
*Narra Christian*
¿Alguna vez os habéis sentido como si con una sola palabra os clavaran un hacha en el pecho? ¿Alguna vez habéis sentido que con solo una frase os tiraran un yunque al estómago? ¿Alguna vez habéis sentido que con solo un monosílabo un agujero negro aparecía en vuestro torso, consumiéndoos por dentro? Porque si lo multiplicáis por infinito más uno, daréis con lo que ahora mismo estoy experimentado.
Sin saber ni por qué, todo se me había venido a bajo. Como un castillo de arena pisado por un niño. Igual. Destrozado. Aniquilado.
Lo peor es que… Puede que ya supiese la respuesta. Sí, seguramente ya sabía lo que me iba a decir. El problema es que me empecé a engañar a mi mismo. Con falsas esperanzas hechas de polvo e irreales ilusiones hechas de pelusa. Que con solo la confirmación de la verdad, se van. Se esfuman.
Decidí que lo mejor en esos momentos era callar. No hablar. Esperar a que todo pasase y no perder los estribos ahí mismo.
Y, sin que me diera ni cuenta, ya estábamos casi en el campamento. Me había metido tanto en mis pensamientos que ni noté que caminábamos. Nunca me había pasado esto antes…

- ¡Ey, Christian! –Noto que me dice Liam.
Le miro arrugando el ceño. Pero después lo pienso bien… Estamos nosotros cuatro, solos, en una isla desierta. ¿Tan difícil sería dejar este comportamiento de ‘chico malo’ y… por lo menos… ser feliz? No creo. Necesito tener un amigo. No sé por qué, pero noto que una vocecilla dentro de mí me lo dice. ¿Tan malo sería no llevarme a palos con las personas que voy a tener que convivir Dios sabe cuanto tiempo? No, todo lo contrario. Me ayudaría a mí, y a ellos. Así que… ¡Allá voy! Christian que nunca nadie a conocido, sale a la carga. Inspiro, y sonrío.
- ¡Ey, Liam! –Exclamo. Con una sonrisa de oreja a oreja. Como siempre. El cambio está en que esta ya no es falta, irónica o vacilona. Es verdadera. Quiero ser feliz. Y… también… ¿no me merezco ser feliz? Sí, pues ya está.
Al principio, este parece un poco confuso ante mi entusiasmo, felicidad o quizás que no le he mirado como si le fuera a estrangular. ¡¿Qué!? ¿Tan malo soy? Me río en mi mente, ante este pensamiento.
- ¿Tú… tú eres Christian? –Dijo confuso, con los ojos abiertos como platos.
¡Vaya! No creí jamás que fuera capaz de sorprender tanto a una persona. Suelto una pequeña carcajada.
- Nooo. Soy monstruoooo. –Digo mientras que hago gruñidos, intentando hacer un poco el tonto, y quitarle cierta importancia a mi repentino cambio de actitud.
Liam sonríe. O lo ha pillado, o simplemente pasa del tema y prefiere que esté así, que como antes, sin importarle el por qué.
Y por primera vez, empezamos ha hacer el tonto. Como dos amigos de toda la vida. Con risas, risas y más risas. Le persigo, me persigue. Todo el rato así, divirtiéndonos. La verdad, es que no sé en que me he convertido. ¿Lo mejor? Que me da igual.
*Narra ____*
Estoy hablando con Clara de cómo era nuestra vida antes de todo esto. Ya habíamos terminado todo lo que teníamos que hacer hoy, y me apetecía hablar con ella. Parecíamos amigas de toda la vida. Si os soy sincera, me cae genial. Lo suficiente, como para que acabe de contarle toda la historia de Mike. Sí, lo admito. Se lo he dicho todo.
- ¿Entonces… ya no le hechas de menos? –Me pregunta, atónita, mi nueva amiga.
- Haber, yo no he dicho eso. Solo digo que desde que conocí a Christian… pues… eso… que no le he echado tanto de menos como creo que tuviera. –Digo mordiéndome el labio. Sabiendo que he confesado que siento algo, no sé el qué, hacia Chris.
- Ah… ¡espera, espera, espera! –Dice, como si le fuera la vida en ello. – ¿Me… me estás diciendo que sientes algo hacia Christian? –Pregunta mientras que no puede salir de su asombro.
Suspiro. Dándola a entender que sí, que lo ha entendido bien.
- Bueno –Prosigue, mirando hacia donde están ellos. Por suerte, no nos escuchan. –, hay que admitir que está muy bien. Las cosas como son.
Abro mucho los ojos y soy incapaz de soltar una gran carcajada.
- ¿Qué? –Pregunta, ahora ella, contagiada con mi risa.
Respiro hondo y me tranquilizo.
- No, nada. –Sonrío. – Que tienes razón. Y encima… es una buena persona. Cuando quiere. –Recalco eso último.
- Sí… –Asiente con la cabeza. – A mí, me lo ha demostrado en esta última media hora. En la que no ha parado de hacer el tonto con Liam ni un solo momento.
Y era cierto. Lleva mucho tiempo sin parar de reír y jugar con Liam. Es extraño, de repente, ya no parece estar enfadado con todo el mundo. Todo lo contrario. Parece que le gusta todo. Que es un chico normal. Que se puede comer al mundo si quiere. Y amo esa sensación de que con él, todo es posible.
• Unas horas más tarde. Alrededor de la hoguera.
Liam y Clara habían ido a dar un paseo por la playa. La verdad es que estaba cerca. A unos cinco minutos por un camino que habíamos descubierto.
Ahora estamos Christian y yo solos. Parece la misma historia de ayer. Solo que hoy, no estoy tan incómoda con su presencia.
Mientras que él está tumbado boca arriba, mirando a las estrellas. Yo me dispongo a poner en marcha una idea que tuve esta tarde. Os puede parecer absurda, pero para mí, en esta situación, lo que piensen los demás me importa bien poco. Voy a escribir un diario.
Cojo una libreta que tenía en mi mochila y un boli púrpura. Salgo otra vez fuera y me siento en un tronco, para comenzar a escribir.
~ Día dos.
Llevo ya dos días en esta isla, y la verdad es que no me siento especialmente mal. Cuando veía películas por la televisión de gente que había estado perdida en islas desiertas siempre me asustaba. Decían que era como un infierno. Un lugar donde la única salida es la muerte. Ý yo, no lo veo así. Sobrevivir es algo que lleva haciendo la especia humada siglos y siglos. ¿Por qué no íbamos a sobrevivir nosotros? Lo que tenemos que hacer, es mantenernos unidos. Siempre con el instinto de supervivencia, pero sin que este nos ciegue. Pero bueno, voy a dejar la parte filosófica y triste, porque a decir verdad, no es lo que ahora mismo me importa más.
En lo que no puedo parar de pensar ni un instante, es en Christian. Sí, lo sé. Diréis, “O sea, que estás en un isla desierta, perdida, y puede que llegues a morir y… ¡¿lo que te preocupa es un tío!?” Pues sí, lo siento. Pero los sentimientos son así, y no soy nadie para cambiarlos. Por ahora no os voy a decir mucho sobre él. Lo iréis averiguando poco a poco. Lo único que os voy a decir, es esto: Esto es solo el principio de una larga historia.

Capítulo 3.

*Narra Christian*
Debería de estar contento. Debería más bien estar saltando de alegría porque al estar aquí, en esta isla, no estoy en una prisión. Pero a decir verdad, no sé que es peor. Si estar en la cárcel o encerrado en esta estúpida isla.
Algo me despierta de mis pensamientos. ____. Se acaba de levantar y se dirige a un lugar que desconozco. Esta última hora ha estado como ausente, pero a la vez triste. Y me da miedo el hecho de que me haya sentido mal por ello. Y lo que me asusta aún más. Estoy preocupado por donde irá. ¿Y sí se pierde? ¿Y si la ataca algún animal? ¿Y sí…? ¡Christian, por favor! ¿Tú, Christian Beadles, preocupándote por una niñata malcriada? Hace un día, pagaría por verlo. Hoy, me lo creo. Alucinante, ¿cierto? El cambio que puede dar la forma de actuar de una persona en tan poco tiempo. Solo por conocer, a la persona adecuada.
Y haciendo caso a mi corazón, la sigo. “Solo lo hago por curiosidad. Puro cotilleo. Que no tiene nada que ver con algún estúpido sentimiento.” Me intento auto convencer como un auténtico hipócrita. Pero no puedo. Ese nudo que tengo en la garganta y la presión en el pecho no son cosas producidas por la curiosidad y algo parecido. Es algo mucho más fuerte y que no estoy dispuesto a admitir. No de momento. El tiempo decidirá mi camino.
Estamos solo a treinta metros de donde está la hoguera y están las tiendas. De hecho, todavía se pueden ver desde aquí. Cuando de repente, se para en seco. Yo, inconscientemente, también lo hago. Y antes de que me de ni cuenta, se desploma en el suelo. Seguido de llantos, lágrimas y sollozos. Que hacen que en un solo instante, mi corazón se haga cachitos. ¿Es normal esto? No. No lo es. La presión en el pecho aumenta y el nudo de mi garganta es como si se apretara. Desgarrando. Me encuentro a apenas cuatro metros de ella. Pero decido acercarme. Está de rodillas. Poso mi mano en su hombro, acariciándolo. Se exalta. Quizás porque no esperaba con que nadie estuviese aquí. Se da la vuelta rápidamente y me mira extraña, interrogativa, buscando una respuesta a sus preguntas. Cosa que no va a obtener. La ayudo a levantarse. Y sin saber por qué, solo dejándome llevar, la abrazo. Apoyo su cabeza en mi pecho. Haciéndola saber que no está sola. Y que por muy poco que nos conozcamos y por muy malo que yo parezca, puede confiar en mí. O por lo menos, que sepa que tiene un hombro en el que llorar, desahogarse.
Tras unos minutos, decido romper el silencio que se había adueñado del ambiente. Pero sin dejar de abrazarla.
- Lo mejor sería que volviéramos. Ven, vamos.
Ella asiente con la cabeza. La suelto, pero veo que se está durmiendo y hasta le cuesta mantenerse en pie. La cojo en cuello. Al principio se asombra, pero está demasiado cansada para hacérmelo ver. La llevo hasta la tienda. Entro, todavía con ella en brazos, y la dejo sobre la manta. Hay una para dos personas, así que me temo que tendremos que compartirla. Y sin saber por qué, sonrío al darme cuenta de ello.
Escucho un gruñido. La miro. Me está mirando y eso me pone nervioso.
- Christian… –Pronuncia. – Necesito mear. –Ríe.
Suelto una pequeña carcajada.
- Ahora vuelvo.
Se levanta y sale de la tienda. Dejándome solo. Solo yo y mis pensamientos. Que se van convirtiendo más poéticos y profundos por momentos.
Y ahora me recuerdo al Christian de hace ocho años. Un sencillo niño que jugaba tranquila y pacíficamente. Un niño con un montón de ilusiones y sueños. Pero al que la gente insultaba y derruía por el simple hecho de llevar gafas y no ser exactamente como el resto. Y solo por eso, a un chico con muchísimo pensamientos para mejorar y hacer el bien a los demás. Le han convertido en un criminal. ¿Justo? No me lo parece. Pero ya se sabe, “la vida no es justa.”
Y en ese momento, ____ vuelve a entrar. Se soba los ojos y se tira hacia atrás en la manta. Bosteza. Se mete dentro y me mira.
- ¿No vas a dormir, o qué? –Suelta una sonrisa graciosa.
Y al no saber como reaccionar, o que decir. Prefiero callar. Esbozo media sonrisa y me tapo con la manta hasta el cuello.
- Buenas noches. –Susurra.
- Buenas noches. –Musito.

• Isla Desierta. 7:43am.
No he dormido casi nada en toda la noche. Pero tampoco es que las condiciones me lo permitan. Recuerdo que cuando era pequeño e iba a dormir a casas de amigos míos, me costaba mucho conciliar el sueño. Seguramente por el simple hecho de no ser mía la casa o puede que porque no era el sitio donde normalmente dormía. Pero de todos modos, me pasaba siempre. Y creo que no se me ha quitado esa manía con los años.
Miro a la izquierda y ahí está ____. Restregándose los ojos y estirándose. Cosas que había hecho yo hace apenas un minuto. Cae en la cuenta de que estoy a su lado y me mira. Esboza media sonrisa y se levanta. Como lleva pantalones cortos me doy cuenta de que todavía lleva mi camiseta por vendaje. Por suerte me he traído otra y estaban en la parte del avión que no había explotado. Así que las cogí. Pero no me apeteció ponerme alguna, todavía.
- Buenos días. –Musita sonriente.
Es extraño. Cualquier ‘niña de papá’ como ella y se hubiera tirado desde un acantilado por el hecho de estar aquí y tener que trabajar. Y sobre todo, sin tener cualquier tontería que las haga felices. Pero ella… ella hasta parece algo feliz. Por lo menos hoy, porque ayer parecía al revés. Pero tuve la corazonada de que no era por ninguna tontería.
- Buenos días. –Intento parecer frío.
Aunque por pena, ella ya ha conocido al Christian que se oculta tras toda esta fachada de chico malo. ¿Cambiará eso nuestra relacción?
- ¿Qué quieres desayunar? –Me pregunta mientras sale de la tienda de campaña. Y yo detrás.
- ¿Me vas a hacer el desayuno? –Pregunto realmente confundido.
¿Hace cuanto que alguien no se molesta ni si quiera en hacerme el desayuno? ¡Ah, sí! Nadie nunca lo ha hecho.
- Es lo menos que puedo hacer, ¿no? Si no fuera por ti anoche, podría estar ahora mismo perdida, o muerta. –Dice seria, pero a la vez con un todo divertido.
Y sin pedirme ni permiso, mi corazón da un vuelco al pensar que ella podría estar… ¡No, no y no! Eso no ha pasado y no permitiré que pase jamás.
- Bueno, Christian, entonces ¿qué quieres desayunar? –Vuelve a decir.
- Nada, vamos a esperar a Clara y Liam.
Ella asiente. Y de repente, estamos en silencio. Ninguno de los dos se mueve o articula palabra alguna. Pasan unos cinco minutos, cuando ella decide romper el silencio.
- Bueno y… ¿de donde eres? –Dice. Seguramente para sacar algún tema de conversación.
La miro. Me sonríe de una manera que transmite confianza.
- Soy canadiense. Pero viví desde los doce años en los Estados Unidos. –Le confieso.
Nunca me ha gustado decirle datos privados a la gente. Y sobre todo si la acabo de conocer hace tan poco. Pero sentí que no tenía una mala intención cuando me lo preguntó. Simplemente hablar de algo por no aburrirnos o porque le incomodan los silencios entre dos personas.
- ¿Y tú?
- De los Estados Unidos. –Eleva los hombros y sonríe.
- ¿Y de qué parte?
No sé por qué. Pero no me siento incómodo hablando con ella. Todo lo contrario, me gusta.
- Nací en Nueva York, aunque ahora suelo estar siempre de viaje, o bueno, solía. –ríe.- Pero cuando tenía tiempo libre, normalmente iba a mi casa de Atlanta. ¿Y tú?
¿Atlanta…? ¿En serio?
- Pues yo nací en Stratford, pero vivía también en Atlanta. –Sonrío.
- ¿En serio? –Asiento y ella sonríe.
Clara y Liam salen en este momento de la tienda. Sonriendo a más no poder. Estos dos acaban liados, seguro. Pero bueno, no soy nadie para decírselo.
- ¿Desayunamos? –Dice ____, otra vez con una sonrisa.
- ¡Vale! –Dice Clara.
Desayunamos. Ellas dos hablando y nosotros en silencio. No tengo nada que hablar con ese. No me cae mal ni nada, de hecho, ni si quiera le conozco. Pero por eso mismo. Siempre me han enseñado a no confiar en tíos que acabo de conocer. Y eso no va a cambiar porque esté aquí.
Han pasado dos horas y hemos decidido repartirnos en grupos. Liam y Clara y ____y yo. Ellos se van a quedar construyendo la casa por dos horas y nosotros a coger comida. Y después nos cambiamos. La verdad es que me parece buena idea. Sobre todo lo de formar grupo con ____. Y no me preguntéis por qué.
Estamos en medio del bosque. Buscando comida cuando recuerdo la noche anterior. Estaba llorando. Pero, ¿por qué? No pude dormir pensando en ello y ya no puedo más. Puede que no nos conozcamos mucho, pero me preocupa el “por qué” así que, haya voy.
- ____. –Digo. Me mira. - ¿Por qué llorabas ayer?
*Narra ____*
Y otra vez me viene a la mente lo que llevo evitando todo el día; Mike. El hecho de que ayer me encontrara así de triste, era él. Llevábamos juntos como tres años y lo quería muchísimo, aunque no le echaba tanto de menos como yo esperaba. Pero daba igual, le quería ¿no?
Me quedo quieta. Sin saber que responderle o simplemente hacer. Es uno de esos momentos en los que quieres salir corriendo. Pero no lo voy a hacer. No.
- Por… por una persona. –Consigo decir.
Frunce el ceño.
- Ya bueno, pero… –Se rasca la nuca con la mano derecha. - ¿Por quién?
Y vuelvo a no saber que decir. ¿Le cuento todo lo de Mike o…? ¿O qué? Y mi instinto sale a la carga. Espero que no la cague.
- Bueno por… por alguien muy especial.
- Oh… -Casi susurra.
Esboza media sonrisa, pero más bien falsa. Me encanta su sonrisa, aunque solo la haya visto pocas veces. Y reconozco cuando es de verdad y cuando no.
Estuvimos las dos horas callados, haciendo lo que teníamos que hacer. Me sentía mal y ni si quiera sabía el por qué. Siento algo raro cuando estoy con Christian y eso me asusta. Y aún más sabiendo que estoy con Mike y le quiero. O por lo menos me estoy convenciendo de eso. De repente nos damos cuenta de que tenemos que volver y sin decir nada emprendemos el camino de vuelta al pequeño campamento.
Miro hacia arriba porque me ha caído algo. El cielo está oscuro y comienza a diluviar. La temperatura ha bajado como unos veinte grados de repente. Y empieza a rugir. Nos faltan unos quince minutos para llegar y nos damos cuenta de que no. No llegaríamos de una sola pieza. Así que, decidimos parar y sentarnos debajo de un árbol
Si la naturaleza nos quería matar, nadie se lo podría interponer.

Capítulo 2.

Sin darme ni cuenta, he comenzado a llorar. Todo esto es demasiado para una chica de solamente dieciocho años. Sí, definitivamente nadie a esta edad debería de estar en esta situación. Y por un simple incidente, todo ha cambiado.
- ¿Estás bien? –Susurra, haciendo que su aliento de contra mi cara.
Respiro profundamente por la boca. Habla y millones de escalofríos recorren todo mi cuerpo mientras que un nudo está en mi garganta. ¿Es normal sentir tantas cosas?
- Sí, sí. –Cierro los ojos fuertemente.
- Tranquila. –Roza sus suaves dedos por mi brazo.
Se levanta y me ofrece la mano para que yo también lo haga. Me pongo en pie y ambos nos sacudimos la ropa quitando los restos de arena que se nos habían pegado.
- ¿Estáis bien? –Pregunta Liam, atento.
Christian asiente con la cabeza mientras que yo esbozo una pequeña sonrisa.
- Oye, ¿no habrá sobrevivido nadie, cierto?
- No creo… –Musita Liam.
Bajo la cabeza. Seguramente si hubiera una chica más, todo podría irme mejor…
Algo se mueve lejos. Lo veo por el rabillo del ojo pero estoy completamente segura de lo que he visto. Dirijo mi mirada hacia donde lo he visto y veo a una chica en la arena sentada. Corro hacia ella. Supongo que también estaba en el avión. Tose. Me mira y sonríe aliviada. Seguramente porque ahora sabe que no está sola. Me agacho poniéndome a su altura y le quito algo negro que tiene en la cara.
- ¿Te encuentras bien? –Pregunto preocupada.
Ella asiente. Christian y Liam están a mi lado.
- Ven, vamos. Tenemos que construir un sitio donde dormir antes de que anochezca.
La ayudo a levantarse y ambas sonreímos. Siento que nos vamos a llevar muy bien. Tiene el pelo castaño y unos ojos parecidos.
Decidimos que lo mejor es coger de la parte del avión que no había explotado algo para poder sobrevivir. Cogemos alimentos y herramientas con unas mochilas.
Al minuto, nos ponemos en marcha. Caminamos entre altos árboles y anchos arbustos. Muevo mis manos alrededor de mi cabeza apartando a los mosquitos que me rodean. Doy pequeños saltitos intentando evitar que alguna rama que se ha caído al suelo me haga tropezar.
Lo peor es que ya no sé por qué preocuparme… ¿Qué dirá mi padre cuando se enteré de que el avión en el que iba se ha estrellado y ni si quiera saben donde? ¿Se pondrá triste? ¿Hará algo por volver a buscarme? No lo sé, y casi mejor no pienso en ello. Por lo menos, de momento.
La chica se acerca a mí.
- ¿Y cómo te llamas? –Pregunta.
- ____. ¿Y tú? –Sonrío.
- Clara.
Silencio.
- Me alegro de no ser la única chica aquí. –Carcajeamos.
- Si bueno, y yo me alegro de estar viva.
Más risas.
- ¿Qué os parece construirla ahí? –Pregunta Liam.
Es una especie de descampado enorme, pero hay árboles por el suelo de tal manera que si colocas ahí la ‘casa’ quedará elevada.
- A mí me parece bien. –Decimos Clara y yo a la vez.
Nos miramos. Un segundo. Dos segundos. Tres. Carcajeamos.
- ¡Pues venga chicos! ¡Manos a la obra! –Exclama Liam.
Christian le mira indiferente, como diciendo “¿Quién se emociona por tener que construir una casa en una isla desierta? Un estúpido.”
Comenzamos a trabajar. Decidimos que lo mejor será que hoy talemos madera y cojamos los materiales y durmamos en tiendas de campañas. Todo esto es demasiado raro. Es decir, que no es algo que le pase a todo el mundo día a día. Admito que el miedo es un sentimiento que ahora mismo tengo presente, pero de todos modos, intento pensar en que nos van a rescatar.
Clara se acerca a mí.
- ¿Sabes? He estado hablando con Liam. Es muy dulce. –Sonríe.
Sonríe como una adolescente enamorada hasta las trancas. Se nota que le quiere. Aunque se acaben de conocer, aunque estemos en esta situación.
- Te gusta, ¿cierto? –Sonrío suspicaz.
Abre mucho los ojos. Pero a la vez se sonroja.
- Bueno… puede. –Suelta una risita nerviosa.
- Lo sabía. –Carcajeo.
Me pongo a pensar. No conozco de mucho a Clara, pero tengo que admitir que me cae muy muy bien. Y como solo hay dos tiendas de campaña… Le haré el favor, aunque me va a deber una, y muy grande…
- Venga, vale. Te dejo dormir con él.
Se asombro. Lo veo en sus ojos.
- ¿Cómo sabías lo que estaba pensando…? ¿Me lees la mente?
Ambas carcajeamos fuertemente.
- No, pero estaba más claro que el agua. Haré el enorme esfuerzo de dormir con Christian. –Suspiró imaginándomelo. Río.
Pero bueno. Río por no llorar. Aunque admito que puede que sea una buena compañía…
- ¡Gracias! –Exclama y me abraza.
Ambas volvemos a reír y seguimos talando.
Debieron de pasar unas cuatro horas y ya todos teníamos hambre y sed. Aparte de que ya estaba anocheciendo y aunque por el día hiciera mucho calor, por la noche hace un frío tremendo.
Estaba algo triste y cansada. Lo suficiente para no saber si quería seguir con esto o no. Y entonces, por primera vez desde que nos estrellamos, me acuerdo de Mike, mi novio. ¿Se habrá enterado ya de lo que ha pasado? Si lo ha hecho… ¿Le ha importado lo más mínimo? Y lo peor de todo, es que yo le quiero. Y no me gustaría perderle. Pero claro, parece que eso a la naturaleza y al avión la ha importado bien poco. Alguna vez había pensado en la posibilidad de, por alguna causa, no volverle a verle más. Y siempre me imaginé llorando por él nada más verme en esa situación, con un dolor en el pecho, como si un yunque me lo estuviera comprimiendo, sin ganas de nada. Y la verdad es que es más o menos lo que ahora mismo estoy sintiendo por dentro. Puede que lo de sobrevivir me haya mantenido lo suficientemente ocupada hasta ahora para no pensar en él tanto como para estar deprimida y con ganas de morirme. Pero ahora, que no hay nada que hacer ya que las tiendas de campaña están montadas, no sé como reaccionar.
Miro a mi alrededor. Liam y Clara están hablando muy juntitos. Se nota que entre ellos dos va a acabar habiendo algo. Y por suerte, Clara no le tuvo que pedir a Liam que durmiera con ella. No hizo falta. Él mismo lo hizo. Y me alegro muchísimo por ella.
Por otra parte, está Christian. Sentado en el suelo, algo apartado de los demás. La verdad es que siento algo extraño cuando le miro. Algo que jamás había sentido. Es algo nuevo para mí y eso me asusta un poco. Siento…, siento la necesidad de abrazarle. No sé ni por qué; pero es lo que siento. ¿Es extraño eso? Seguramente. Pero el tiempo decidirá.
Sacudo la cabeza. ____, deja de analizar todo.
Clara y Liam se despiden y se meten en la tienda. Yo decido que necesito despegarme un rato. Y por mucho cansancio que tenga, me levanto y comienzo un pequeño paseo. Aunque solo sea para aclarar mis ideas.

Capítulo 1.

*Narra ____*
Me despedí con un fuerte abrazo de mi amiga Dai y me subí al avión. Por lo que sé, los vuelos Japón-Nueva York son bastante largos, así que me hice a la idea de que iba a tener que pasar bastante tiempo en ese avión.
Miro el reloj ansiosa de que den y cuarto. Quiero despegar ya. Porque, cuanto antes empecemos, antes acabaremos. Suspiro y me hecho un poco para atrás en el sillón. Siento algo que recorre mi estómago; estoy nerviosa. Froto el contorno de mis ojos y bostezo.
Miro a los lados. Estoy en primera clase y soy la única en esta sala. Es extraño, pero paso de ese detalle y dirijo mi vista al frente, todavía recuerdo unas palabras de mi padre: “Recuerdo que una vez estaba yo solo en primera clase. De repente vi como entraba un hombre esposado junto con cinco policías. Y si alguna vez te pasa, hija mía, tú tranquila. Te aseguro que nada malo va a pasar.”
Y claro, cuando antes lo pienso, antes sucede.
*Narra Christian*
Esa sensación de adrenalina cuando te detienen y sabes que no van a poder acusarte de ser el culpable de los cargos de los que se te acusa, es gratificante. Saber que están perdiendo el tiempo perdiendo llevándome a Nueva York para que acuda a mi juicio, me hace gracia.
- A tenido usted mucha suerte, Beadles –me dice el policía que se encuentra a mi derecha. –, va a viajar usted en primera.
Elevo una ceja divertido. ¿Y? ¿Qué se piensa ese que esa estupidez me importa lo más mínimo? Ni que eso me fuera a cambiar la vida…
Y no sabe lo cuanto que se equivoca. Solo por una coincidencia de la avería de un avión, su vida va a cambiar de una manera inaudita.
Christian junto a los cinco policías que lo rodean, entran por las puertas del avión y la azafata, abre una cortina. Y por solo esa acción, algo salta. Una estrella explota. Un cristal se resquebraja en mil pedazos. Una mota de polvo de convierte en magia. Algo sucede. Un simple movimiento que se realiza a diario, a cambiado dos vidas.
Se miran. Ella le mira por su anterior pensamiento y la ‘coincidencia’,o destino, de que él, justamente él, este entrado a través de esa cortina. Y él la mira. Mil y un millones de sensaciones a la vez. Se desconciertan y sus miradas se enganchan. No saben por qué, pero sucede. Y ya nada volverá a ser igual.
¿Quién era ella? ¡Yo nunca miro así a ninguna chica!
- ¿Quién es? –Pregunto en bajo a uno de los policías que está a mi lado.
- ¿No lo sabes? –Pregunta anonadado, como si fuera algo de instinto humano saberlo. – Es la hija del multimillonario Robert McDaniels.
La miré. Puede que no fuera una chica diez, pero sentí algo dentro de mí al mirarla. Raro… muy raro. Y lo más extraño de todo: querría que el viaje durara más.
Sin darme cuenta, me había quedado mirándola.
- No creas que vas a poder conseguirla. –Musitó uno de los policías. Fruncí el ceño. – Es demasiado rica e importante para ti.
- No creía nada. –Afirmé seguro por fuera e inseguro por dentro.
Volví a mirarla de reojo. Y tuve la sensación de que pasaría mucho tiempo a su lado.
[…]
Habían pasado… dos horas cuarenta y seis minutos y treinta y dos segundos desde que nos montamos en este avión. Solo he hecho dos cosas: mirar la hora y mirarla a ella de reojo.
Levanté un poco la vista y pude ver el océano. El océano Pacífico. Entonces, salta una alarma.
- Estamos pasando por un zona de turbulencias –dijo una voz. –. Por favor, cálmense y abróchense los cinturones. Si la presión en cabina baja, recuerden que aparecerán unas mascarillas.
Uno de los policías me abrochó el cinturón, ya que estaba esposado y todos se abrocharon el suyo. Miré hacia la izquierda y la vi. También se había abrochado el cinturón, pero parecía algo preocupada. Volví mi vista al frente y respiré hondo. Nada malo podría pasar.
Otra alarma, pero ahora las mascarillas bajan. Menos mal, me estaba empezando costar respirar. Rápidamente uno de los hombres me la ponen y inspiro fuertemente. ¿Qué coño está pasando? Y de repente, no siento la cabeza. Todo me da vueltas. Oigo gritos y gritos, pero nada más. Otra alarma. Empiezo a ver borroso y noto cómo descendemos rápidamente. Respiro de nuevo y ya no siento nada. Nada…
Miles de pájaros exóticos alzan el vuelo por el estruendo. Un avión a caído sobre una isla hace apenas cinco segundos. Se ven llamas salir de aquella bomba aerodinámica, ¿sobrevivirá alguien?
*Narra ____*
Me duele todo, pero eso es buena señal. Significa que sigo viva. Con fuerzas que no sé ni de donde las saco, me levanto y evitando las llamas de fuego salgo del avión tosiendo a más no poder. Estoy mareada y me tiré en el suelo a unos quince metros y cierro los ojos fuertemente. Me encuentro fatal, siento como si mi cuerpo pesara mil veces más de lo normal. Entonces, escucho a otra persona tosiendo. Miro. Era él, el supuesto criminal. Tiene los ojos medio cerrados y la respiración agitada. Y otra persona más sale del avión. No sé quién es pero tiene la cara negra y ambos se tumban cerca de mí.
Relajo todos mis músculos intentando no tensarme por mucho dolor que sienta. Pasan unos minutos y abro los ojos. Me incorporo como puedo con mis codos y miro alrededor. Estamos en una isla, pero no es Hawai ni nada parecido, si no que es una isla desierta. Espera… ¡¿estamos atrapados en una isla desierta!?
No ____ no. Tranquilízate. No va a pasar nada malo. Y por muy hipócrita que esté siendo respiro hondo y me levanto.
- Ah… –Grito bajo.
Siento que algo me está desgarrando mi pierna derecha. Cierro los ojos un instante. Los abro y la miro. Tiene un trozo de hierro alargado y fino clavado. Está sangrando bastante. Sé que la tengo que quitar, pero yo sola no puedo. Me siento con las manos tapando la herida y las lágrimas comienzan a recorrer mis mejillas. Estoy en una isla perdida y con una herida en la pierna sin saber que hacer. Me quiero morir.
- Espera. –Oigo una voz grave cerca de mí. Dirijo la vista al frente y el chico que estaba esposado está arrodillado con una mano en mi pierna. – No te muevas. Te va a doler un poco. –Se arrancó un poco del pantalón vaquero que llevaba y me lo dio. – Póntelo en la boca y muérdelo fuerte. –Parecía seguro de lo que decía así que le obedecí.
Cerré los ojos y de repente sentí una enorme presión en la pierna. Me dolía mucho. Estrujé el trozo de tela con mis dientes lo más que pude. Justo entonces paró. Abrí los ojos, que por cierto estaban empañados y vi como se quitaba la camiseta, la rompía y me vendaba la herida. Lo apreta bien y me mira.
- ¿Dónde estamos? –Le pregunto mientras que está mirando al cielo.
Observo su torso. Hay que decir que chico está muy bien. Sí, sí. Está en su forma.
Sacudo la cabeza. No, ____, deja esos pensamientos ya, anda.
- Ni lo sé, ni creo que eso vaya a cambiar las cosas. –Lleva su mano a su estómago. Tiene un moratón. – Pero parece que vamos a tener que pasar un tiempo aquí.
- Seguramente… –me levanto con cuidado. Hago una mueca con la cara. Duele un poco, pero tampoco mucho. – Por cierto, gracias.
Él me mira. Frunce el ceño, indiferente. Sé que se está intentando hacer el fuerte. Intenta parecer el ‘guay’ pasota. Pero me acaba de demostrar que es una persona con un gran corazón. Aunque tenga que presentarse una situación de riesgo para que lo demuestre.
Oigo un gruñido. Ladeo mi cabeza y veo al otro. Se acaba de levantar del suelo y se sacude la arena. Me mira. Anda unos pasos hacia a mí.
- ¿Estás bien? –Me pregunta. Mira mi pierna preocupado.
- Sí, gracias. –Esbozo una pequeña sonrisa, como puedo.
Aparece un silencio un tanto incómodo entre nosotros. Por suerte, lo rompe.
- Me llamo Liam, encantado. –Sonríe y se acerca a mí, dándome dos besos.
- Yo soy ____, encantada Liam.
Giro la mirada.
- ¿Y tú? –Pregunto al otro.
- Christian, Christian Beadles.
Y otra vez aparece ese silencio. Miro la arena. Es clara y pequeñita. Igual a la que yo odiaba de pequeña. Siempre que papá me llevaba a una playa con esta arena, me ponía histérica. Lo que daría por volver atrás en el tiempo y pararlo. Ahora mismo todo eso parece tan ridículo…
- Bueno, ¿y ahora qué? –Pregunto rompiendo el silencio.
- ¿Ahora qué…? ¿Qué? –Pregunta Liam frunciendo el ceño. Perdido.
- Pues eso, qué ahora qué. Estamos perdidos en una isla. ¿Gritamos, nos ponemos histéricos, corremos…? O ¿Nos tranquilizamos, nos sentamos y hablamos? –Levanto los hombros.
- Ni idea. –Responde Christian.
- Yo creo –empieza Liam –, que lo mejor sería, ya que es pronto, montar una casa o algo, ¿no?
- Ya claro listo, ¿y cómo? –Dice el supuesto ‘criminal’.
- Bueno, menos, eh. –Se pone a la defensiva. – Pues yo fui Boy Scout y lo que aprendí, fue que lo mejor es hacerla de madera. En un lugar elevado, a poder ser un árbol. Y lo único, atar las maderas con cuerdas o lianas. Algo así.
- Bueno, pues cuanto antes la empecemos, antes la acabaremos, ¿no? –Esbocé media sonrisa.
- ¡Cuidado! –Grita Liam. Se agacha.
No sé a qué se refiere. Estoy desconcertada y me quedo de pié, sin saber que hacer. De repente Christian me empuja fuertemente y nos caemos al suelo de tal forma que él queda encima de mí. Oigo una explosión. El avión acaba de explotar. Miles de trozos de este salen disparados. Cierro muy fuerte los ojos mientras que él me tiene ‘abrazada’. Tras unos minutos, todo acaba. Pero noto su respiración pausada muy cerca de mí. Y en ese momento, me doy cuenta de que ya nada volverá a ser igual.

Sinopsis.

Nuestra protagonista es ____ una joven de dieciocho años. Muy guapa, pero no era una rasgo muy visto por los demás. No sabemos por qué. Pero bueno, en este mundo no todo tiene una explicación, ¿no? Eso sí, alocada y extrovertida, pero también, es una niña de papá. Pero claro, siendo hija del famoso empresario multimillonario Robert McDaniels, nadie se esperaba menos.
____ tiene una característica principal: Es una romántica empedernida. Y todo el mundo que la conoce lo nota al instante. Habla del amor como la mejor sensación de este mundo, y eso que todavía nunca había estado enamorada. Pero ella lo intuía. Intuía esas mariposas en el estómago, esos escalofríos con una sola caricia, esa sonrisa tonta con solo una mirada…
Christian Beadles. Christian Beadles… ¿cómo definirlo? Él se describiría así: Cabrón, juerguista, adicto tanto a las peleas como ha ser detenido por ello, y sobre todo, dos palabras: ninfómano y nada romántico. Pero eso sí, nadie podría negar que era el joven más atractivo y sexy de todo el hemisferio norte.
¿Sería posible juntar esos dos mundos? ¿Encerrarlos junto a otras personas más, que solo estorben? Lo descubriremos.